Entrevista

Cayó la Cabra: la revolución es un sueño sin edad

Una de las murgas protagonistas del último carnaval, mañana en la Sala Zitarrosa

Cayó la Cabra
Cayó la Cabra en el desfile inaugural de 2018. Foto: Marcelo Bonjour

Lucas Pintos sabe que Cayó la Cabra es un personaje. No sabe qué forma tiene, pero sabe que sus elementos —los murguistas— tienen que tener ciertas similitudes entre sí. Es una cuestión de identidad, de estilo, de compartir una causa que impulsa a una cabra que Pintos trata de describir, vacilaciones mediante, como si se tratara de un deber para el liceo.

Esa cabra es, dice, atrevida y sensible. Es joven, pero también tiene “cositas más veteranas”. No se trata de vejez, porque a los efectos del concurso de agrupaciones carnavalescas Cayó la Cabra sigue siendo una de las representantes de la escuela de murga joven, pero sí se trata de experiencia: la murga ya pasó los 10 años, y buena parte de sus integrantes, treintañeros ellos, no conocen de otras filas que no sean las de este grupo que mañana estará en Sala Zitarrosa.

La cabra, el personaje, ahora se permite emocionarse, y eso es signo de madurez. La preciosa canción final incluida en Las aventuras del Escuadrón Rebelde, segundo puesto del carnaval de este año, es un respiro en esos 45 minutos de humor adolescente, una necesidad y una elección de cambio. Porque cuando dicen que ya está escrito el guion, es cuando más se necesita una revolución. 

Eso cantaron en febrero a garganta partida, con un equipo que tuvo todo para ganar aunque no ganó, y que supo lidiar con la decisión de Tenfield de no realizarles notas a causa de su cuplé sobre el conflicto entre los futbolistas uruguayos y la Mutual, así como con las repercusiones que eso trajo dentro y fuera de la órbita carnavalera.

Ahora, Cayó la Cabra se prepara para presentar Las aventuras del Escuadrón Rebelde por última vez antes de un receso obligado, para generar ideas de cara a un nuevo carnaval. Mañana, tras una seguidilla de presentaciones que incluyó barrios montevideanos, ciudades del interior y escenarios argentinos, la murga actúa en la Sala Zitarrosa a las 21.00, y hay entradas en venta en Tickantel y boletería a $ 250.

“Estamos en ese camino de tocar lo necesario, encontrar el equilibrio”, explica Pintos, director de Cayó la Cabra, y previo a la Zitarrosa señala que “el que va al teatro, te fue a ver. En el tablado hay que conquistarlos a todos, porque capaz la vecina fue a ver a otro conjunto, hay un montón de estímulos, está el que te vende churros, y la murga tiene que conquistar enseguida. En el teatro, la atención está para vos; estás cómodo, las condiciones son otras, los silencios son otros, y nos gustan las dos formas: el ruido y la rapidez del tablado, a los tiempos del teatro, que tiene eso más profesional y técnico”.

—Más allá de la competencia, ¿qué satisfacciones y qué te dejó en el debe Las aventuras del Escuadrón Rebelde?

—Me dejó un montón de satisfacción de volver a crear algo bueno, porque a veces empezás a naturalizar, y cuesta un montonazo armar espectáculos y repertorios, pero naturalizás que es un espectáculo nomás. Pero este era redondo, era un gran espectáculo. Valió la pena el trabajo; es muy exigente el carnaval, la gente empieza a cargarte porque espera a ver qué tiene Cayó la Cabra, y es una mochila linda, exigente, pero linda de cargar. Pero cuando sentís que hicimos algo bueno, hay que armar otra cosa.

—Y pasarás por el momento de quedarte sin ideas, supongo.

—Sí, hoy en día no hay nada, realmente. Pero esta altura del año nos encuentra siempre en nada, y vamos a la primera reunión con la hoja en blanco, y ahí aparecen cosas. Pero realmente es muy exigente, es como si una banda tuviera que hacer un disco nuevo todos los años, con un arte y una sonoridad.

—El espectáculo habla de la amistad. ¿Es fundamental para el funcionamiento de Cayó la Cabra? ¿Es más un grupo de amigos que una murga?

—Sí, y es un arma de doble filo, porque es un proyecto con tus amigos. ¿Y hasta qué punto está todo bien? Pero es nuestro proyecto, y eso tiene otro gustito. Cuando lográs algo con tus amigos, la satisfacción es aún mayor, y teníamos ganas de hacer un cuplé sobre los amigos. Y no sé si fue fácil escribirlo, pero había mucho material en la vuelta y se escribió de charlarlo.

—Yendo a lo rebelde o revolucionario del espectáculo, ¿ustedes han soñado con cambiar el carnaval, está ese componente, o cuál es el objetivo?

—(Piensa) La murga tiene su forma de hacer y decir, y no sé si es para ser distintos y revolucionar. Sí creemos que somos parte de la última revolución del carnaval; hablo por mí, y soy consciente de eso. En breve tendría que venir algo que rompa otra vez, una oleada, un aire fresco.

—¿El cambio debería venir sólo desde lo artístico, o también desde el paradigma del discurso, sobre el que se ha cuestionado tanto desde que el Frente Amplio está en el gobierno?

—Sí, tal cual. Capaz es un deseo mío, lo más probable, pero le hace bien al carnaval. Son esos mojones en la historia del género que hacen que se rompa algo, porque empezás a quedarte cómodo en una forma, que se linkea con el discurso, lo que vos decís, y la función de la murga. Entonces creo que es necesario; no sé si ya, pero en breve tendría que aparecer una forma nueva que sacuda al género.

Polémica

Un hecho comentado adentro y afuera

“Hacia afuera se generó una bola de nieve. Hacia adentro se charló, pero se le sacó trascendencia, porque cuando la murga escribe lo que escribe, no está pensando en cuál va a ser el palo a Tenfield de este año. Esta vez, la murga hablaba del conflicto del fútbol, y un actor fundamental era Tenfield”, dice Pintos hablando del conflicto que hubo este año con la empresa, que decidió no realizarle entrevistas a los componentes de la murga, ni transmitir su espectáculo en horario central.

“Pero nosotros estamos más para unir que para generar una grieta”, dice el director de las Cabras y agrega, mesurado: “si sirve para que no vuelva a suceder y para empezar a organizar, está buenísimo”.

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