MÚSICA

Canciones que trajeron su idioma desde el norte

El artiguense Ernesto Díaz, mañana en Teatro Victoria.

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"Vengo de un encono lingüístico complicado del Uruguay". Foto. D. Borrelli

Ernesto Díaz dejó a principios de 1990 su casa en Artigas, y se vino a Montevideo buscando ampliar los horizontes musicales que había empezado a descubrir en aquel departamento fronterizo que tanto lo ha influido. Estudió música —guitarra con Ruben Olivera, historia de la música europea con Guilherme de Alencar Pinto, y algún que otro taller—, empezó a tocar con colegas y hasta hoy es parte de la banda de Braulio López; también compuso canciones.

"Siempre fui muy fanático de comprar discos pero no de grabar", dice Díaz a El País cuando empieza a contar una historia personal que ya ha repetido muchas veces. Eventualmente tocaba su repertorio con amigos, en algún show pequeño, pero no más que eso.

"Por ahí hubo gente que se interesó. Carlitos Giráldez, mi amigo, me quería grabar un disco y siempre lo mandaba a borrar todo. Y al final (Fernando) Ulivi y Guilherme me dijeron: vas a grabar, pero no vas a tocar el material", revela. "Y yo se los agradezco", reconoce.

Cualquier uno, el único disco solista que Díaz publicó hasta ahora, se editó en 2014, está agotado en disquerías y no se encuentra en internet. Pero estuvo nominado a los Graffiti, ganó un puñado de seguidores y sigue sonando en vivo. Mañana, el músico artiguense y su banda tocarán en el Teatro Victoria a las 21:00, y hay entradas en boleterías a 250 pesos.

"Ahora sí me animo a hacer un disco, pero antes no me parecía que tuviera nada importante para poner en uno", reconoce. "No tiene que ver con que piense que no va a gustar, es más: ¿qué voy a aportar yo con esto? Pensaba: mejor voy, junto mis fuerzas y juego en un club de barrio, porque a mí me gusta tocar con mis amigos".

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Gustos.

Cualquier uno puede gustarle a un público bien distinto, porque reúne una versatilidad notable en cuanto a estilos, tiene una buena poesía y hay canciones en español y en portugués. Todo eso tiene un baño pop en los arreglos, que lo hace más que agradable al oído.

"Vengo de un encono lingüístico complicado del Uruguay, y eso dialoga con lo que yo hago", dice Díaz, que tiene marcadísimo el acento artiguense al hablar y un fluido manejo del portugués y el portuñol en sus composiciones.

Para él, esa mezcla idiomática que tiene que ver con la historia uruguaya y brasileña, no hace más que enriquecer el lenguaje y la persona. "Hay una falacia institucional al decir que lo del idioma es penetración, colonización del Brasil: eso comenzó antes", explica.

Igualmente, reconoce que le costó tener esta buena relación con el portuñol, sobre todo porque en la dictadura hubo afán de erradicarlo. "Era como estar sucio, y mucha gente se convenció de eso", señala.

El portuñol se convirtió en una de las características más obvias, sobresalientes y llamativas de la obra de Díaz. Pero también la conciencia de ser artiguense, donde no hay un CTI público —por mencionar una de las carencias de esa sociedad—, y sus idas y vueltas constantes con Montevideo, donde vivió más de 20 años.

"Todo eso es más urgente que el tema lingüístico, al que no le veo nada raro. Tampoco le veo novedad a lo que hacemos nosotros, porque gente anteriormente ya lo ha hecho allá. Lo que pasa que es más difícil llegar a los medios, pero si Gardel se hubiera quedado en Tacuarembó no hubiese sido Gardel. El centralismo tiene cosas buenas y malas", reflexiona.

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