CRÍTICA

Un concierto inolvidable

El pianista moscovita Lukas Geniusas anunciado como acompañante del violoncellista Alexander Bouzlov, fue sustituido por el ucraniano Igor Tchetuev: se cambió en el programa la Sonata para violoncello y piano op.40 de Shostakovich por la de Rachmaninoff. Por eso el concierto fue romántico y postrromántico.

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Alexander Bouzlov. Foto: Difusión

Se inició con las tres piezas del op.73 de Schumann, las Fantasiestücke. Estas fueron compuestas para clarinete y piano, pero es común que se interpreten con violoncello ya que el autor lo sugiere como opción. Las tres partes están construidas como lied con coda, siendo intensamente líricas y en donde se explota al máximo las sonoridades melancólicas a través del timbre aterciopelado del violoncello.

Luego vino la Sonata para violín y piano de Franck transcripta para violoncello por el propio Bouzlov. Esta sonata luce más con el violoncello que con el violín: la sonoridad del primero se torna más apasionada y la realza acercándola a las enormes dificultades que presenta la parte asignada al piano. Tanto Franck como Rachmaninoff requieren no de un mero pianista acompañante sino de un virtuoso con una sensibilidad a la par.

Para finalizar estuvo la hermosísima Sonata op.19 de Rachmaninoff donde al igual que en las otras obras, la comunión entre Bouzlov y Tchetuev fue notable. Bouzlov extrae un color de sonido admirable y un vibrato único; sus pianísimos o fortísimos los realiza sin dejar que decaiga el volumen de las notas. A esto se suma un excelente dominio de la técnica y la pasión que pone en cada interpretación.

Con su excepcional talento el pianista Tchetuev demostró estar a la altura del solista, brindando una infinita variedad de matices y acentos, siempre empleados con la más fina y elocuente propiedad, no siendo estos el fruto de una intención efectista, sino el resultado de un acabado dominio del lenguaje pianístico.

Su versatilidad musical hace que se le tornen íntimas las formas expresivas de cada autor. Se los ovacionó y hubo tres bises: dos romanzas para canto y piano de Rachmaninoff transcriptas por Bouzlov, y una de las endemoniadas variaciones de Paganini sobre "Dal tuo stellato soglio" de la ópera "Moisés" de Rossini. Esta última impactó por su virtuosismo y por haber conseguido que el violoncello sonara como si fuese un violín. Un concierto para recordar.

CENTRO CULTURAL DE MÚSICA

Recital del violoncellista Alexander Bouzlov acompañado al piano por Igor Tchetuev. Programa: Fantasiestücke op.73 de Robert Schumann, Sonata para violín y piano de César Franck (transcripción de Bouzlov) y Sonata para violoncello y piano op.19 de Sergei Rachmaninoff. Dónde: Teatro Solís. Cuándo: 6 de junio.

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