Charla

El candombe que terminó uniendo a Uruguay y Japón

Una charla con Hugo Fattoruso y Yahiro Tomohiro dos orientales que tienen mucho en común

Hugo Fattoruso, Yahiro Tomohiro
Hugo Fattoruso y Yahiro Tomohiro, amigos orientales

En medio de una tarde calurosa, Hugo Fattoruso abre la puerta de su casa en La Comercial. En el pasillo que da a las habitaciones charlan los japoneses Yahiro Tomohiro y Atsuko Kai, la mánager de Dos Orientales, el dúo donde piano y percusión se unen para establecer un diálogo musical entre dos culturas dispares.

Este es uno de los últimos días de la tercera visita de Tomohiro a Uruguay y mientras nos acercamos a la pequeña sala de ensayos de la casa de Fattoruso, noto la remera del percusionista, que muestra la imagen del tercer álbum del dúo. En esa pequeña habitación conviven todo tipo de instrumentos (teclados, tambores, cajones peruanos) y cables, junto a los afiches de conciertos y las postales que representan los más de 50 años de la trayectoria musical de Fattoruso.

Es en medio de una agenda apretada que los Dos Orientales se toman un tiempo para charlar con El País. En los últimos días se presentaron en el Teatro Solís (para la fiesta privada de una marca de autos japonesa) e hicieron una gira por Flores, Fray Bentos y Paysandú. Además, el 15 de noviembre estuvieron en la avant première de Dos Orientales, el documental de Sofía Casanova y Sofía Córdoba, que narra la historia del dúo.

Dos orientales
Vea el tráiler de "Dos orientales"

“Con Hugo todo es posible”, dice Tomohiro con una sonrisa. Detrás de él hay dos pósteres: uno anuncia las fechas de su gira japonesa de 2014 con caricaturas de ambos músicos, y el otro publicita la de setiembre este año con una fotografía de los dos. “Estamos tocando hace 13 años y nunca me aburro. No sé por qué. Hugo tiene algo mágico”.

El percusionista, que habla español de manera perfecta, es fanático de la música de Fattoruso desde su adolescencia. Vivió durante años en Palmas de Gran Canaria y conoció a la música de Los Shakers gracias a los turistas y músicos de América del Sur que le prestaban discos y casetes. Se emociona al relatar que el disco que lo marcó fue Goldenwings (1976), de Opa, la otra gran banda de Fattoruso, que mezclaba candombe y jazz: “¡Fua! Me atacó. ¿Qué es esto? ¿Es el mismo músico?”.

Casi 10 años más tarde, en 1985, conoció al uruguayo cuando Fattoruso visitó Japón por primera vez cuando formaba parte de la banda del brasilero Djavan. “Toda la vida quise ir a Japón y fue una coincidencia muy grande porque estuve tocando con Djavan solamente tres años. Sin embargo, en ese período hizo dos giras allá”, relata Fattoruso. “Sin eso, nada de lo que pasa hoy hubiera sucedido”.

A lo largo de 13 años, el dúo Dos Orientales recorrió 70 ciudades japonesas, e incluso viajó a Corea y Malasia. Además, el pianista llevó su música al país asiático con los grupos Expreso Oriental, Ha Dúo, Rey Tambor y Trío Fattoruso.

“Para mí es increíble haber encontrado a este gran arreglador, que además es un gran percusionista y ritmista. Es un dúo único”, asegura Fattoruso. Si bien ambos vienen de dos países totalmente diferentes, la música funciona como nexo cultural. Y el candombe es uno de los principales ritmos que aborda el dúo, que ya tiene editados tres discos: Dos Orientales (2010), Orienta (2013) y Tercer viaje (2016).

Tomohiro cuenta a El País que conoció el candombe escuchando la música de Fattoruso. A lo largo de los años aprendió a tocar el tambor chico, y en su casa en Japón tiene uno que le construyó Fernando “Lobo” Núñez. El único momento en que puede tocar el ritmo es cuando el pianista llega a Japón para tocar. “Allá no hay percusionistas para armar una cuerda de tambores”, lamenta.

El músico siente que el ritmo uruguayo guarda cierto misterio y lo comparó como un idioma al que se lo descifra a lo largo de los años. “Siendo profesional me da vergüenza decirlo, pero a veces me cruzo. Hay que vivir aquí, tomar mate y salir en las llamadas para poder sentir realmente el candombe. Es muy profundo”, dice.

Uno de las experiencias más enriquecedoras fue la de haber participado en las Llamadas durante su visita de 2013. “No me acuerdo de nada porque estaba muy emocionado. Cuando empezó a sonar toda la cuerda me perdí y me puse a llorar de la emoción. Fue muy buena experiencia”, dice.

Para Hugo, llegar a Japón le representa una especie de libertad al momento de dedicarse a componer. “Allá estoy muy descansado, no tengo que hacer mandados y estoy apaciguado. Acá estoy con mil cosas, como cualquier persona: mi madre, la casa, cocinar, hacer mandados. Le puedo dedicar más horas a la composición, acá es de a puchito y con presión”, dice.

Uno de los ejemplos de la libertad compositiva se ve en el documental Dos Orientales. Allí recuerda cómo compuso “Cabaña de Kushiro”: en una noche, durante una gira por Kushiro, una pequeña ciudad del interior de Japón, le dijeron al músico que no podía dejar su cabaña porque los osos estaban al acecho. Así escribió esa hermosa pieza, incluida en el primer disco del dúo.

El músico también adora el respeto y la corrección de los japoneses, y aunque no domina el idioma, su forma de agradecerles su generosidad es a través del intercambio musical.

“Hugo es un embajador de la música uruguaya”, lo define Tomohiro. “La gente es tan sensible en Japón que al escucharlo capta que él es diferente. Este señor no está imitando a nadie, es único”. Como buen embajador cultural, en cada viaje el pianista planta la semilla de la música uruguaya con los discos que lleva para obsequiar. Entre los representantes, se encuentra la obra de Alfredo Zitarrosa, Eduardo “Toto” Méndez, Larbanois & Carrero, Los Olimareños, Ruben Rada, Jaime Roos, Eduardo Mateo y Hebert Escayola.

Tomohiro considera que en la música de Dos Orientales siempre hay ideas nuevas, ya que se da espacio para la creación. “Buscamos nuevas ideas, pero no como un laboratorio, sino que salen del corazón”, dice. “Tengo que aprender mejor español para poder explicar todas las emociones que me produce tocar con Hugo”.

“No puedo describir lo que me ofrece viajar por todo Japón con este dúo”, dice Fattoruso. “Yo me siento pleno en todos lados, pero en Japón me siento pleno plenamente”.

Durante las semanas que dura su gira japonesa, Fattoruso y Tomohiro generan un intercambio musical entre los dos orientes. Uno admira la cultura de Japón y el otro está enamorado del candombe. Ambos aman la música y eso los une.

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