Los escoceses Belle and Sebastian y su nuevo disco

Canciones para que bailen los espíritus sensibles

Ojalá podamos ir a Uruguay este año", dice Richard Colburn, baterista de la banda escocesa Belle and Sebastian, una de las más respetadas de la música británica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Belle and Sebastian con disco nuevo, nuevo sonido y promesas de venir a la región.

A todos les dirá lo mismo, pero con Girls in Peacetime Want Do Dance ("En tiempos de paz las chicas quieren bailar", Matador/Ultrapop), el noveno disco de la banda y la inevitable gira quizás, sí, esta vez incluya esta modesta plaza sudamericana.

"Estamos muy ilusionados con este nuevo disco", dice Colburn, uno de los miembros fundadores, en charla con El País. "Tenemos nuevo management, nueva editorial y nuevo sello. Es como empezar de cero".

Es bastante para una banda formada en 1995 en Glasgow, que ya con sus dos primeros discos Tigermilk y If Youre Feeling Sinister, consiguieron notoriedad. Era un sonido novedoso, mencionado por algunos como un "pop de cámara" que recurría a varias fuentes, principalmente el folk rock y el pop británico. El producto era agradable e intelectual, una premisa que queda claro desde el nombre de la banda, Belle and Sebastian, tomado de una historieta francesa.

Ese refinamiento lo hicieron global a partir de The Boy of the Arab Strap que los convirtieron en la banda del momento para espíritus sensibles de fines del siglo pasado. Fue en ese momento que sus discos empezaron a circular en Montevideo.

"Nos dimos cuenta rápido de que teníamos una audiencia global cuando en 2001 tocamos en Brasil, nuestra primera visita a América del Sur y no podíamos creer que toda esa gente conociera nuestras canciones", dice Colburn.

Desde entonces han armado su carrera con ese sonido propio y extendiendo su área de acción a bandas de sonido (Storytelling de Todd Solondz, 2002) y hasta su propia película (la más vistosa que lograda God Help the Girl) dirigida por Stuart Murdoch, fundador y líder del grupo.

A pesar de que son un septeto, la presencia de Murdoch es muy fuerte por lo que siempre se ha confudido (más después de la salida de otra figura fuerte del grupo, Isobel Campbell) como un proyecto personal. Para Colburn no es tan así.

"Stuart es definitivamente el más fuerte creativamente en la banda, pero también hay otros compositores y todos los músicos arreglamos nuestros instrumentos", dice vía telefónica. "Con el tiempo hemos aprendido a lidiar mejor con esas cosas y hoy fluye naturalmente". Quizás tenga razón en que "cuando una banda está tanto tiempo junta, es que hay una buena química".

En Girls in Peacetime Want to Dance, el grupo amplió su sonido. Fueron a grabar a Atlanta con productor con credenciales modernas (Ben H. Allen III) y unas influencias que van desde el funk al pop electrónico de la década de 1980 y la música disco. "Hay más canciones electrónicas", dice Colburn. Otra influencia explícita es la intención de hacer un disco en el estilo de Eurovisión, el certamen musical paneuropeo. Lo consiguieron. "La canción Enter Sylvia Plath podría ser la representante de Rumania en 1973", le dijo Murdoch a The Stranger.

Es un disco bailable y festivo con letras sobre corazones rotos. Puro Belle and Sebastian.

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