Entrevista con Santiago Cossarini

Esas canciones que empezaron en los ómnibus

Nahual se presenta el 10 de agosto en La Trastienda

Nahual
Autodidacta. A los 16, quería tocar la guitarra y aprendió con cancioneros que tenía de los Beatles. Foto: difusión

Santiago Cossarini es porteño, pero no se nota, por lo menos no en su acento. La expresión “gurisa” deja en evidencia que lo uruguayo lo ha tomado. Tiene lógica, ya que vive acá desde los 21 y ya tiene 38. Se vino por amor, por una “gurisa” que conoció en Valizas y lo convenció de que acá podría vivir de su música. Suena extraño escuchar eso, cuando muchos dicen que para alcanzar algo hay que salir. Pero le hizo caso, y se vino a vivir en una pensión montevideana y cantar en los ómnibus.

Puede que muchos de los lectores se lo hayan cruzado alguna vez. Es que eso de los ómnibus fue lo que Cossarini llama un “período transitorio” que duró 13 años. Desde entonces, y todavía, aunque dejó ese escenario ambulante en 2014, puede vivir de la música. A lo que empezó en el transporte colectivo, le puso un nombre, Nahual, y con ese proyecto pasó por bares, por La Colmena, por la Hugo Balzo, la Zitarrosa, la Vaz Ferreira y este 10 de agosto, estará en La Trastienda, con su show Rojo.

Será a las 21.00, y las entradas, entre 411 y 719 pesos, están en venta por RedUts.

Lo que antes era un show con sonido acústico, ahora tendrá su parte de “banda de rock”, explica a El País. Tocarán con él el baterista Tato Bolognini, el bajista Rodrigo Calzada, en guitarras estará Pedro Alemany y Rulo Bentancur que hará coros y percusión. Pero sus momentos a solas con la guitarra, esos que recuerdan al Cossarini de los bondis, no van a faltar.

Si a Cossarini le quedaba un punto para ser uruguayo, terminará por completarse ese viernes: la canción más popular de las que compuso, “De la tierra”, tendrá su versión murguera, con La Gran Muñeca. Después de todo, la agrupación la reversionó para el carnaval 2017, “y aprovechando que ellos optaron por mi música, los invité”, dice el cantautor, que además considera que la letra que hicieron “fue espectacular”.

“Hay un montón de cosas con las que todavía no sé qué quiero hacer o cómo lo quiero hacer. Voy tratando de conectarme con cómo estoy, cómo me siento, qué quiero ahora”, añade. Para él, hacer un concierto siempre tiene que causarle esa sensación de juego. Por lo que si en el momento se le antoja agarrar la guitarra eléctrica y jugar a ser rockero, lo va a hacer, advierte.

En Facebook, Cossarini tiene unos siete mil seguidores y son bastante activos. Siempre que pueden le están recordando alguna de las veces en la que lo vieron en un Copsa. Para él, la diferencia que le permitió ganarse todo el afecto y llegar a vender mil discos por año en ese recorrido -10 mil en total-, está en que siempre tuvo claro lo que quería.

“Desde que arranqué, siempre toqué mis temas. Eso para mí le da un valor distinto para el que está escuchando. Tampoco fui a ver qué onda, siempre fue mi plan prosperar con las canciones y que me vaya bien”, dice. Sobre los discos, añade que cuando los grabó, tenía la esperanza de vender al menos dos por día -al principio a 50 pesos, después a 100- para complementar las monedas. El primer día vendió cuatro. Después, le compraban entre 12 y 15, y en alguna fecha alcanzó los 45 en una jornada. Hasta ahora lleva tres álbumes editados: De la tierra (2011), Del sol (2014) y Forastero (2016), disponibles en disquerías y en Spotify.

Escribir canciones no fue lo que quiso siempre. Entre los 13 y los 16 quiso ser jugador de fútbol profesional, se probó en varios equipos y cuando finalmente fue fichado por Defensores de Belgrano -un cuadro de la B-, ya se había apasionado por la guitarra.

Aprendió solo, tocando en su cuarto con cancioneros de los Beatles. Le costó, desafinaba y no encontraba el ritmo, al punto que en su casa le cerraban la puerta del cuarto. Pero entonces compuso su primera canción, se llamaba “Despertar” y mezclaba todo lo que sentía en ese momento. Desde ahí, supo que quería dedicarse a la música.

Todavía se acuerda cuando, viviendo en Buenos Aires, su madre le dijo que estaba preocupada por él, que no lo veía hacer nada con su vida. 15 años después, en la Zitarrosa, le demostró que podía estar tranquila, su público subió al escenario y cantó a coro una de sus canciones, ella estaba presente.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)