MÚSICA

La verdad en las canciones de una estrella que va creciendo

La española Vanesa Martin se presenta por primera vez en Montevideo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La cantante viene a presentar el disco "Munay", en La Trastienda. Foto: J. L. Tabuena

No será estrictamente la primera vez que estará en el país, pues hace algún tiempo vino a presentar su música a los medios locales, y contribuyó con eso a que sus canciones empezaran a sonar en la radio. Pero sí será la primera vez que se presentará en vivo ante su público uruguayo, que ha hecho campaña en las redes sociales para hacerle notar el cariño con el que se encontrará en este regreso.

Martin es una de las mujeres que le ha dado aire fresco a la canción española en los últimos años. Mezcla de cantautora y estrella pop, esta malagueña radicada en Madrid es un éxito de ventas que maneja con cautela la popularidad, y una colaboradora constante de otras figuras de la música hispana, desde Franco De Vita a su coterráneo Pablo Alborán.

Y mañana jueves se subirá al escenario de La Trastienda a las 21:00, con la intención de estrenar su disco Munay y repasar los otros trabajos con los que fue construyendo una carrera a pasos cortos pero siempre seguros (quedan las últimas entradas en Red UTS, desde 600 pesos). "Estoy deseando llegar y cantar con mis músicos", dice en conversación telefónica con El País, antes de esta visita.

—¿Qué buscaste con Munay, este nuevo trabajo?

—En este disco me he desnudado en cuerpo y alma, si cabe, más que en ningún otro. No sé si por la experiencia o por necesidad. Yo no suelo tener pudor a la hora de expresarme a través de mis canciones, pero sí, con este disco he dado un paso más allá. Por todo lo que venía pasándome con el disco anterior (Crónica de un baile), que fue muy bonito, la gira muy extensa y momentos inolvidables, tenía la necesidad de esa esencia, de esa alma. Por eso lo he desnudado un poco más en cuanto a arreglos y artificios, y la voz está como en un muy primer plano, contando verdaderamente la historia. Y evidentemente no todas las canciones son autobiográficas porque no he tenido tiempo de vivir tanto (se ríe), pero sí creo que hay mucha verdad en todas.

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—¿Que haya verdad es una prioridad tuya a la hora de ponerte a componer?

—Siempre, en toda mi vida las canciones tienen que tener mucha verdad, porque si no yo creo que no se sostienen en el tiempo. Quizás eso es lo que hace que conecte a priori con gente tan diferente.

—¿Eso también lo necesitás a la hora de escuchar música?

—Sí, completamente. Para que me guste algo necesito que me atrape de alguna manera. Primero que me llame la atención, y después que me cuente verdades, y que haya ahí una esencia fuerte, pilares fuertes.

—Decías que en Munay te desnudaste más, y eso implica un riesgo extra. ¿Cómo lidiás con esa exposición?

—Sí, es un riesgo mayor porque nunca sabes tampoco cómo va a responder la gente. Pero cuando estaba en Los Ángeles grabando con el productor Eric Rosse, llegó un momento en que le dije: "mira, yo me voy a limitar a disfrutar, no voy a pensar más en nada. Quiero hacer este disco como lo tengo en mi mente, con el sonido que sueño y que se me viene a la boca cuando intento reproducirlo". Y sé que es un riesgo, pero también es un gustazo cuando lo consigues.

—El año pasado debutaste como escritora con Mujer océano, que en España es un éxito de ventas. ¿Eso te modificó como compositora?

—Sí. Yo soy muy impulsiva, compongo por impulso completamente, y con el libro aprendí un hábito, entonces ahora intercalo casi siempre el hábito con el impulso.

—Hace poco respondiste un cuestionario de lectores, en el que alguien te hablaba de las "canciones adultas" de Munay. ¿Asociás ese concepto con tu nuevo disco?

—No, la verdad que no. No suelo poner etiquetas a lo que hago ni a lo que hace nadie, y no creo que sean canciones adultas. Son canciones y punto final, ya la edad y los matices se los pone cada uno.

—El amor y el romance atraviesan tu repertorio. ¿Sos romántica en general?

—Soy una persona bastante enamorada de la vida en todos los sentidos, del presente, del aquí y el ahora, y del no drama excesivo. Hay que saber decir adiós sin estancarse. Yo le canto al amor desde una posición universal, como el motor que mueve al mundo. Y debería moverlo un poco más.

—Pero en tus primeros discos hay una carga bastante más dramática que en este.

—(Se ríe) Sí, la verdad que sí. El primero era horrible. A veces cuando me lo pongo digo: "¡Cómo estaba yo!". Fatal.

—¿Seguís haciendo canciones de ese disco?

—Sí, hago alguna. Por ejemplo "Durmiendo sola", que como no la cante creo que me matan. "Aún no te has ido" es una canción que me llena de vida, y hago alguna otra porque independientemente de que son canciones que la gente demanda, a mí me conecta mucho con el principio de todo.

—¿Pensás mucho en eso?

—Pienso en la evolución que he tenido en estos 10 años, de pico y pala, de carretera, de ser perseverante y querer mejorar, querer conseguir cada vez más. Esa ambición sana de querer crecer en esto, que es tu manera de expresarte con el mundo. Sigo siendo la misma del primer disco, lo único que ahora tengo mucha experiencia, y por suerte ahora va mucho mejor y disfruto de todo mucho más.

—¿Queda algo de esa muchacha que golpeaba puertas con la guitarra a cuestas?

—Todo. Sigo llevando la guitarra en modo tortuga, sigo ilusionándome con las mismas cosas básicas, y con esa misma energía y esas ganas, con ese respeto al público que te elige y con ese miedo a que de repente, algún día esto se desbarate.

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