ENTREVISTA

Chico César llegó a Uruguay por dos shows, se quedó tres meses y se va con disco y concierto

El músico brasileño charló con El País sobre su estadía en el país, el álbum que está grabando y el show por streaming que dará este sábado

Chico César. Foto: José de Holanda
Chico César. Foto: José de Holanda

El 10 y 11 de febrero, Chico César tenía previsto presentarse en Medio y Medio de Portezuelo junto al uruguayo Martín Buscaglia, con quien nunca antes se había visto. Hurgó en sus canciones, se enamoró del disco Basta de música, pero no planificó demasiado porque hasta último momento no sabía si iba a poder ingresar a Uruguay. La pandemia del coronavirus hacía de las suyas en el verano, con la incertidumbre como único terreno.

Al final cruzó la frontera, hizo la cuarentena preventiva en Maldonado, tocó con Buscaglia y todo fue fluido, como si se conocieran desde siempre. Y luego fue convocado a participar del concierto benéfico por el restaurante La Excusa, de José Ignacio, que se había incendiado con pérdidas totales.

Entonces Chico —Francisco César Gonçalves, 57 años, nordestino de Paraíba, exquisito cantante y compositor con pasado de periodista— conoció a un par de músicos argentinos, María Barceló y Esteban Blanca; comieron pizza, tocaron alrededor del fuego, compartieron la playa y el sol y supo que debía quedarse un par de semanas más. Cualquier cosa que tuviera que hacer en Brasil podía, por el contexto del COVID-19, hacerla remoto desde La Juanita, su casa por un buen rato.

Las dos semanas se transformaron en tres meses y contando. Por estos días, el brasileño está en Montevideo y parece un local más: propone cambiar la locación del encuentro con El País por un restaurante cuya carta ya conoce al dedillo, interrumpe la charla para saludarse de manera afectuosa con un amigo uruguayo que justo pasa de camino al gimnasio, y cuando termina la entrevista se va, por la Rambla, hacia su hogar temporal. Esa nochecita regresaría a los estudios Vivace, en Ciudad Vieja, para seguir grabando un disco, y luego continuaría con los detalles del concierto por streaming que dará este sábado desde el Auditorio Nacional del Sodre.

LOS DETALLES

Un show este sábado y un disco en proceso

Este sábado a las 19.00, Chico César brindará un show en vivo vía streaming (a través de RecitalesApp) desde el Auditorio Nacional del Sodre, y lo acompañarán el argentino Esteban Blanca en percusiones y los músicos uruguayos Mocchi, Lu Ferreira y Martín Buscaglia de invitados. El acceso cuesta 250 pesos, y el concierto abarcará desde temas de su primer disco, como “Béradêro”, a composiciones made in Uruguay, sin dejar de lado los clásicos de este artista multiestilístico, de fuerte defensa de una poesía comprometida.

En paralelo, acaba de lanzar un single doble en colaboración con el también brasileño Zeca Baleiro —“Lovers + Respira”— y ultima los detalles del disco que grabó aquí con la argentina María Barceló, 11 coautorías que además de los aportes de Blanca contarán con la bajista Juli Taramasso y el multiinstrumentista Dany López, uruguayos, como invitados. Y podrían sumarse más.

“Yo tenía cierta admiración envidiosa por la relación que Vitor Ramil y Paulinho Moska tienen con Uruguay. Lo de Vitor es más natural: es del sur de Brasil, de Pelotas, casi un doble chapa. Y Paulinho a través de su (programa) Zoombido y su relación con Jorge Drexler, con Kevin Johanssen, consiguió algo que siempre fantaseé, que es tener una relación con América Latina”, admite Chico César, fan confeso de los hermanos Fattoruso y de Ruben Rada. “Estar instalado aquí creo que me dejó más tranquilo en relación a eso. Hay cosas que solo el tiempo construye; es un excelente mediador y agente de nuestra vida, tiene su propia lógica, su propia dinámica. Siempre me sentí latinoamericano, sea lo que eso signifique; siempre me identifiqué con la canción de Víctor Jara o Mercedes Sosa, eso que es al mismo tiempo música e identidad, una identidad consciente de un lugar del mundo de lucha, de existencia y de resistencia”.

Ahora, Chico tramita una residencia temporal porque sueña con poder entrar y salir de Uruguay con la misma facilidad con que lo hace de su país natal. Prepara un viaje a Francia donde grabará un álbum propio, con músicos del mundo radicados en París, y asegura que le hubiera encantado pasar más tiempo en Montevideo para poder compartir con artistas capitalinos. “Pero también respeté los tiempos. Creo que la pandemia nos coloca en ese lugar de observar más y hacer menos, dejar que la propia vida haga”, dice el hombre que compuso al menos un centenar de canciones desde que llegó el coronavirus.

“Siempre fui una persona de dejar las cosas correr”, dice el brasileño. “Conmigo lo otro no funciona”.

experiencias

La música en vivo y el trabajo en estudio

"La grabación, cuando voy al estudio, es lo que más me incomoda", dice Chico César sobre los distintos aspectos del trabajo del músico. "Una vez conversaba con Gilberto Gil, compartíamos un concierto, y en un momento en el backstage hablábamos de su trilogía Re (Realce, Refavela y Refazenda) y de que no le gustaban las mezclas, que los encontraba mal grabados. Y yo le dije que a mí no me gustaban mucho mis discos, que me gustaba mucho hacer shows pero que siempre quedo un poco frustrado con los discos. Y me dijo: 'Acostumbrate porque vos y yo somos diferentes a Djavan. Nosotros somos del escenario, es ahí donde somos felices, donde nos comunicamos mejor. Djavan es de estudio; hace shows excelentes porque toca exactamente lo que tocó en el estudio. Pero es en el escenario que nuestra magia acontece'".

Por eso, los últimos álbumes de Chico César (el más reciente es O Amor É um Ato Revolucionário, de 2019) fueron grabados prácticamente en vivo, tras muchos ensayos, con toda la banda tocando a la vez. "Quiero llevar al estudio el espíritu anárquico del escenario, que creo fundamental en mi expresión", asegura.

un creador

Las "tempestades" de la composición

A los ocho años se fue a vivir a la casa del dueño de la tienda de discos y libros en la que trabajó hasta los 15, y por ahí tuvo su primer grupo, una banda de niños con la que animaban fiestas escolares con repertorio de Tim Maia y Jackson Five.

Tenía 12 cuando, sin saberlo, compuso su primer tema. “Iba por la calle, ofrecía los discos en las casas, los restaurantes, y empecé a cantar un samba mientras volvía a la tienda. ¿Era de Martinho Da Vila? ¿Dona Ivone Lara? ¿Jovelina Pérola Negra? Cuando llegué le pregunté a los adultos, me dijeron que cantara y ahí dijeron: ‘¡Esa música no es de nadie, esa música es suya negrito! ¡Acaba de hacer una canción!’, y me dieron un grabador para que no me la olvidara”. Tenía 14 cuando entró en una banda que hacía composiciones propias, influenciadas por los sonidos nordestinos y Pink Floyd, Led Zeppelin, y ya sabía que la música sería su camino.

“Dificilmente yo quiero escribir sobre algo, es más una cosa que se impone”, dice el artista sobre su proceso de composición. De alguna manera, todo su repertorio está atravesado por esa inconsciencia que marcó aquel primer samba que inventó caminando. Su éxito “Mama África”, de su álbum debut Aos vivos, también se le apareció mientras andaba por la calle, ya con todas las partes bien definidas. Su otro gran hit “A primeira vista”, de las canciones de amor más lindas que hay (popularizada en español por el argentino Pedro Aznar), surgió mientras volvía a su casa en ómnibus sentado en el asiento del fondo, el asiento más alto. “Deus me proteja”, de Francisco, forró y frevo, vino mientras se estaba bañando en la previa a una salida con amigos. Y así sigue.

Son disparos, dice César, “como una tempestad de sensaciones”. Es la forma romántica de habitar el mundo, es este estado de poesía con el que bautizó a su disco de 2015. Es su conexión con la tierra, sí, y también con el cielo.

“Al mismo tiempo que me sirve para poner los pies en el suelo, la música es también lo que me hace delirar, soñar y crear otros mundos. Mundos imposibles dentro de un mundo imposible”.

encuentros

La magia de las parcerias

"Yo fui un soltero convicto hasta los 50 años. Ahí me casé y después me separé a los dos años, en octubre de 2019", cuenta Chico César a El País. "Salí de la casa de mis padres con ocho años, viví en lo de mi patrón, el dueño de aquella tienda de discos, entonces hay algo muy autónomo en mí desde muy temprano. Una parcería es un desafío para mí, un dulce desafío, y cuando encuentro una persona que provoca cosas en mí, que me incomoda incluso, que me saca de un lugar de confort, entonces vale la pena. Como fue con el casamiento".

En ese sentido, para el músico la clave de estos encuentros está en, justamente, que el encuentro se vuelve la estrella. "Una parcería, más que darme protagonismo a mí o al otro, le da protagonismo al encuentro. No quiero saber quién entró en Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, porque de fondo el protagonismo es de la alianza contra el nazismo. Es un poco como ahora en la cuestión del bolsonarismo en Brasil. No quiero saber quién es que va a derrotar a Bolsonaro, lo importante es saber que hay que hacer una alianza para hacerlo. Y no importa quién va a ser el actor principal del negocio".

¿Cada parceria, cada asociación que hace con otro artista, lo deja modificado? "Una obra de otro artista puede cambiar mucho el camino que tomás", opina César, que asegura por ejemplo que sus últimos discos no hubieran sido lo que son si Vitor Ramil no hubiera editado el disco Ramilonga. 

"Si no salís transformado", dice César sobre las colaboraciones con sus colegas —y tiene varias a cuestas— "entonces no sirvió para nada".

TENDENCIAS

Los fenómenos musicales que le interesan

"Observo con bastante interés la escena del nuevo rap en Brasil, un rap que busca más la melodía y trata de temas a veces muy duros, pero que también lanza una mirada de compasión sin dejar de ser incisivo. Y en esa escena, la presencia de muchas mujeres negras, de la periferia que antes no tenían voz", comenta Chico César.

"En ese sentido y ampliando, veo que muchos grupos que antes eran objeto de la mirada de otros, se tornaron sujetos de su propio lugar de canción. Antes tenías a Chico Buarque de Holanda, blanco, hombre, escribiendo sobre un gurí, un menino de rua que se vuelve medio bandido y es asesinado, o sobre Geni que era medio travesti, medio puta, no se sabe bien pero da para cualquier cosa —"Bendita Geni, maldita Geni"—, o mismo las musas. Y de repente las mujeres, los gurís, las Genis, los travestis, deciden hacer su música. Eso, de algún modo, vuelve al poeta que habla sobre todo obsoleto. Y por el contrario, enriquece la escena porque trae a As Bahias e a Cozinha Mineira, un grupo de mujeres trans muy importante en la escena de San Pablo, por ejemplo, o a las personas del hip hop", reflexiona.

Para el artista, no siempre estas expresiones tienen un resultado artístico brillante, pero "lo importante ahora es que los espacios se abran, se democraticen, y eso viene pasando". "Ahora hay como un movimiento que saca el patriarcado blanco eurocentrista de un lugar cómodo. Porque siempre fueron los hombres blancos de nivel universitario los que hablaron y escribieron de todas las cosas. Porque tenemos a Violeta Parra, sí, pero aparece como excepción. Normalmente las canciones que objetivan la vida, la mujer, la revolución, fueron hechas por hombres. Y llega un momento en que si la propia revolución habla por ella, y este es el momento, es óptimo. Porque lo que dice es: 'Vos, hombre blanco, sé creativo incluso en la escucha, y escuchá más'. Y es importante escuchar".

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