ENTREVISTA

Antes de su concierto, Pablo Alborán dice “Uruguay es uno de mis lugares favoritos”

El cantante español se presenta el 29 de febrero en Enjoy Punta del Este con un repertorio cargado de sus éxitos pop y melódicos.

Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli
Pablo Alborán durante su show en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli

No hay con qué darle a la simpatía de Pablo Alborán, que hace que una de esas entrevistas de trámite, estipuladas en 10 o 15 minutos, sea puro disfrute. El cantante español charló con El País porque a fines de mes estará de vuelta en Uruguay, un país que ya lo tiene como visitante frecuente: debutó ante el público local en 2015, en el Teatro de Verano, y desde entonces estuvo en el Palacio Peñarol en 2016, otra vez en el Ramón Collazo en 2018, y en el Antel Arena el año pasado. Sus shows siempre son un éxito.

El que dará ahora será, sin embargo, el primero que hará fuera de la capital. Estará el sábado 29 de febrero en Enjoy Punta del Este (entradas en Red UTS), con mucha ilusión, dice, y un repertorio cargado de éxitos pop y melódicos.

Alborán ya conoce Punta del Este porque se escapó hasta allí en 2019, y disfrutó mucho del lugar a pesar de que no era temporada alta o, como dice él, “época fuerte de Punta”. “Pero fuimos a comer, y me gustó muchísimo”, acota y agrega que está contando los días para comer “un buen asado”.

Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli
Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli

Esto viene a cuento porque acaba de encontrar en la cocina una nueva pasión, que no le hará cambiar de vocación, pero que lo tiene sumamente entusiasmado. Para Alborán, uno de los número uno de la música española actual -es un superventas tanto de discos como de entradas, ganó un Goya y ha tenido nominaciones a los Grammy latinos e internacionales-, cocinar es una suerte de terapia, que lo relaja y le permite una sensación placentera que apenas se parece a la que le genera estar en un escenario. De eso, de su nuevo disco, del EP Tabú y más, conversó entre risas con El País.

—¿En qué estás estos días?

—¡Estoy sin parar! Nada, saliendo del estudio, entrando a otro, ensayos, preparando la gira, preparando reuniones, viajes ahora a San Francisco y Miami. Febrero es un poco caótico porque entre medio de todo eso, estoy componiendo, entonces es la primera vez que estoy haciendo todo a la vez. Pero bueno, estoy contento, feliz.

Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli
Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli

—Estamos hablando porque vas a volver a Uruguay, a tocar en Enjoy Punta del Este. Estás haciendo casi que una visita anual por acá, ¿te pasa con muchos países?

—No, no me pasa. Y es la primera vez que vamos (a tocar) a Punta del Este, así que con mucha ilusión, y ojalá que la gente se la pase bien porque voy con todas las ganas y la ilusión del mundo. Y no, no me suele pasar, así que Uruguay es uno de mis lugares así como, no voy a decir fetiche, pero sí uno de mis lugares favoritos.

—El año pasado, después de tu presentación en el Antel Arena, dijiste en Twitter que los uruguayos te habían hecho sentir mucho al mismo tiempo, y que ibas a suspirar varios días por ese show. Supongo que esa sensación la tenés después de otros conciertos, pero si hoy te tenés que quedar con dos o tres recitales de tu vida, ¿cuáles son?

—(Piensa) Wow, eso es imposible. Porque hay veces que me quedo con el público, y a lo mejor no recuerdo si fue en una ciudad del norte, del sur, de España o de otro lado. Pero las caras de la gente, me las quedo todas. Creo que me quedaría igual con el primer concierto que di aquí en Madrid, y el primero que di en Málaga, mi tierra, cuando nadie me conocía. Era una discoteca, una pequeña salita, y si tuviera que elegir otro, es muy difícil. Uno de esos tres seguro que está en Uruguay (se ríe).

Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli
Pablo Alborán en el Antel Arena. Foto: Darwin Borrelli

—Ya que elegías esos primeros conciertos, ¿qué tan distinto es hoy el Pablo Alborán del escenario, respecto al de entonces?

—Muy distinto. Bueno, hay una parte de mí que está intacta, cuando agarro un piano, una guitarra y cierro los ojos. Eso no desaparece ni cambia, y si cambiara, ya no podría subirme a un escenario: esa es realmente la esencia de lo que soy, y que ni yo mismo puedo describir. Ese momento donde no te podría decir lo que estoy sintiendo, porque son 10 mil cosas a la vez. El estar en un estadio con gente que está escuchándote, con los ojos puestos en ti; con sus energías, sus pensamientos, sus tristezas y alegrías, puestos en ese momento, es una gran responsabilidad. Y a la vez es curioso, porque es como una especie de terapia: cierras los ojos, te pones a tocar y es que te vas. Te vas a Saturno, es una cosa casi mística, pero es que es real. Es una sensación muy fuerte. Supongo que un jugador de fútbol, cuando sale a la cancha, debe sentir lo mismo; no sé. Eso lo provoca la conjunción del público y mis músicos, y es maravilloso. Una suerte enorme.

—¿Alguna vez, haciendo otra cosa completamente diferente, tuviste una sensación similar a esa del escenario?

—A ver. Lo que te voy a decir es algo nuevo, que ha surgido esta semana, y tienes que tener mucho cuidado en cómo lo pones, para que no parezca que abandono la música (se ríe). Pero he descubierto la cocina, y no voy a decir que me causa la misma sensación que mi trabajo, pero sí me ayuda a relajarme mucho. Y que con 30 años sea la primera vez que agarro una sartén, es muy fuerte. A ver, unos huevos fritos, algo de eso te hago, pero es la primera vez que empiezo a cocinar, y tenía mucha ilusión porque es algo que uno tiene que aprender, no puedes depender de los demás, y hay que comer sano y estoy muy puesto en eso. Me río porque se lo decía a mi hermana justo ayer, y ella me decía: “¡¿Pero qué te pasa?!” Y yo le decía: “Mira, he descubierto la cocina, y si un día me va mal en la música, me pongo a cocinar para los demás”. Y se reía. No voy a ser tan exagerado, pero sí que relaja (se ríe).

Pablo Alborán. Foto: Difusión
Pablo Alborán. Foto: Difusión

—Contame cuál fue tu plato debut.

—Mira, lo primero fue un arroz con verduras, bien fácil. Luego hice una paella, que nunca había hecho. Luego hice unas lentejas caseras, bien importantes, que es como muy básico pero hay que saber hacerlas. Luego hice unas pastas de calabacín con su batata, sus verduras; luego una dorada al mango, espectacular (se ríe); un arroz de calabaza con solomillo y una gratinada de parmesano… Todo eso en una semana. Todos los días me he propuesto un plato.

—Volvamos al trabajo y hablemos un poquito de Tabú, el EP que lanzaste. De las cuatro versiones de esta canción, ¿cuál se parece más a la original, a la maqueta?

—La versión original, con Ava (Max, cantante estadounidense). Así fue mi maqueta, la que hice aquí en mi casa. Luego, cuando agarro un piano y me pongo a versionar, canté “Tabú” a piano y voz y me dijeron que quedaba bien, tenía algo interesante, y probamos y a la gente le gustó.

Pablo Alborán
Pablo Alborán. Foto: Martín Pereira

—“Tabú” mezcla la raíz folclórica española con lo urbano, algo que ya habías probado anteriormente. ¿Cuál es el desafío para tus próximas composiciones, por qué lado estás buscando la originalidad?

—Cuando estábamos con “Tabú”, terminando el video, lanzamos la canción, trabajamos la promo y tal, y de pronto dejé de componer, porque “Tabú” es como un punto y aparte, y a la vez es como un experimento. Es como: vamos a pasarlo bien, tengo la suerte de tener un equipo que me apoya, y encima cuando sale bien, te motiva y te entran ganas de seguir probando. No de hacer lo mismo. A mí me apetece hacer más cosas diferentes, y no repetir el esquema. Porque esa es la clave: si al hacer algo distinto te ha ido bien, sigue haciendo cosas distintas. Algún día las cosas no saldrán como esperas, pero el disco no repite ningún esquema. Entre las canciones hay mucha variedad.

Prometo ya marcaba una diferencia respecto a los anteriores, era variadito.

—Sí, pero había tres baladas; “Lo nuestro”, “Tu refugio” y alguna cosa más. Era como: aquí tienes tu paquetito de baladas, aquí el de las urbanas, y aquí las más raras (se ríe). Pues este disco nace muy bien de Prometo, hay canciones que te pueden recordar a esas estructuras inspiradas en Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Drexler… He leído muchísimo estos meses, muchísima poesía, he estado muy conectado con Sabina, entonces es un disco que tiene unas estructuras un poquito más complejas que la balada tal cual. Pero eso te estoy hablando ahora; tal vez cuando salga el disco, a final de año, te cuento otra cosa.

—Hace unos años, antes de hacer un Teatro de Verano, me dijiste que tenías la propuesta de hacer un disco en inglés. ¿En qué está ese plan?

—Ya te digo yo que es muy difícil que haga un disco entero en inglés, pero hay una canción en el disco que está en inglés, y me siento supercomodo. Pero ahora mismo tengo un montón de canciones que se tienen que conectar entre ellas; para eso me voy a San Francisco y Miami, para trabajar con los productores y unir un poco todo este mundo. Pero sí hay una canción en inglés, y ojalá pueda entrar en el disco.

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