Crítica

Carlos Ventre, la Ossodre y una maratón de arias de bravura

Una conjunción interesante con el destaque del principal tenor uruguayo

"En mi casa soy Carlos, no soy el tenor Carlo Ventre". Foto: F. Ponzetto
Carlo Ventre, un tenor notable.

El maestro Diego Naser ofreció al público un deseo tantas veces postergado de que el tenor uruguayo más reconocido de la actualidad, Carlo Ventre, realizara un recital exclusivo de arias con la Sinfónica del Sodre. Comenzó el concierto a modo de preámbulo con la ejecución de la obertura de la ópera “La gazza ladra” de Rossini, del repertorio orquestal del Cisne de Pésaro. Naser logró que la orquesta respondiera con calidad en las acentuaciones y los tiempos, destacándose en particular los famosos crescendos rossinianos tan característicos del compositor. Merecen reconocimiento especial el primer oboe y la primera flauta en su exposición del segundo motivo de la obertura, y los percusionista que anuncian el comienzo de la obra y que vuelven a tener trascendencia en su desarrollo.

Ventre inició su actuación cantando dos arias de Puccini: “Recondita armonía” de la ópera Tosca, y “Ch’ella mi creda libero e lontano” de La Fanciulla del West. Tanto en la primera aria extremadamente lírica, casi elegíaca, como en la segunda, Ventre mostró la homogeneidad de su registro y su musicalidad exquisita.

Continuó Naser con el “Intermezzo” de la ópera Manon Lescaut de Puccini, que se titula “El viaje al Havre”. La interpretación de Naser puede calificarse de antología. Pocas veces hemos escuchado en Montevideo una versión tan fidedigna a las indicaciones de tempos y matices que el autor indica en su partitura. Fueron notables los muchos pianísimos, tan difíciles de lograr con uniformidad.

Luego se escucharon “E lucevan le stelle” de Tosca, “Ah, la paterna mano” de Macbeth de Verdi, y nuevamente de Puccini, “Hai ben ragione” de Il Tabarro. Si en la primera aria Ventre hizo gala de la elegancia de su fraseo y su desbordante expresividad, en la segunda se apreció más la belleza y frescura de su hermoso timbre. En Il Tabarro, Ventre consiguió trasmitir toda la carga dramática que esta poco frecuente aria exige al cantante.

Naser continuó con el hermoso “Intermezzo” de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni. Como broche de oro, Ventre cerró interpretando “Dio, mi potevi scagliar” de Otello de Verdi, y la aria que popularizara Luciano Pavarotti, “Nessun dorma” de Turandot. Ventre hizo que su versión del aria de Otello trasmitiera toda la angustia que sentía el personaje en esta transición tan difícil entre el amor y el odio. Ventre venció con maestría no sólo “Nessun dorma”, sino esta verdadera maratón de arias de bravura, poniendo acertadamente su espíritu en cada personaje que interpretó. Por su parte, Naser fue un brillante y atento colaborador, demostrando su fusión con el cantante y su afinidad con el repertorio. Ante las merecidas aclamaciones del público, Ventre se despidió con la famosa canzonetta napolitana “O Sole mio”. Fue un concierto de excelencia que hizo vibrar y emocionar como pocas veces sucede.

Ficha
Arias inolvidables
QuiénesCarlo Ventre y la Orquesta Sinfónica del Sodre
DóndeAuditorio Nacional Adela Reta
Cuándo27 de abril, 2019


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