ENTREVISTA

Charla entre Mandrake Wolf y Pedro Dalton: la crónica oral del rock de los noventa

Antes del show de Los Búhos, que será mañana en Sala del Museo, Mandrake Wolf y Pedro Dalton recuerdan la vieja escena

Mandrake Wolf y Pedro Dalton en Hendrix, 2014. Foto: Archivo El País
Mandrake Wolf y Pedro Dalton en Hendrix, 2014. Foto: Archivo El País

Mañana a las 21.00, Los Búhos, que es la versión reducida y alternativa de Buenos Muchachos, vuelve a la Sala del Museo (Rambla y Maciel, entradas en Abitab y Redtickets) para tocar con Mandrake Wolf y Nico Barcia. Esta cumbre rockera reúne a tres de las voces más particulares de la escena local, y a un repertorio dorado que incluirá buenos covers. En esa línea, un spoiler: van a hacer “The Breakup Song”.

El lunes, antes de un ensayo previo al show, El País estuvo charlando con Mandrake Wolf y Pedro Dalton sobre el rock local en los noventa, y lo que sigue es una conversación entre ellos dos: el histórico frontman de Los Terapeutas, ahora con Los Druidas, y el de los Buenos.

Intenten imaginar sus voces.

Mandrake: En los noventa, yo estaba muy con la fusión del candombe. Habíamos tocado con (Eduardo) Mateo ya y estábamos en ese viaje. Y en un momento, con Los Terapeutas casi no tocaba; tuve que salir a tocar solista porque era imposible tocar con Los Terapeutas. Era una época complicada; para mí los noventa fueron una época complicada. Ahí saqué el disco Primitivo, me dediqué a tocar solo, y recién en el 96 rearmé la banda y apareció “Amor profundo”. Pero los noventa fueron muy oscuros para mí.

Pedro: Es que no había nada.

Mandrake: No, yo que sé: Níquel tocaba por todos lados. Nosotros estábamos grabando el disco de “Amor profundo” (Nada de cosas raras) y Peyote Asesino estaba grabando su primer disco, y andaban como locos porque habían metido, no sé, 200 personas en un lugar. Ese era el target. Lo que pasó después fue tremendo, era impensable entonces. Las bandas de rock argentino que vi en los ochenta, te hablo de Aquelarre, la banda mítica del bajista de Almendra; o Spinetta mismo venía al Stella, que era un teatro para 400 personas. ¿Entendés? Ahora decís: “llenamos una sala”, como si no fuera nada. ¡En esa época eras Jimi Hendrix!

Pedro: Estaba La Factoría, que dominaba claramente Buitres. El Peyote la metió en La Factoría, que era grande, como 500 personas. Y era sorpresivo porque era una nueva generación.

Mandrake: No había dónde tocar, estaba bravo el país y a mí, personalmente, me hacía acordar a la dictadura. En el 85 explotó todo, había música y lugares donde tocar, y en los noventa se apagó todo. Yo lo sentí; casi me voy a la mierda.

Pedro: En el 92, que arrancamos nosotros, lo único que había era Juntacadáveres, y después estaba La Factoría, que jamás íbamos a llegar, y Amarillo. Juntacadáveres era un living, que habían tirado una pared, y entraban 70 personas.

Mandrake: Yo ahí tocaba, pero solo con la guitarra. Y una vez fuimos a A la cama con Ana.

Pedro: Nunca fui. A la cama con Ana era como una entrevista que te hacía Ana, una punky salada mismo, que hizo unas obras de Bukowski dirigidas por (Gabriel) Peveroni en Juntacadáveres. Y después con Peveroni armaron eso, que era una cama, te acostabas con ella y te entrevistaba. Y era superfuerte.

Mandrake: Además te preguntaba y te toqueteaba (se ríe).

Pedro: Yo vi a (Alberto) Kesman, a Roberto Musso; entrevistaba a todo el mundo. Y hace unos años me llamó Peveroni para ir A la cama con Ana, que iba a hacer tres, y creo que hizo el primero y se murió antes de hacer el segundo y el tercero. Juntacadáveres era un centro cultural posta y la gente que iba era alucinante. Había días tranquilos, otros heavies, otros muy heavies, y no había control de nada.

Mandrake: Yo empecé a tocar en el 81, 82, y para tocar tenías que sacar fotocopia de tus letras por triplicado, y llevarlas a Jefatura para ver si el tipo te dejaba tocar. Cuando empezamos ahí éramos como moscas en la leche. ¿Qué tiene que ver Mandrake con El Cuarteto de Nos? Nada que ver. Pero cuando nos vimos, algo parecido había (se ríe). Porque el rock no existía. Estaba la gente del jazz rock, Siddhartha, que eran peludos por lo menos.

Pedro: El Templo del Gato era una cueva interesante. Y cuando cerró Junta pudimos ir dos veces a tocar a Amarillo, pero en festivales. Era muy grande, nosotros no llevábamos ni 200 personas. Y después abre Perdidos (en la Noche) y se acomoda la historia para nosotros, porque teníamos un club donde tocar una vez por mes. Al tiempito se abre Pachamama y tuvimos que irnos para ahí porque ya habíamos crecido en público. Pero nosotros nunca estábamos juntos, en el mismo ambiente. Yo conocía algo de tu música, “Amor profundo” obvio, pero muy por arriba, no le daba mucha bola, hasta que me empecé a interiorizar por Marcelo (Fernández, su hermano), que lo escuchaba. Hasta que empecé a leer las letras y cambió la historia, porque las letras, en tu caso, tienen hasta el 60 por ciento de la canción. Sos un cronista de cosas que me encantaría decir de esa manera, con esa sencillez. Y de hecho creo que en las últimas composiciones me has influenciado bastante, en lo de quitarle un poco el carácter poético e ir más al hueso.

Mandrake: Te debo una con todo lo que dijiste.

Pedro: Para mí, “De ellos dos” es una letra perfecta en todo sentido. Es repoética pero se entiende claramente. Tengo la suerte de conocer que eso existe de verdad, que vos conociste a esa pareja, y aun contándome el entorno no pierde la magia. Y “Llueve” es una letra perfecta también; que alguien meta “torta fritas” y no quede ridículo, es demasiado (se ríe).

Mandrake: Cómo comió con aceite el loco este (se ríe).

Pedro: ¡No! Tortas fritas, por favor. Me alimenté a tortas fritas en la época posdictadura.

Mandrake:
A mí me encantaban las guitarras de Buenos Muchachos y las letras, tenía un problema con tu voz. No entendía por qué cantabas así, y Marcelo me rompía los huevos con que tenía que ir a verlos. Y un día los voy a ver y quedé de cara. Dije: “acá canta Nick Cave, Stevie Wonder, Rada, y no pasa nada. El cantante es el hombre este”. Y un día cantaste una versión de “Amor profundo” que me dejó helado. Cuando alguien se hace propia una canción, es porque tiene un poder. No por alcahuetear, sino porque tenés un poder enorme, visceral, y a la vez muy intelectual. Tenés una poesía que a veces no entiendo, pero me gusta dónde me mete la imagen. Hay canciones que me hacen llorar. “Antenas rubias” me parece… (Suspira) Y cuando me contaste la historia, no podía creer. Me dan ganas de agarrarte como un peluche y darte besos (se ríe).

Los Búhos, Mandrake Wolf y Nico Barcia. Foto: Fla García Álvarez
Los Búhos, Mandrake Wolf y Nico Barcia. Foto: Fla García Álvarez
otro capítulo

El relato del encuentro

Pedro: La primera vez que me crucé contigo fue en Agadu, que me sorprendió que me saludaras, porque dije: "este no me debe ni conocer". Y yo me quedé recopado, no sé por qué. Después de que te conocí dije: ¿para qué me copé? (se ríe)

Mandrake: No, yo la primera vez que te vi en mi vida venía por (la calle) 14 de Julio. Vos venías con un libro; “Opa, ¿cómo andás?”, y charlamos pero así, ni hablamos. Fue allá por mi barrio. Pero yo conozco más a tu hermano, a Marcelo; estuve de jurado en una cosa de Palacio de la Música con los dos hermanos, Orlando y Marcelo, y ahí le dije: “El otro día vi a tu hermano por mi barrio”. “Ah, porque editó un libro de poesía”.

Pedro: Saldría de Lo de Silverio. ¡Ah, no! Salía de lo de Leandro, que vivía ahí. Eso fue en 2010, 2011. Y a raíz de eso con Orlando y Marcelo, que tuvieron esa conexión de ser jurado de eso de Palacio de la Música, lo primero que hiciste después fue tocar con Marcelo, ¿no?

Mandrake: Que vos estabas jodido, ¿te acordás que hice de vos un tiempo? Hice de Dalton. No sé qué te había pasado...

Pedro: Y a vos no te gustaba tocar. Me decías: “Yo estoy recopado de tocar con tu hermano, a mí me encanta”. “Sí, vas a ver en un par de días. Date un tiempo”, te decía. Y después era: “¡Está todo el tiempo queriendo tocar! ¡Quiere tocar 18 temas, está loco!”.

Mandrake: Es un muchacho muy trabajador Marcelo, hay que decir la verdad. Estuvo bueno cuando nos conocimos con los hermanos, porque somos de muy distintos lugares, pero cuando estábamos juzgando chiquilines, teníamos más o menos los mismos criterios. Y creo que fue un verano que empezamos a tocar con Marcelo, incorporamos repertorio de Buenos Muchachos y Los Terapeutas, e hicimos un show a dúo. Posteriormente vino una contigo, ¿no?

Pedro: Ahí va, hicimos una junta los tres, y al poco tiempo pintó tocar en Hendrix. Tenía que armar un dúo con alguien para tocar unas canciones, me ofrecieron tres, y uno era Mandrake. Pero al yo no tocar guitarra, era mucho laburo para vos, entonces llamamos a Marcelo y quedó como un invitado del dúo. Ese fue el primer contacto real, hasta que Marcelo, el Negro y yo hicimos un show en el Planetario, contigo.

Mandrake: ¿Pero eran Los Búhos ya ustedes?

Pedro: No, todavía no, faltaba el bajista. Eran Dos Daltons y Mandrake con el Negro, en el Planetario, y ahí hicimos por primera vez la versión de "Amor profundo". Nosotros con Dos Dalton siempre invitábamos a alguien, porque medio que se acababa el repertorio, y estábamos muy limitados para otras cosas que teníamos ganas de hacer. Ahí hicimos Dos Dalton + Un buen muchacho, y con el Negro nos recopamos, y después un día hicimos algo con Nacho Echeverría y nos recopamos. No sé si no fue contigo...

Mandrake: Para el Solitario Juan, sí, un par de fechas.

Pedro: Y ahí fue que dejamos de lado Dos Dalton, para quedarnos solo con Los Búhos. Dos Dalton lo hacíamos muy ocasionalmente en alguna fiesta, y cobrábamos caro, para que eligieran Los Búhos (se ríe).

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