La artista mexicana Lila Downs llega el 29 de agosto al Auditorio del Sodre

Un canto a la muerte también puede ser un canto a la alegría

Me encanta Uruguay, ¡siempre andan todos con sus mates!", es lo primero que comenta Lila Downs en conversación telefónica con El País. Casi como una turista más, la cantante recuerda la imagen que le quedó registrada de su anterior visita a Montevideo, para un show que dio en agosto de 2010 en el Cine Plaza.

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Lila Downs

Esta vez, la artista mexicana actuará en el Auditorio del Sodre. Lo hará el 29 de agosto (las entradas están a la venta en Tickantel y cuestan entre 1.050 y 2.500), para presentar su nuevo disco, Balas y chocolate (Sony Music, 2015), que en México ya le valió Disco de Oro.

Desde el nombre, el álbum anticipa una relación intrínseca con la situación actual que atraviesa su país natal, sacudido por la violencia, el narcotráfico, y los conflictos políticos. Pero lo que la impulsó a escribir sobre la muerte fue, en realidad, un problema de salud.

A su marido Paul Cohen le diagnosticaron una enfermedad terminal, y eso la hizo enfrentarse, una vez más pero de manera abrupta, con la finitud de la vida humana. "La muerte siempre me fue muy cercana, entró a mi casa cuando yo era muy pequeñita", recuerda refiriéndose al fallecimiento de su padre, Allen Downs, cuando ella tenía 16 años.

A pesar de esa cercanía que tiene en particular, y en general por su condición de ciudadana mexicana, no duda en responder si le teme a la muerte. "¡Cómo no!", confiesa.


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Balas y chocolate esconde, entonces, un trasfondo familiar. No sólo sus experiencias con la muerte y el padecimiento de Cohen la inspiraron, sino que el nombre fue obra de su hijo, Benito, a quien adoptó en 2010. "Yo trabajaba las canciones y él repetía esa frase, y al final es de lo que se trata este disco".

¿Cuál es la relación que tiene el chocolate con el fallecimiento? Quizás en esta región ninguna, pero el cacao, explica Downs a El País, es uno de los frutos más utilizados para la repostería de los festejos del Día de los Muertos en México.

El 2 de noviembre, los mexicanos comparten con sus difuntos, y así como les llevan postres de chocolate les llevan alcohol. "Y depende de cuánto tomara en vida, cuánto se le lleva. A mi papá siempre le llevamos su tequilita", comenta Downs con simpatía.

Balas y chocolate refleja la esencia de esa festividad: las letras son profundas, reflexivas; la música es bien alegre y mantiene el ánimo en alto. Hace olvidar el pesar que causa la pérdida de un ser querido. El show que dará en Uruguay girará en torno a las 13 nuevas canciones, pero abarcará sus 20 años de trayectoria, atendiendo los pedidos del público.

"Allí siempre me hacen sentir muy bien y me encanta ir", dice Downs en referencia a su próxima visita al Cono Sur, a donde traerá el mensaje de valentía que pretende transmitirle a sus coterráneos. No todo es desalentador en México, asegura la cantante, y se aferra a esa porción de la población que trata de buscar un camino hacia la paz y la estabilidad.

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