Crítica

Cierre de una gran temporada

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires fue el cierre de temporada del Centro cultural de música

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Foto: Difusión
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Foto: Difusión

El Centro Cultural de Música ofreció como concierto de clausura de su temporada 2018 la actuación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires conducida por el mexicano Enrique Diemecke.

El programa fue un auténtico “festival Beethoven” pudiéndose escuchar tres formas musicales abordadas por el genio de Bonn. Se inició la velada con la “Obertura Coriolano” de 1807 y estrenada por su autor en Viena. Fue inspirada en la tragedia homónima de Heinrich Joseph Edler von Collin. La obertura presenta dos temas: uno muy impetuoso y otro lírico. El primero se puede percibir cuando las cuerdas tocan una nota única seguida de un breve acorde fuerte de la orquesta y un silencio dramático. Mientras que el final suave de la obertura representa la muerte del héroe. La versión de Diemecke fue correcta pero por momentos tediosa: le faltó mayor dinamismo.

Ficha
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Foto: Difusión
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires
DirectorEnrique Diemecke.
SolistaMischa Maisky (cello), Sascha Maisky (violín),Lily Maisky (piano)
ProgramaObertura Coriolano op.62, Concierto Triple op.56 y Séptima Sinfonía op.92. 

Dónde: Teatro Solís.
Cuándo: 17 de noviembre.

Luego se interpretó el “Triple Concierto” con el eximio violoncellista Mischa Maisky y sus dos hijos Sascha en violín y Lily al piano. Estos artistas demostraron en todo instante, un encomiable entendimiento. Las partes de violín y violoncello están llenas de dificultades técnicas que fueron salvadas siempre con brillo.El joven Sascha Maisky mostró que posee una escuela segura y una calidad de sonido muy bello, manteniendo siempre la claridad de articulación en los pasajes más arduos. Todos los elogios son pocos para destacar la actuación del consagrado Mischa Maisky, alumno dilecto de Rostropovich y Piatigorsky. Maisky extrae de su instrumento una sonoridad cálida, tiene un juego perfecto en las arcadas, la seguridad de su digitación es sorprendente, su técnica es irreprochable y como si fuera poco posee una musicalidad muy intensa.

Lily Maisky demostró ser una pianista sumamente refinada , con un “touché” hermoso y cálido, con una técnica precisa y al igual que sus familiares es sumamente expresiva. Fue un deleite.

El público los ovacionó con sus aplausos y ellos ofrecieron como bis el “Adagio” del Trío op.11 de Beethoven. El acompañamiento orquestal que brindó Diemecke fue equilibrado, no opacando a los solistas. Para cerrar se escuchó la apoteosis rítmica de la Septima Sinfonía.La interpretación de Diemecke de esta obra fue discutible especialmente en los tiempos. La orquesta no es imputable de este enfoque pues respondió fielmente a las exigencias de su conductor. Si bien la versión fue en líneas generales aceptable, hubiéramos deseado una gestica más precisa y con sutilezas que la que presenciamos que fue un tanto exagerada y aparatosa .

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