Crítica

Un cariño y unas canciones que detienen las tormentas

Joaquín Sabina estuvo en Montevideo y renovó el amor de un público que llenó la Tribuna Olímpica

Sabina por Arotxa
Joaquín Sabina por Arotxa

Aunque esté en plena etapa negacionista -su último disco, el primer simple salido de ahí y la gira que acaba de terminar en Montevideo se llaman Lo niego todo- hay un par de cosas que Joaquín Sabina no puede desmentir.

Uno es el cariño del público uruguayo que se mantiene intacto desde aquellas primeras visitas del español en la década de 1990.

Lo otro innegable es que tiene un pacto con los dioses de la lluvia a los que les pidió durante todo el espectáculo que aguantaran la tormenta hasta el final del show y esas divinidades que suelen ser tan caprichosas lo atendieron: fue terminar y dar tiempo a mucha gente a llegar a su casa para que se largase una tormenta feísima que había amagado durante las dos horas de canciones.

De lo otro, la mayor evidencia fue una tribuna Olímpica repleta que coreó sus canciones, se río con algunos de sus dichos y le toleró un largo tramo del show dedicado al disco nuevo. Estaba la ventaja de que el confesional Lo niego todo es un regreso a la plena forma con un grupete de canciones que no desentonan en un corpus de más de 40 años de éxitos.

El público también aceptó que Sabina desapareciera de escena alrededor de un tercio del show dejándole el protagonismo a algunos miembros de una troupe que él gusta de llamar familia. El mayor destaque lo tuvo Mara Barros, la corista que demostró una gran capacidad vocal y de mohines sexies y que presentó una canción (de Sabina) incluida en su nuevo disco solista (Hace tiempo que no). Fue relevante, además, “Una canción para la Magdalena” y en “Sin embargo te quiero”.

También tuvieron su destaque los viejos compinches de Sabina: Pancho Varona roqueó con “La del pirata cojo”, Antonio García de Diego hizo su versión de “A la orilla de la chimenea” y “Tan joven y tan viejo” y el guitarra Jaime Usúa mostró el espíritu del rock español de los 70 con “Seis de la mañana”, una canción no siempre recordada de o, mi, me, contigo. Otra presencia importante en la banda es el saxofonista José Miguel Sagaste que, como le gusta, apareció de pollera escocesa y cerró el show con la bandera de Nacional colgada de su micrófono. Los aplausos revelaron una audiencia tirando a bolsilluda.

Ficha
Sabina. Foto: Ariel Colmegna
Joaquín Sabina
DóndeEstadio Centenario
Cuándosábado 16 de diciembre
¿Estuvo bueno?Sí, buenas canciones y el cariño de la gente

 Músicos: Joaquín Sabina (voz y guitarra), Mara Barrios (coros); Antonio García
De Diego (teclados, guitarras y coros), Jaime Asúa (guitarras y coros), Pedro Barceló (batería), Laura Gómez Palma (bajo), José Miguel Sagaste  (saxo y teclados).

En definitiva, toda esa parte fue como ver a la mejor banda de covers de Sabina del mundo, mientras la estrella de la noche recuperaba, uno tiende a creer no sin cierta malicia, el aliento. Son una tremenda banda de rock and roll, eso sí.

Si a eso se le suma todo el bloque inicial del nuevo disco, a Sabina le quedó poco menos de medio espectáculo para mostrar esas que saben todos. Debió ser una tarea complicada compendiar un grandes éxitos en tan poco espacio por lo que algunos pueden haberse sentido defraudados de que no haya incluido su canción favorita. Pero, vamos, sí estuvieron “Con la frente marchita”, “Por el bulevar de los sueños rotos” (con Chavela Vargas en pantalla gigante), “19 días y 500 noches”, “Y nos dieron la diez”, “Princesa”, “Contigo” y un final a todo trapo con “Pastillas para no soñar”. Fue casi el mismo repertorio en el mismo orden que repitió en toda la gira.

Como es costumbre, Sabina -con su clásico bombín, camiseta negra o camisa tirando a fea- interactuó con el aforo, a pesar de la distancia que impone la Olímpica. Dedicó “Lágrimas de mármol” a Mario Benedetti, Eduardo Galeano y Daniel Viglietti; dijo que el del Río de la Plata era el mejor público del mundo y desplegó ese aire de seductor y flaco calavera que a su público le encanta. Le funciona muy bien y al cierre, una vez más, Sabina tenía al público en el bolsillo.

Así, los “te queremos” aislados representaban el sentir de toda la tribuna ante un señor de bombín que llegó con un montón de canciones capaces, incluso, de demorar tormentas. A ver cuántos pueden contra esos dioses.

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