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Castro: "La murga puede mejorar el mundo que la rodea"

El tema no es llegar sino mantenerse. Después de 35 años, que la gente tenga avidez por ver lo que la murga ha hecho es un orgullo bárbaro", es lo primero que le dice Raúl Castro a El País, ya consciente de que Falta y Resto agotó la primera función de los festejos en La Trastienda prevista para hoy, y tuvo que agregar otra para mañana a las 21:00.

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Foto: Archivo El País.

Vestido con ropa casual, en la luminosa oficina de Escenario Publicidad que fundó en 1986, lo único que parece tener en común con el hombre que dirige a "la Falta" desde 1980 es la sensibilidad. Será porque tiene 65 años o será porque cada vez que uno tiene que festejar un aniversario, se obliga a hacer una revisión, pero Castro no puede hablar de su historia sin emocionarse.

Falta y Resto ya ocupa más de la mitad de su vida, desde aquella tarde del 10 de junio de 1980 en la que se reunió en el Lindo Bar de Rondeau y Colonia junto a Hugo Brocos, y juntos decidieron "sacar una murga". El tiempo ha pasado y él mantiene el mismo sentido crítico firme en cada Carnaval —el año pasado faltó al Concurso pero volverá en 2016—, aunque reconoce que ahora está de moda la murga más "standapera", al estilo de los viejos comediantes. No le disgusta pero no elige esa opción, y eso se notará en La Trastienda: "se van a encontrar en un cumpleaños de 35 años con la murga más actual que se puedan imaginar".

—¿Cuántos años tenías cuando comenzaste con Falta y Resto?

—Divinos 30 años y una urgencia por decir. Estábamos en plena dictadura y me habían prohibido discos con Patria Libre. Estuve en Europa, me echaron de España, era de la última corriente del canto popular de la resistencia de la dictadura. Me prohibieron un grupo de humoristas en 1974, Las ranas, y estaba con todo el veneno.

—Y te encaprichaste.

—(Sonríe) Siempre les digo a mis hijos que cuando uno tiene un destino que sabe que es ese, no hay ejército capaz de detenerlo. Una idea bien dicha y hecha, impulsada con amor, sobrevive cualquier cosa. Mi generación es sabedora de eso. Hay una cantidad de héroes. No tipos como yo que lo único que han hecho es subirse al tablado.

—Ese origen tenía más que ver con la urgencia que con el futuro, entonces.

—¡Qué iba a saber yo! ¡No tenía ni idea de adónde íbamos a llegar! Que íbamos a recorrer 10 países europeos, que íbamos a haber andado por toda América, a haber descubierto la murga para millones de argentinos, que ayudaríamos a generar el movimiento cultural más importante de América Latina en los últimos 30 años. Porque si orgullosos tenemos que estar de muchas cosas, una es de lo que está sucediendo hoy con la murga uruguaya en todo el sur de América.

—Funcionando como una herramienta social.

—Exactamente. La gente hablando desde la alegría de lo que le pasa, autocriticándose y criticando. ¿Qué mayor muestra de educación que eso? ¡Eso es educación! La educación no es que la persona se pare frente a un grupo y dé cátedra. Educar es educar y educarse. No lo invento yo, esto es una cuestión "paulofreiresca", pero es así.

—El Carnaval conserva la capacidad de reunir a todos los estratos sociales.

—Y deberían valorarlo más las autoridades cuando hablan de educación. Tenemos esa red maravillosa de tablados, que deberíamos apoyar como política de gobierno. Debemos recuperar la época de los 80 tablados en Montevideo y cinco o 10 en las ciudades más importantes del interior. ¡Y no tiene que haber más prueba de admisión! El Carnaval tiene que ser un lugar abierto de exposición de todas las artes del pueblo. Con 200 de esos por todo el país pasamos a ser el país más educado de todo el mundo.

—Pero sin prueba de admisión, el Concurso no sería viable.

—Yo no puedo hablar mucho porque no gané mucho, pero creo que el concurso tiene algo de fiesta de fin de año casi escolar. Vamos a jugar para ver quién hizo lo mejor. Nosotros tenemos un objetivo distinto: que la murga mejore el mundo. Estoy proponiendo una revolución cultural. No quiero ganar un premio, quiero una cosa mucho más difícil y más grande. ¿Incide el afán de competencia? Sí, todo el mundo quiere que le digan que es un fenómeno. Pero hay algo más grande atrás de esto. Está el hecho moral de que el artista está incidiendo en el mundo para cambiarlo. La murga puede mejorar el mundo que la rodea.

—Quizás esa murga standapera que mencionabas no apunta a eso.

—Pero está bien igual. Apunta a la alegría, y así apunta a un destino ideológico ideal. Es parte de la democracia cultural hacer la murga que te gusta, pero no existe la que no hable de política dando una visión grupal. Y después está eso tan hermoso: ya cantamos, qué lindo estuvo, vamos a tomar una cerveza. Es cuando se dicen las mayores profundidades, después de que brillaste y estás tranquilo.

—¿Estás tranquilo con lo hecho?

—Estoy feliz. Le agradezco a Dios todos los días, porque lo que yo vine a hacer, para mí, que es ayudar a hacer, está sucediendo. Obviamente, si puedo seguir emocionando a la gente, mejor, porque todo lo que pasa ahora es ganancia. A mí me gritan por la calle los cuidacoches, no me cobran los que limpian los vidrios… ¡Mirá que es brava esa! Te lo digo y me emociono. Igual que viene un empresario y me critica lo que hice y piensa que te estás enojando, y vos estás diciendo: te adoro, ¡pusiste tus ojos en mi obra!

—Para vos, ¿qué es ser murguista?

—Ser murguista es… (Piensa) Es una cosa indescriptible. Sentir que volás. Ser murguista es eso: volar.

—¿Cuándo volaste más alto?

—Qué lindo eso. (Piensa) ¿Más alto? No sabés las imágenes que me pasan por la cabeza. Voy a una anécdota del Goes que es imposible de igualar. Hacíamos el cuplé de la luna, y una piba cieguita se acercó al que hacía de luna y le quiso tocar la cara, porque quería saber cómo era la cara de la luna. En ese momento me di cuenta hasta dónde podía llegar la murga.

Mañana sábado 21.00hs el concierto en VIVO de Falta y Resto desde La Trastienda en El País TV

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