Entrevista

Las canciones de dos guitarristas con química

Juan Pablo Chapital y Nicolás Ibarburu tocan en la Balzo

Juan Pablo Chapital y Nicolás Ibarburu
Dúo. Ibarburu y Chapital creen que tocar juntos es un placer porque llevan la “viola” por el mismo lado. Foto: Ariel Colmegna

Juan Pablo Chapital recuerda seguido que conoció a Nicolás Ibarburu cuando éste, un adolescente, tocó en su colegio y lo sorprendió. “Yo tocaba dos acordes y Nico ya tocaba como ahora. Ahí ya quería que fuera mi amigo y mi profesor de guitarra”, dice. Hace unos días, entre tanta anécdota que guarda, le saltó una que lo emocionó: había ido a ver un show de Pepe Vázquez -la banda de Ibarburu con su mellizo Martín, Gustavo Montemurro y Federico Righi- y después del toque, cuando volvía caminando con un amigo, “a esa edad que caminás 40 cuadras y no te importa nada, le dije: ‘pah, algún día quiero tocar con esos tipos’”.

Pasaron unos cuantos años y ahora, en una sala de la casa de Ibarburu, los dos ensayan mano a mano para un recital a dos guitarras y con voces que van a dar el próximo miércoles a las 20.30 en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional. Inauguran el ciclo Cuerdas -que tendrá un show por mes hasta noviembre-, donde presentarán su primer disco juntos, Amanecer en Tandil, y tocarán “El arriero” de Atahualpa Yupanqui con Pinocho Routin, otro de los artistas del ciclo.

Cada uno compuso la mitad de las canciones del álbum, a esas sumaron una de Eduardo Mateo. “Todas arregladas para dos violas. Una nueva interpretación de los temas”, explica Chapital y cuenta que tener de invitado a Hugo Fattoruso, un referente para ambos, es otro de los privilegios de este proyecto que tienen, y que no sabe si es porque se va poniendo viejo, pero lo emocionan esas cosas. Además, y no es detalle menor porque lo pone nervioso, es la primera vez que se va animar a cantar algo propio.

Tocaron juntos por primera vez en la sala Zitarrosa, Ibarburu presentaba su proyecto, Chapital el suyo, pero en un momento hicieron una canción a dos guitarras y se coparon con lo que escucharon. No solo ellos: “Pila de gente nos dijo lo bueno que quedaba el sonido de los dos juntos. De ahí nos fuimos a tocar a Argentina y pasó lo mismo”. En ese entonces, los vio Gastón Gauna, dueño de un estudio en Tandil, “amigo nuestro a estas alturas, pero un loco que nos escuchó y nos convidó a grabar gratis”, narra Chapital. Otro amigo les organizó una "minigira" que terminó en esa localidad de la provincia de Buenos Aires, y ahora será la primera vez que presenten oficialmente su proyecto en Uruguay.

Ibarburu cree que lo mejor de esto es haber encontrado a una persona tan cercana que tiene una misma búsqueda a través de la guitarra, “va surgiendo armonizar y buscar otras posibilidades de la viola. Es un viaje que nos lleva a veces a la chamarra, a la milonga y de repente vas al jazz o para algo más funkero, se va entretejiendo todo eso”.

Más allá de la búsqueda y los descubrimientos sonoros, ambos creen que lo más placentero es “curtir y tocar a través de la amistad”. Les gusta pensar, que ya sea en composiciones instrumentales o canciones, se nota el sentimiento y el “coloque” a la hora de tocar, que es posible, dicen, gracias a la química evidente entre los dos, “es el motor del proyecto”.

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