MÚSICA

Canciones sofisticadas con un sabor uruguayo

Illya Kuryaki and the Valderramas tiene nuevo disco, L.H.O.N..

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Illya Kuryaki and the Valderramas Foto: Difusión

Así como IKV es Illya Kuryaki and the Valderramas, L.H.O.N. es en realidad La humanidad o nosotros. Así de tajante bautizaron Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur a la última creación de este dúo/banda de rock/hip hop, que una vez más se luce: su nuevo disco, que presentarán el 6 de agosto en La Trastienda, está buenísimo.

La palabra "buenísimo" es la mejor para calificarlo porque carga con la cuota de entusiasmo necesaria, con la cuota de goce. El 80 por ciento de los temas de este trabajo son para gozar: desparraman groove, musicalmente son espectaculares y, además, se prestan para bailar largo y tendido.

"Como un brebaje que hoy te hará mover los pies", cantan en "África", uno de los grandes temas de L.H.O.N., y ese verso parece aplicar al grueso de este repertorio, capaz de meterse en el cuerpo del menos danzarín y obligarlo a, cuanto menos, algún contorneo.

Pero detrás de esa obligación de bailar, el disco de Illya Kuryaki esconde el encanto de siempre, que está muy emparentado a las líneas de bajo, que esta vez van a cargo de Mariano Domínguez (Francisco Fattoruso no fue parte del disco, sí el guitarrista Matías Rada). Y una uruguayez que se presenta ambigua.

Desde que arranca L.H.O.N. con "Aleluya", tema destinado a hit y con espíritu de mantra (por eso de "transformar el dolor en amor", por ejemplo), aparece una influencia negra muy bien manipulada —tanto de funk como de candombe—, y también una sonoridad que remite a Hugo Fattoruso, a Ruben Rada y, levemente en "Gallo negro", a Eduardo Mateo.

Sin embargo, los IKV son demasiado sofisticados para ser una banda masiva en Uruguay, donde además tradicionalmente el público que se anima a bailar no es tan amplio. Spinetta y Horvilleur son tan buenos y tan capaces de desenvolverse en varios terrenos musicales, que se los termina mirando como raros.

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Lo "raro" de este disco, si se quiere, son los temas lentos y cómo se mezclan con los demás. El cambio de sintonía entre "Hombre libre" y "Sigue" es demasiado radical y se extiende en otras baladas downtempo que cortan abruptamente el swing inicial. Lo interesante es que ahí aparecen Natalia Lafourcade y Miguel, los dos invitados de L.H.O.N., que aportan un toque de distinción.

La mexicana pone su dulce voz al servicio de "Ey Dios", mientras que el estadounidense de raíces latinas canta "Estrella fugaz", con una mezcla que se convierte en una especie de pop melódico latino. Podría haber sido mejor explotada la intervención de uno de los artistas del momento en el mundo.

Pero IKV tiene un muy buen disco entre manos, que pasa por alto esa colaboración o los cambios de ritmo para dejarle al público una idea de disfrute, de fiesta y de buen momento.

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