CALAMARO

Canciones que acompañaron una vida

Entrevista con el argentino que tocará sus éxitos en formato acústico en el Auditorio del Sodre.

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Andrés Calamaro. Foto: Difusión

Parece mentira que Andrés Calamaro venga regalando canciones hace, por lo menos, 35 años. En ese tiempo se ha convertido en uno de los grandes rockeros argentinos de todos los tiempos y el único con éxito y prestigio paralelos en España: pocos pueden alardear de una fama así de transatlántica porque, vamos, el rock de su país siempre ha sido de suceso comarcal.

Ya sea con Los Abuelos de la Nada, Los Rodríguez, o en su incansable carrera solista, este porteño nacido en 1961, ha firmado canciones como "Mil horas", "Sin gamulán", "Costumbres argentinas", "Mi enfermedad", "Dulce condena","Sin documentos", "La milonga del marinero y el capitán", "Flaca", "Media Verónica", "Crímenes perfectos", "Loco", "El salmón", "Estadio Azteca", "Mi Gin Tonic", "Cuando no estás", "Rock y juventud". Es un repaso parcial y espontáneo: cada uno puede hacer su playlist de favoritas de Calamaro y capaz que no ubica ninguna de esas.

Calamaro, además, ha mostrado una incontinencia compositiva que ha compartido generosamente. El Salmón es un disco quíntuple y el año pasado apareció otra "grabación encontrada", un recurso que debe haber aprendido de uno de sus referentes, Bob Dylan.

Uruguay ha estado siempre cerca de él desde que tenía "meses de vida", dice, pero muchos lo tienen por el incidente que él recuerda como "la noche del mate amargo". En un show en la Rural del Prado increpó a los espectadores (que veían el show con la habitual tranquilidad nacional) como "más amargos que el mate", y dijo una gran verdad ("como público de rock son mucho mejor los argentinos") que la parcialidad local recibió como ofensa.

Ahora vuelve a Uruguay como parte de su gira Licencia para cantar que lo tiene recorriendo Iberoamérica y Estados Unidos. Habrá dos oportunidades para verlo (el 10 y el 11 de julio en el Auditorio Adela Reta) en un formato acústico, "de trío con cantante" como él dice. El repertorio incluye muchísimos de sus éxitos, algunos tangos, y un par de boleros. El resultado se parece mucho a lo que hizo, solo con piano, en las Romaphonic Sessions, su anteúltimo disco.

Antes de llegar a Uruguay, Calamaro contestó, vía mail, unas preguntas de El País.

—En Romaphonic Sessions menciona dos veces Montevideo. ¿Tiene presente su primera visita a Uruguay? ¿Cuál es su mejor recuerdo de acá?

—Supongo que visité Uruguay con apenas meses de vida. Transcurrieron mis veranos en la orilla oriental hasta mi adolescencia. Después volvería para cumplir servicios a la música. Con García, con Pappo, Con Miguel Abuelo … y liderando mis propios grupos. Un momento inolvidable fue aquel festival donde me pasé demasiado tiempo parlamentando con el público … La noche del mate amargo.

—En ese disco, además, incluye una versión "Biromes y servilletas" de Leo Maslíah, ¿cómo se cruzó con esa canción?

—Escuché una version extraordinaria de Milton Nascimento con Hugo en piano.

—En Romaphonic construye un canon de canciones propias y ajenas. ¿Puede ser visto como un mapa de Calamaro como compositor?

—No lo veo así. Las canciones propias —incluidas en el disco de piano— son versiones modificadas para un concierto acústico, las grabamos para mandarlas a Madrid y que otros dos músicos las escuchen (lo mismo que los tangos y la canción grande) para ensayarnos. Mi mapa musical es mucho más amplio y se completa con El Salmón, el quinto CD de Obras Incompletas, grabaciones escondidas y los buenos conciertos en vivo.

—Como cancionista, ¿qué cerca siente que está de los grandes compositores como algunos de los incluidos en sus shows?

—Se sufre un poco en la comparación con los más grandes compositores. Hay mucha distancia. Grandes letristas y ofertas armónicas muy interesantes.

—Ya que estamos, en "Nueva zamba para mi tierra" uno se da cuenta, por ejemplo, de lo influyente que fue Litto Nebbia. ¿Cuál cree que es la influencia de Calamaro en la música argentina?

—No lo sé. Creo que mi identidad se encuentra en más variedad que la de aquellas canciones que forman parte de un repertorio de multitudes. Supongo que hay muchas canciones que todavía no fueron "descubiertas" del todo … Pero soy agradecido y me parece importante que diferentes generaciones (en toda América) escuchen frecuentemente mis canciones… Espero haber cumplido con el destino del canto.

—La canción "Rock y juventud", habla de la unión de esos dos conceptos, por un lado, pero también me da la idea de que el rock se ha vuelto un grupo cerrado. ¿El rock and roll se ha vuelto una cofradía?

—Con el tiempo "Rock y Juventud" se me revela como una canción sentimental, una especia de Romeo y Julieta anticipado. Sin involucrar familias ni suicidios, no de momento. En cuanto al rock, es una institución. Hay mucha gente escuchando otra música, pero multitudes que viven el rock y le ofrecen su tiempo. Tratando de convertirse en músicos o en un grupo de rock, ensayando, esperando una oportunidad. Es universal, tiene mucha historia, es un camino que te lleva a descubrir más música, incluso otros géneros. Hay tanta gente en el mundo que se desayuna con AC/DC.

—En ese sentido, Volumen 11 es un disco de potencia rockera y a su vez hay algo nostalgioso en él (esos blues que incluye, por ejemplo). ¿El rock puede ser tan nostálgico como el tango?

—El detalle de nostalgia es estar cantando canciones que cantaron Pappo o Luis Alberto … o el punto ranchero. La nostalgia en el rock compromete otros sentimientos en el público. Uruguay y Argentina tienen algo de nostalgias en la étnica genética cultural que también se imprime en la obra de algunos de los más importantes creadores de rock. También del rock.

—Usted ha sido siempre muy espontáneo. En ese sentido, ¿cómo valora la exposición mediática que tuvo hace un par de años, con apariciones en shows de televisión y esas cosas?

—No me enteré. Hago muy poca televisión. Nunca voy a shows de televisión, a lo sumo hago alguna entrevista con gente de confianza. Jamás me presté a ridículos mediáticos. ¡No que yo sepa! Me mantengo totalmente ajeno a ese tipo de fluidos mentales. No estoy pendiente de una actualidad "trans" que fumiga desde la televisión y otros sitios inmundos. Estoy blindado con "Kevlar" y amianto para esas cosas. Escucho música. Soy militante de la música.

—¿Qué es lo que menos le gusta de la imagen que la gente tiene usted?

—No sé lo que piensa cada persona de mí. Este oficio es así: mucha gente me acompaña, otros me critican y a otros les resulto indiferente o no me conocen de nada. Existe una tendencia a pronunciarse por lo que "no te gusta" para hacerse el interesante … Pero la música que no te agrada no hay por qué escucharla. Me resulta extraño "tener una imagen en la gente" … le soy sincero. Soy mejor de lo que piensan pero peor de lo que se imaginan.

—Como pocos, usted ha mantenido una carrera transoceánica sin dejar de ser porteño. ¿Cuál es la seducción de los españoles por lo argentino?

—En España me respetan mucho en lo musical y en lo intelectual. Tengo buena amistad con personas de otros gremios fuera de la música. Los músicos me respetan, incluso en el universo flamenco. Allá no soy solamente un músico, soy un referente de una actitud frente a caricaturas de la "corrección política". En otros términos, España rechaza todo lo nuevo … cualquier cosa que no sea un disco lejano que es imposible volver a grabar más veces … No saben tratar a los artistas.

—Está en el medio de su gira de Licencia para cantar. ¿Cómo lo ha tratado hasta ahora la vida en la carretera?

—La vida en la carretera también es nuestra vida. Pero ya no es una fiesta permanente. Las "fatigas del cantante" se sienten. Como las esperas en aeropuertos, los viajes permanentes, observar por la salud intacta … Pero prometo no quejarme de los inconvenientes del éxito, prefiero esto y no la tensa tranquilidad del fracaso.

Una gira acústica que lo trae de nuevo.

Andrés Calamaro hace escala montevideana de su gira Licencia para cantar el 10 y el 11 de julio en la Sala Eduardo Fabini del Auditorio Adela Reta. Viene en formato trío con cantante. "Un repertorio que se apoya también en el silencio y en el espacio entre los sonidos de los instrumentos", adelanta. "El concierto acústico que mi gente me reclama desde el siglo pasado. Un pianista importante, un contrabajo espléndido, y un percusionista con clave y compás. Lo que no vamos a ver ni escuchar son las guitarras eléctricas, la batería y canciones que elegimos no tocar y reservar para el sexteto eléctrico".

Un rockero de la resistencia.

Andrés Calamaro trabajó con glorias del rock argentino (Miguel Abuelo a quien le revolucionó Los Abuelos de la Nada) y español (el argentino Ariel Rot, a quien le dio el pop que hizo grandes a Los Rodríguez ). Esa clase de gestos y esa impronta de ser el más grande de todos, le dieron una presencia estelar en ambas orillas del Atlántico. Es un mérito importante para un compositor que empezó en el pop (en realidad en el candombe como parte de Raíces, la banda porteña del uruguayo Beto Satragni), se afianzó en el rock y hoy es un compositor que puede sentirse cómodo en un crossover melódico, bolerístico o tanguero. Es uno de sus cantautores con vocación de masividad que no ha traicionado cierta imagen de rockero rebelde y que aún lo mantiene "sexy y barrigón", una frase que es un estandarte propio.

Aunque su último disco que es casi un homenaje al rock argentino (Volumen 11) no es uno de los mejores de su obra, una canción como "Rock y juventud" alcance para mantener la fe intacta, Calamaro está sobrado en eso de hacer canciones. Bohemio, su disco de 2013, tenía composiciones con cosas para decir (¡qué buena que es "Cuando no estás"!). La versión que llega a Uruguay es la más reposada, la que solo con un trío le da lugar no solo a las canciones propias, sino también a sus homenajes personales, siempre con esa voz de rocker de la resistencia.

Encuentro con un maestro.

—Necesito que me cuente de la experiencia de conocer y grabar con Juan Gabriel con quien grabó "Te recuerdo dulcemente" para el álbum Los Dúo 2.

—Fue entrañable y muy interesante. Además de un desafío musical porque el Divo fue un intérprete superdotado además de un compositor. Viajamos a Cancún y grabamos en un estudio de su propiedad. En un mismo terreno tiene dos casas y dos estudios profesionales. Él fue muy cálido, conversamos mucho, quiso saber de mí, de mi familia y de mi historia personal. Y me regaló un libro de Séneca, el estoico. Fue una gran experiencia. Cada segundo con Juan Gabriel fue digno de recordarse con gratitud.

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