ENTREVISTA

Una charla con José Palazzo sobre el próximo Cosquín Rock, el cupo femenino y el negocio

El creador del Cosquín Rock conversó con El País sobre el futuro del rock y la adaptabilidad, y una polémica reciente

José Palazzo. Foto: Marcelo Bonjour
José Palazzo. Foto: Marcelo Bonjour

Este mes llevará el Cosquín Rock a Nueva York, y es un punto más del mapa que conquista con el evento nacido en Córdoba, y que para 2020 tendrá su primera versión española. El Cosquín es la pasión de José Palazzo, productor y empresario que pasó recientemente por Uruguay para charlar de la segunda edición del Cosquín Rock de acá, que se hará el 4 y 5 de octubre en el Parque Roosevelt (entradas en Abitab), y contará con La Vela Puerca, No Te Va Gustar, Babasónicos, Skay Beilinson, Aterciopelados y varias bandas más. “Si yo tuviera que poner el 30 %, tal vez no lo podría llenar con artistas talentosas y tendría que llenarlo para cumplir ese cupo”, dijo en febrero Palazzo, sobre la ley de cupo femenino que se impulsa en Argentina, y que busca asegurarle mayor espacio a las mujeres artistas en los escenarios, y de eso también conversó con El País.

—Antes de meternos con el Cosquín Rock, mostraste en tus redes que estuviste con Charly García y que te contó “planes”. ¿Cómo lo viste?

—Yo lo veo seguido a Charly, y el último concierto que hicimos fue en Chile, que fue impresionante. Él está en un proceso de recuperación de salud, y todos los que estamos a su alrededor tratamos de que toque menos; si fuera por él, tocaba todas las semanas. Pero tratamos de que lo haga lo menos posible, porque queremos que toque cuando realmente esté bien, y que tenga la posibilidad de que si no está bien, no toque. Por eso tenemos la política de no anunciar con tiempo los shows. Ahora hacemos el Cosquín en Nueva York, que toca León (Gieco), y Charly me dijo: “¡¿Por qué no estoy yo?!”. Es difícil explicarle por qué no está en festivales que organizo yo.

—Si lo pensás desde el lugar más empresarial, ¿qué ventajas tiene la marca Cosquín Rock?

—Es una marca que se fue haciendo conocida. Nosotros somos los productores, nos asociamos, corremos riesgos, invertimos; en algunos lugares ganamos dinero, en otros vamos invirtiendo. Sí tengo que admitir que creíamos que nuestros primeros años iban a ser exclusivamente de inversión, y nos llevamos una sorpresa. México, por ejemplo, fue rentable desde el minuto cero. ¡A Santa Cruz de las Sierras fueron 15.000 personas! Ahora hemos tomado la decisión de que algunos Cosquines se hagan cada dos años, por una cuestión de lógica de nuestro negocio, que seguramente sean Chile y Colombia, porque van a ser muy grandes. En Chile apostamos a que sea un festival casi tan grande como el de Argentina.

—Llevás al Cosquín Rock a Estados Unidos en el marco del Latin Alternative Music Conference, con una grilla solo de artistas argentinos, ¿no?

—Sí, que es un poco lo que nos pidió el LAMC. Nosotros veníamos coqueteando con llevarlo a Estados Unidos, y siempre nos lo imaginamos en Miami, por sus características latinas. Pero surgió esta posibilidad y con un auspicio que tenemos, el aporte del LAMC y la alcaldía de Queens, nos mandamos a hacerlo y va a estar buenísimo.

—¿El Cosquín de Uruguay, en 2018, fue de inversión?

—No, curiosamente salimos derechos. Yo creía que íbamos a tener que poner un poco de dinero, pero salimos derechos. E independientemente de lo económico le encontramos la vuelta, y mis socios de acá me rompieron algunos de mis paradigmas e incorporaron cosas que tal vez en el de Argentina no me animaba a programar, y ahora empecé a hacerlo. Hoy, la columna vertebral del festival es rock, pero hay muchísimos estilos: es un festival que se nutre de lo que va sucediendo.

"Yo creía que íbamos a tener que poner un poco de dinero, pero salimos derechos del Cosquín uruguayo"

José PalazzoProductor

—A la hora de asociarte con los productores locales, ¿la ecuación económica y artística es siempre la misma?

—Es todo lo mismo, salvo este caso de Estados Unidos. En todos los lugares, la inversión, la producción y los contenidos artísticos se discuten de igual manera, y nosotros le damos prioridad a nuestros socios locales, para que elijan a los artistas. Muchas veces les decimos que queremos recorrer con tal artista; en esta edición, por ejemplo, yo quería que estuviera Skay (Beilinson), y obvio que ni lo dudaron. Pero en Paraguay consideraban que no era importante, porque allá no lo conocían, pero yo insistí en hacerlo y fue una bomba nuclear. Y fue la primera vez en su carrera que Skay tocó de día. Me dijo: “Nunca tuve tanto miedo”.

—Este año el Cosquín va a ser en el Parque Roosevelt, y no en Landia. ¿Va a ser al aire libre?

—Sí. Tiene que ver con acercarse más al concepto del festival, que es diurno, de naturaleza, que tiene que ver con peregrinar y con encontrar espacios tuyos. En eso vamos a hacer hincapié para mejorar respecto al año pasado. Y Landia me gustó mucho, pero si has ido al Cosquín Rock, sabés que embarrarte puede estar dentro de las cosas que te sucedan (se ríe).

—El gran problema del primer Cosquín fueron las colas eternas para comprar cerveza.

—Claro, pero eso no lo manejamos nosotros, era del concesionario de ahí. Y fue el primer día, el segundo se revirtió interviniendo algunas cosas. Este año en Argentina, que hubo 60.000 personas un día, tuvimos serios problemas de cola y todo, pero obvio, por una cuestión de volumen. Y en el medio de una montaña. Pero son cosas a las que hay que estar atentos.

—¿Cuál es la expectativa de público para esta edición, teniendo en cuenta la grilla?

—El año pasado esperábamos entre 5.000 y 6.000 personas, y superamos la expectativa. Este año creo que vamos a mete 8.000 o 10.000 por día, fácil.

—¿Qué notaste que había que mejorar respecto a 2018?

—Algunos de los headliners que estamos teniendo ahora. Había que ir a un lugar más amplio, para que la gente tuviera mayor circulación. Y consolidarnos en el Roosevelt está buenísimo; el municipio de Canelones es muy amable para con las empresas que hacen espectáculos. Y este año vamos a hacer una apuesta nueva con los pre-Cosquín, porque en cinco fechas van a estar los Buitres festejando los 30 años. Entonces los artistas chicos van a estar tocando para un público masivo, que es parte de la política de desarrollo de artistas nuevos que tiene el festival.

—¿Y por qué cuando la gente mira la grilla del Cosquín argentino, ve que siempre tocan los mismos artistas?

—Es un mito. Vos lees y lees los mismos, pero el año pasado tocaron 86 bandas que nunca habían tocado en el Cosquín. ¡86! El año pasado hubo música electrónica, trap, hip hop, tocaron varios artistas nuevos de blues y metal... Igual, la grilla perfecta no existe. Pero últimamente vengo muy conforme. Esta grilla de Uruguay me parece muy buena: balanceada, heterogénea y convocante. Y eso no deja de ser importante, porque cuando los festivales son convocantes, los artistas nuevos toman estado público.

—¿Se ocuparon en particular de la presencia femenina en la grilla? Hay mujeres en casi un tercio de los artistas que van a tocar acá, y vos venís de una polémica en Buenos Aires por tu opinión sobre la ley de cupo.

—El 80 por ciento del personal de mi compañá son mujeres. La que toma las decisiones en el Cosquín Rock es una mujer, la encargada de prensa es mujer, el grupo de marketing, el catering, la técnica, el hospitality: todo eso lo atienden mujeres y son las que toman las decisiones. Mi mamá es una artista plástica muy conocida en Córdoba, y cuando fue a la facultad a estudiar Bellas Artes, el profesor le dijo: “Usted es muy lindita, se va a casar, no le hace falta estudiar esto”. Yo conviví con todo eso, tengo dos hijas artistas, entonces nunca en mi vida hubiera salido de mi boca que no estoy a favor de una ley así. Lo que dije es que la escena se va a desarrollar mucho más rápido a partir de que nosotros, independientemente de la ley, empecemos a prestarle atención a eso. También hay realidades: Argentina tuvo artistas varones muy populares, que son los que convocan históricamente. Pero si eso se llegase a dar vuelta y las que convocan son mujeres, no va a importar el cupo. Tiene que ver con lo que sucede en la escena. En el caso de Uruguay, no lo hicimos con la calculadora.

"En el caso de Uruguay, no hicimos con la calculadora" la selección de artistas

José PalazzoProductor

—Acá, el llamado de atención de la escena, hizo que los festivales tengan que empezar a atender esta urgencia. La Semana de la Cerveza este año programó decenas de shows y no incluyó a ninguna mujer, por ejemplo, y esa naturalización excede cualquier talento.

—Igual yo uso la palabra “talento” como sustantivo y no como adjetivo. Y ahí es donde se mailnterpretó, porque el diario tituló: “No hay mujeres con talento suficiente para tocar en el Cosquín Rock”. Y yo dije: “No hay talento suficiente como para cumplir la cuota, si la escena no crece”. No hay cantidad de artistas como para llenar un cupo hoy, pero eso va a crecer, porque en el momento en que las chicas sepan que hay más espacios, va a haber más desarrollo, y más hacia otros estilos. El tema es que cuando las cosas son impuestas en esa forma de ley, ponete en el lugar de un tipo que organiza un festival de heavy metal con 10 bandas: no sé si hay tres bandas integradas por mujeres, pero porque a lo mejor las mujeres están haciendo cosas en otros estilos. Esa es la parte que no sé cómo van a instrumentar. Me tiene sin cuidado, porque el festival nuestro es completamente polirrubro.

—Pero vos sos vieja escuela, y sabés que el rock ha sido “cosa de hombres”, por más talento que pudiera haber.

—Pero Fabi Cantilo, Hilda Lizarazu, Celeste Carballo... Muchos dicen que recién sale un tapa de Fabi en la Rolling Stone, pero en la revista Pelo yo he visto 10 tapas de Fabi, por ejemplo. En Argentina, esa generación tuvo una fuerza, que después se desapareció. Pero yo creo que ahora viene y va a estar bueno, porque lo que tenga que ver con ir renovando la escena, es fundamental. Porque si no, nuestra escena se extingue. Fui a una convención de música y el título era “¿El rock ha muerto?”. Yo tengo 49 años y el rock como yo lo consumí cuando tenía 15 años, está en una etapa de replanteo, porque los Rolling Stones tienen 80 años, y los Guns N’ Roses que son los más pendejos de la generación, ¡tienen 60! Entonces, detrás de eso, vienen miles de estilos y subestilos que son el nuevo rock. El rock era oponerse a determinada situación, rebelarse, quejarse; bueno, tal vez ahora eso es el trap, el hip hop, la cumbia, pero el rock and roll clásico va a ser de nicho. No va a ser más masivo.

—Y eso, ¿en qué se traduce para vos, que sos un empresario del rock?

—El Cosquín Rock como tal tiene su columna vertebral en el rock, pero fue mutando, y el ejemplo es este: el festival más convocante de la historia del Cosquín fue el verano pasado, en la peor crisis argentina, y fue una explosión. ¿La clave? Que se sumaron muchísimos estilos, que estaban los clásicos pero hubo mucho talento nuevo, que renovó el público. Pasa por eso. El festival es una experiencia musical y no va a dejar de tener rock, porque el rock no va a morir jamás, como dice Neil Young. Pero va a ir mutando. Y además hay una renovación: yo vi a Greta Van Fleet en vivo, y es lo más cerca a Led Zeppelin que estuve en mi vida. Entonces hay esperanza; o no andarían tan bien biopics como la de Queen, o Elton John.

—Pero Greta Van Fleet está bárbara porque suena a Led Zeppelin. No hay una banda masiva y ascendente de rock, que proponga algo distinto.

—Y sí. Hoy es mucho más callejero y combativo el hip hop que el rock and roll, porque además, Mick Jagger es multimillonario, deportista, y tiene 80 años. Entonces tiene más de qué quejarse y más problemática que narrar, el que está haciendo música urbana, que tal vez el de rock and roll. Entonces esa mutación se vuelve poco creíble para las nuevas generaciones. Para mí, el rock está en la actitud, en la forma de pensar, en la lírica, y a lo mejor es con una caja de ritmos.

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