Verano 2019

Charly García llegó a Punta del Este y dio un sorpresivo show en La Juanita

Los clientes de un bar quedaron atónitos tras su llegada.

Charly García en el Gran Rex. Fotos: difusión
Charly García en el Gran Rex. Fotos: Difusión

La Juanita, un balneario ubicado antes de José Ignacio, se transformó ayer jueves de noche en el sitio elegido por Charly García para sorprender a no más de 30 personas con un show cargado de emociones.

En Ferona, un bar en el que suele haber música en vivo y según su dueño se define “una casa de artistas”, se corría el rumor de que podía llegar el icónico músico argentino. Pero los 30 clientes que estaban allí no se imaginaban lo que sucedería cuando el día 11 del 2019 empezaba a tener sus primeras horas.

A la 1.00 de la madrugada, García arribó en una camioneta junto a su novia, Mercedes Iñigo, y un grupo de amigos. El cuidacoche al principio no le permitía estacionar sobre el local. Cuando desde el vehículo bajaron la ventanilla y dijeron que adentro estaba el cantante de 67 años, el cuidacoche reculó y dijo: “Adelante, señor”.

Tras ingresar en el local vestido con un saco negro y una camisa a cuadros, la clientela quedó atónita. “¿Es Charly García?”, se preguntaban unos a los otros. “Sí, es él”, contestaban. Y un aplauso espontáneo se escuchó.

A Ignacio Abalo, integrante de Terapia, una banda que hace cinco días venía tocando en el lugar, le avisaron previamente que era muy probable la llegada de Charly.

“Pensábamos que iba a venir con sus músicos y dejamos todo preparado para eso”, confesó. Pero no. Sorprendió arribando solo. “Y nos bancamos los trapos porque sabíamos muchas de sus canciones”, comentó orgulloso quien tiene el rostro del músico argentino tatuado en su brazo. “Fue algo muy fuerte y hermoso”, comentó Abalo, quien se define como un fanático de su música desde los 8 años.

Rezo por vos, La máquina de la felicidad, Fanky y otros hitazos del mítico cantante, además de covers de Los Beatles y los Rolling Stones fue lo que se escuchó en un espectáculo que no superó los 45 minutos. “Él daba las indicaciones y nosotros teníamos que seguirlo”, relató Abalo. Los asistentes le pedían canciones y él acataba.

En el lugar pidió que no lo filmaran porque quería disfrutar de la comodidad en una fiesta privada. De hecho, contaron testigos, cuando veía un teléfono filmándolo su rostro se transformaba.

La tentación de contar que estaban en un show privado del célebre intérprete causó que el lugar se abarrotara de gente.

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