AGUSTIN CASANOVA

"Ser cantante no lo veo como un trabajo sino como una misión"

El cantante de Márama conversó con El País previo al show de su banda con Rombai, mañana en el Velódromo.

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Agustín Casanova. Foto: Francisco Flores

Hace rato que esas tres chicas, que deben andar por los 14 años, están dando vueltas por la vereda de la redacción esperando para verlo. Cuando Agustín Casanova pasó la primera vez ellas se habían movido y se lo perdieron. Cuando vuelve las ve, cada una muy pendiente de su celular, y se baja apenas los lentes para mirarlas con picardía. Y las chiquilinas no saben qué hacer.

La sesión de fotos es breve y algo torpe. Ellas piensan que se van a desmayar, se van rotando los teléfonos para registrar el momento, no saben si tocarlo o no y no hacen ninguna referencia a la palabra "Casanovistas" que, escrita con marcador negro, les cubre el antebrazo. Él, con paciencia, repite una serie de movimientos: las rodea una por una con un brazo, les da un beso suave en la mejilla, y luego sonríe para la cámara.

¿Cuántas veces habrá repetido esa rutina en estos dos años en que Márama se ha convertido en un suceso regional? Desde que llegó a la redacción de El País ya fueron más de una decena. Antes, en los estudios de Monte Carlo Televisión, ya había tenido otra tanda mucho más intensa (de hecho, la salida del canal se complicó bastante). En realidad, en cada lugar es lo mismo: una rutina desgastante, que él parece disfrutar.

A esta jornada de entrevistas Casanova llega de una gira por Chile, Bolivia y Perú. "Llegué ayer a mediodía, por eso tengo esta cara de cansado", dice en la previa al show que dará junto a Rombai, el sábado a las 21:00 en el Velódromo (ver recuadro).

—¿Y qué te pasa cuando estás en culturas tan distintas y la gente está cantando las canciones de Márama en un show?

—No entiendo nada. Es raro poder haber llegado tan lejos. Uno siempre tiene la esperanza de tener primero éxito en la música, después en tu país, luego en el de al lado, en Latinoamérica y en el mundo. Es una pregunta que me hacía siempre pero como no tengo respuesta, dejé de hacérmela.

—¿Cómo estás para este Velódromo? El año pasado llegaron con un éxito muy repentino, sin disco y con mucha gente preguntándose cómo habían llegado hasta ese lugar.

—Es cierto. Y la razón que tenían (se ríe). Ahora llegamos con un nivel de profesionalismo muchísimo más alto, nos obligamos a prepararnos para competir con el mercado internacional entonces estamos apuntando a eso. El show que hicimos el año pasado era la inauguración de la gira de este año, y ahora viene la gira 2017 que decidimos inaugurarla de nuevo acá. Y viene muy bien. La gente se va a ir contenta y seguramente se van a ir sorprendidos, los que fueron y los que no.

—Y están trabajando en un disco nuevo.

—Sí, en teoría saldría a fin de año. Estamos trabajando horas que ni siquiera existen para poder lograrlo, pero se hace difícil porque hay muchos shows. Creo que el 80 por ciento del disco ya está hecho.

—¿Te estás probando para componer?

—Sí, este disco tiene composiciones mías. Siempre fui bastante vergonzoso con ese tema, componía para mí pero nunca se lo mostré a nadie. En las canciones me gusta escribir lo que realmente siento, y quizás a veces me iba muy profundo y para el género quizás no es necesario irse. Entonces intenté ser lo más explícito posible con lo que vivo. Vamos a ver, si la gente lo recibe bien voy a seguir componiendo, si no, voy a seguir componiendo pero para mí.

—¿Sentís que en Uruguay se los acepta más y se los critica menos ahora?

—Muchísimo menos. Hemos hecho un buen trabajo acá y afuera, entonces el que criticaba se cansó de criticar. Ahora disfruto que mucha gente me apoye y quizás me vea como algún tipo de "ícono" para los niños y adolescentes. Esa sería mi función en realidad, transmitir cosas positivas en estos momentos en que creo que somos bastante influyentes para ellos. Un artista tiene que ser bueno arriba del escenario y abajo también.

—¿Cómo te llevás con eso de que se te tome como imagen? Te convocaron para presentar la aplicación Gurú del sexo del Ministerio, por ejemplo.

—Me encanta. Todo lo que pueda hacer por Uruguay me gusta. Todo lo que pueda dejar en esta tierra antes de irme tiene que ser positivo.

—¿Qué te hace pensar así, en una misión o en dejar algo en esta tierra antes de irte?

—En este último tiempo he aprendido muchas cosas y me he ido mucho por el lado espiritual. He logrado entender muchas cosas con las que quizás mucha gente está dormida, y yo quiero empezar a despertar su curiosidad. Entendí que mucha gente corre atrás de la plata y que a causa de los miedos, no termina de buscar sus sueños. Yo, al decidir dejar mi trabajo y mis estudios para perseguir mi sueño y lo cumplí, lo único que me queda es decir: si a mí me funcionó, le puede funcionar a cualquiera. Lo único que necesita es tener fe. Ser cantante no lo veo como un trabajo sino como una misión. He llegado a entender que quizás hay otras vidas, entonces lo que me voy a llevar de acá es lo que aprenda, no el dinero.

—¿Cuándo entendiste esto?

—En febrero de este año, tuve una crisis memedio complicada. Tenía un estrés grande, me sentía solo, estaba triste, y no entendía por qué no podía disfrutar si estaba haciendo lo que amaba. La meditación me ayudó mucho a ordenar mi mente, y una vez que pude empezar a disfrutar empecé a sacar esa energía para los que me rodean.

—¿Y pensaste en dejar esto?

—Sí, en ese momento sí.

—¿Tenés tiempo de meditar?

—Todos los días. Cada vez que me levanto medito, si no el día me cae diferente.

—¿Creés en Dios?

—Creo en todo, básicamente. Tomo parte de varias religiones, estudio de varios lugares.

—Hablabas de la plata antes. ¿Llevás vos tus cuentas?

—Llevo todo yo, siempre fui muy ordenado. Nunca tuve ni de sobra ni para no comer, entonces aprendí a valorar mucho la plata, pero me doy mis gustos. Pude irme a vivir solo y ayudar a mi familia, que para ayudarlos a ellos y a mis amigos es para lo único que sirve la plata.

—¿Cómo te encontraste viviendo solo?

—Es una de las mejores cosas que he hecho porque me da tiempo a pensar. Antes llegaba de las giras y mis padres me hablaban todo el tiempo de la gira, la entrevista, la ropa que había usado. No podía aguantar estar siempre hablando de la banda. Ahora si un día no quiero ver a nadie, cosa que me pasa, me quedo encerrado en casa o invito a un amigo a tomar mate.

—Fuiste a los Graffiti a dar un discurso sobre las críticas y los géneros. ¿Lo habías preparado?

—No. Para mí los Graffiti fueron muy importantes y quería disfrutarlo. Al principio me sentí un poco bombardeado sin ningún tipo de razón, por músicos de otros géneros que no supieron entender que la música es música. Entendieron que su estilo estaba bien y lo demás estaba todo mal, y quería aclarar que nosotros estábamos tranquilos, y que parte de esa gente se fue dando cuenta que somos todos iguales.

—¿Cómo es tu trabajo con Fer Vázquez en Márama?

—Somos los dos productores, dos cabezas trabajando para una misma banda. Cada uno que tiene una idea la interpreta en la sala de reuniones donde están los representantes, y se desarrolla. En general es más informal, nos mandamos mensajes.

—¿En el armado del show de Márama trabajan los dos?

—No, eso es Márama solo, la esencia de cada uno.

—Ustedes están jugando más con lo acústico ahora, con arreglos de cuerdas en los shows...

—Porque me gusta a mí. Pero la idea es esa, tener un show en el que se puedan divertir y saltar pero también emocionarse. Creo que somos capaces de lograr eso desde arriba del escenario, porque la música es un estímulo. Me encantan las baladas, pero creo que estoy en el combo perfecto.

—¿Has recibido propuestas para hacer otro camino musical?

—No porque eso sería decisión mía. Pero no lo haría por ahora porque si me tirara como solista traería a todos los mismos músicos. Y hay países donde Márama no se conoce, se conocen las canciones pero no las caras, entonces si voy a Bolivia como Agustín Casanova no saben quién soy. Creo que es un proceso que en algún momento va a llegar, y cuando llegue voy a estar mucho más preparado artísticamente y la gente lo va a disfrutar más. Esto sería un proceso de aprendizaje para lo que viene.

—Querés hacer feliz a la gente. ¿Qué es eso para vos?

—La gente va a tener que buscar su propia felicidad, pero yo le puedo dar una pizca de alegría. Creo que mi misión sería esa, lograr juntar la mayor cantidad de personas en un mismo lugar en un show, para que estén divertidas, contentas, sonrientes. Eso es algo que no tiene precio: ser una persona y hacer feliz a otra ya es lindo, pero hacer feliz a varias es increíble. Es algo que tampoco se termina de asimilar.

Agustín Casanova. Foto: Francisco Flores
Agustín Casanova. Foto: Francisco Flores

Bailando: un show de enseñanza

-¿Bailando por un sueño qué te dejó?

-Mucha enseñanza, al margen de que estuve bajo mucha presión y mucha soledad. Dejarlo me hizo dar cuenta que Márama es hermoso, que no es para nada estresante. También conocí muchas buenas personas, me divertí y evidentemente nos ayudó en la exposición.

-Se te veía bien, mejorando y con posibilidades de ganar, pero cansado.

-Teníamos tres galas límites, pero como yo había visto que podía seguir, seguí. Hicimos nueve galas y ahí me terminó de tirar, además se había sumado la prensa amarillista que psicológicamente me estaba afectando.

-Fuera del programa, ¿la relación con Marcelo Tinelli existe o no?

-Es un crack, es mucho más sencillo en persona que en televisión. Es una de las personas con la que más contacto tuve y generé una buena relación porque es buena persona.

DOS BANDAS EN EL MISMO SHOW

Como lo hicieron hace un año atrás, Márama y Rombai compartirán escenario en el Velódromo, mañana desde las 21:00 en este show que dejará inaugurada la gira del año próximo que harán en conjunto, Noche Loca Tour. Las bandas tocarán canciones de sus primeros discos y otras nuevas, mientras que Rombai aprovechará para presentar una nueva formación y a una nueva cantante, Emilia Mernes, que se suma como vocalista para acompañar a Fer Vázquez. Quedan entradas en venta para este show en los locales de Abitab, a partir de 500 pesos.

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