MÚSICA

Los caminos de la vida y de los instrumentos

Uruguayo Blanco Fadol tiene su colección en tres museos.

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Blanco Fadol. Foto: Francisco Flores

Carlos Blanco Fadol es uno de esos apasionados capaces de perseguir su pasión a lo largo y ancho del mundo. Durante las cinco décadas que pasaron desde que se fue de Uruguay, este etnomusicólogo —que mañana dará una charla en el espacio Punto de Encuentro (San José 1116)— recolectó miles de instrumentos musicales étnicos. O sea, instrumentos de culturas que antes se denominaban "primitivas" pero ahora se las conoce como "originarias".

Esa colección, y el trabajo que insumió construirla, lo llevó a más de 100 países, a vivir en varios de ellos y aprender los rudimentos de sus lenguas (durante la charla con El País tira algunas frases en sueco, por ejemplo), y a establecer contacto tanto con pueblos originarios como con autoridades oficiales y diplomáticas de muchas partes. También lo llevó a estar dos veces postulado para el Premio Príncipe de Asturias, aunque no lo ha ganado. Al menos hasta ahora.

Sobre parte de todos esos periplos es que Blanco Fadol disertará mañana en Punto de Encuentro, donde también hablará de los tres museos que fundó en España, el país en el cual más o menos sentó cabeza. Más o menos, porque él no se queda mucho tiempo quieto. "En realidad, soy un viajero. Si bien me radiqué en Alicante, he viajado mucho, viví en Grecia, en Suecia y en varios países más", dice sobre sus itinerarios.

Todo empezó con el folclore, cuenta, cuando desde Paysandú salió a cantar y tocar por América Latina con un conjunto llamado Los Charrúas. La idea era ir recorriendo distintos países de América Latina con sus compañeros hasta llegar a Estados Unidos. Pero los planes tienen una porfiada tendencia a cambiar según designios poco claros, y él y sus amigos fueron desperdigándose por el mundo (uno de ellos lo acompaña en la charla con El País, y cuenta que hace poco volvió a radicarse en Uruguay luego de décadas en Colombia).

En España comenzó con su labor de investigación y recolección de instrumentos étnicos, una colección que hoy, dice, está valuada en 14 millones de euros.

Juntó tantos instrumentos que los empezó a exhibir en museos. El primer museo lo fundó en 1999, en Altea, cerca de Alicante. El segundo abrió en Murcia, y el tercero, hace menos de un año, en Busot, también cerca de Alicante. Ese tercer museo iba a ser, en realidad, un museo en Paysandú. "Ya estaba todo el acervo en cajas para ser trasladado a Paysandú. Había conseguido financiación de la Unesco para acondicionar el lugar donde iba a estar el museo, y todo lo que iba a estar expuesto ahí era mi donación, mi regalo a la ciudad, mi ciudad. Pero no pudo ser".

—¿Por qué no pudo ser?

—Porque hubo elecciones municipales y las nuevas autoridades no quisieron concretar el proyecto.

El tema le causa bastante tristeza y no quiere ahondar en él. Por eso se concentra en hablar de la charla que dará mañana a las 18:30 en el local del Ministerio de Educación y Cultura. Además de contar sobre su interés, también exhibirá un documental Yagua (2010), sobre uno de los pueblos del Amazonas, en el cual él figura, y también un registro sobre un encuentro entre la música andina y la china, en Beijing.

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