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Cayó la Cabra se despide de su escuadrón rebelde

La murga presenta por última vez su espectáculo 2018, en La Trastienda

Cayó la Cabra
Cayó la Cabra. Foto: difusión

Los murguistas suelen ser seres rebeldes armados con sus letras, canciones y críticas afiladas. A Cayó la Cabra le gusta reivindicar esa rebeldía de escenario y por eso desde hace años es el tema, el hilo de sus historias. “Nos damos cuenta de que más allá de que vayamos cambiando los títulos o la forma de decir, los discursos de Cayó la Cabra se tocan en un montón de lugares. El año pasado fue ‘rebelate’, el anterior fue ‘hacé relajo’: siempre invitamos al espectador a sacar para afuera lo que tiene”, repasa Lucas Pintos, director de la murga, en entrevista con El País. Después, reflexiona y concluye que se ve que es algo que necesitan decir.

El murguista anda haciendo prensa porque con sus compañeros se están preparando para la despedida de Las aventuras del Escuadrón Rebelde, un espectáculo que les dio varios reconocimientos en el carnaval 2018 y que en lo que va del año han representado unas 150 veces. Las últimas serán hoy y mañana en La Trastienda, a las 21.00, con entradas por Red UTS.

—En el espectáculo hablan del murguista como un antihéroe, ¿es esta una característica permanente de este personaje del carnaval?

—Tiene varias características, pero quizá era un lugar cómodo este de estar ahí desde el lado del perdedor. La del murguista tampoco es una vida sufrida -no queremos decir eso-, pero estaba bueno pararse desde ese lugar para plantear lo utópico o soñador de querer rebelarse o de hacer una revolución. Nos sirvió para plantear qué tan revolucionario es hacer la revolución hoy en día.

—El discurso de la murga siempre es desde un lugar de rebeldía y este año ustedes fueron “la murga rebelde” del carnaval. ¿Qué surgió de ahí?

—Se aprende un montón de todo lo que pasa, de lo bueno, de lo malo, pero eso tampoco nos lo propusimos. No dijimos: “vamos a hacer esto para generar un ruido”. Nunca nos ponemos a escribir con esa finalidad de denuncia, pero en este caso se malinterpretó e igual es respetable que no se hayan sentido bien con eso. Ahora, con el diario del lunes, quedamos como que justo quedaba rebelde, pero no fue buscado.

Cayó la Cabra. Foto: difusión
Clave. Para Cayó la Cabra el hincapié está en lograr identificación.
Foto: difusión

—¿Cuesta despedirse de un espectáculo cuando lo venís haciendo tantas veces?

—Cuesta porque es algo que ya sabés que funciona, pero a la vez hay ganas de desprenderse. Es como una relación y ese dilema entre querer dejar, pero que te guste mucho, y estamos en ese último momento: haciendo los últimos mimos, nos está dando las últimas alegrías y en breve ya nos desprendemos fríamente. El 12 guardamos la ropa y ya no se toca más. Este espectáculo, quieras o no, lo jugamos; no es que lo hacemos de taquito, pero lo hicimos más de 150 veces, entonces hay algo de ya querer sensaciones nuevas.

—¿Qué tan difícil es embarcarse todos los años en una nueva aventura?

—Es muy difícil, es muy demandante. Yo siempre pongo de ejemplo cómo sería si una banda tuviera que sacar discos todos los años, con otro arte, con otras canciones, mejores canciones aún, letra. ¿Cómo sería para un escritor con su libro? Creo que es casi único esto del carnaval y ya se nos vino encima, y eso también fue porque la murga trabajó un montón durante el año.

—Cuando venís de un espectáculo que gustó tanto, ¿es mayor el desafío por estar a la altura, o cambian de ficha y ya está?

—Ahora estamos en esa etapa del miedo. Siempre querés crear mejorando lo anterior, creo que todos los años nos paramos desde ese lugar. Nos gusta sorprender al espectador y sorprendernos a nosotros, entonces en la creación hay un montón de miedos y de fantasmas por si van a venir buenas ideas. Eso nunca se sabe: es estar ahí, esperando, pescando, y pasan ideas y en algún momento tiene que aparecer una buena.

—¿Dónde pueden estar las ideas?

—Realmente todo es un cuplé o todo podría serlo. Todo tiene observaciones, todo tiene humor, en cada situación hay cosas para encontrar. Ahora estamos justo en esa búsqueda, viendo para dónde vamos, cuáles van a ser esos cuplés. El año pasado estuvo bueno, sobre todo el de la amistad, el abordaje que era nosotros rebelándonos frente al concepto de la amistad: para estos loquitos no estaba tan bueno tener amigos.

—Si lo pensás como una fórmula, ¿cuáles son los ingredientes necesarios para que un cuplé funcione?

—Si lo supiera armaríamos tremendos cuplés todos los años (se ríe). Pero creo que a nosotros algo que nos gusta y que le gusta a la gente es sentirnos identificados. También porque somos una generación de jóvenes, con un público integrado por mucha gente joven. Para mí, cuando dicen: “tal cual”, se logró. Siempre hacemos hincapié en que suceda eso, que el espectador diga: “eso es lo que me pasó a mí ayer”. Es una dosis que tiene que estar año a año en la murga, que el espectador sienta que es uno de los que está ahí arriba.

—¿Y eso cómo se logra?

—Hay que estar atento, tener la oreja abierta, como una esponja, viviendo, observando, preguntándole a los amigos. Por ejemplo, para nosotros el cuplé de los amigos fue muy fácil, pero el material lo daban los de nuestra vuelta. Cosas que nos pasan a vos, a mí, a todos.

Una fiesta que cruzó el Río de la Plata

“Esta va a ser la despedida real”, dice Lucas Pinto. Cayó la Cabra quería darle un adiós a Las aventuras del escuadrón rebelde y será en La Trastienda, un escenario distinto a los tablados y teatros que están acostumbrados.

Para la despedida, que será hoy y mañana a las 21.00 (hay entradas por Red Uts desde 450 pesos), también tienen previsto llevar varios invitados. Estarán Papina de Palma, Lucía Ferreira, Emiliano y el Zurdo, Spuntone y Mendaro, entre otros.

La otra retirada fue con su público argentino: “Está divino, cada vez que cruzamos la gente nos acompaña un montón”, comenta Pinto. Para el director de Cayó la Cabra, el del otro lado del charco es un público distinto, expectante.

Agrega: “No es que sea más fácil que el de acá, pero el de allá va a disfrutar más. El uruguayo disfruta, pero alguno no tanto y está más esperando a ver qué tenés para dar. Es un espectador exigente y no abierto a que algo lo sorprenda.

Después del espectáculo viene el momento de prepararse -dice que ya están a contrarreloj- para el que viene. Cree que “es un lindo momento, que la barra quiere empezar a cantar otras cosas”.

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