Se consolidan nuevos grupos que no muestran actitudes partidarias

Los caminos de las murgas para enfrentar los vaivenes políticos

Prácticamente ha finalizado la primera rueda del concurso y se confirma la sensación previa de que al estar en un año extremadamente político, vuelven a notarse en los repertorios de las murgas varias disyuntivas que movilizan a los libretistas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La Buchaca presenta en su espectáculo un cuplé sobre Maduro. Foto: ANA LAURA DE BRITOS

Ubicarse en el marco de la crítica política parece ser lo más complicado para los conjuntos. Históricamente la murga ha sido más proclive a los movimientos de izquierda, más allá de contadas excepciones que existieron, como Saltimbanquis, Arlequines y Nuevos Saltimbanquis, pero que ya no se presentan al concurso desde hace bastante tiempo.

Sin embargo, ese espacio parece haber sido ocupado por una nueva generación de murgas que no se define políticamente y que desde esa indefinición adopta un lugar cómodo para establecer el espacio de la crítica y elevar el grado de dureza de la misma. Al no existir una definición partidaria hay una mayor libertad para criticar a todos los sectores por igual. Esto puede obedecer también al descreimiento de las generaciones más jóvenes que se están instalando en Carnaval y empiezan a hacerse notar con un nuevo estilo de hacer murga. Algunos de los ejemplos más claros en este sentido son La Mojigata o La Gran Siete.

El espectador puede sentirse beneficiado porque la nueva ola empieza a dejar de lado la linealidad discursiva para apelar a mecanismos como la ironía y la alegoría y así generar un nuevo estilo de crítica política.

Choques.

Sin embargo, esta postura también tiene sus adversarios que observan en ella una crítica inconducente y poco comprometida, propia de quien se ubica en un espacio de "objetividad incuestionable" generando la sensación de que nada sirve y que no hay propuestas con las que el público se identifique en su totalidad.

El proceso de renovación generacional en los componentes del Carnaval intenta sacar de los repertorios la política partidaria, pero se encuentra con un público arraigado a las raíces de la fiesta de fines del siglo pasado y al que le cuesta acomodarse al nuevo discurso.

La generación de murgas crecidas en la dictadura, entre las que se encuentran grupos como Los Diablos Verdes, Araca la Cana o Falta y Resto, enfrentan una parada muy difícil porque deben posicionarse en una campaña electoral en la que el gobierno está en manos de la izquierda, ideología con la que históricamente se identifican. Pero aún en ellos el choque generacional tiene efectos fundamentales, en tanto hace que sus discursos empiecen a variar. La anárquica Falta y Resto parece ser este año más anárquica que nunca al encarar una crítica profunda a las conductas hegemónicas, siendo muy bien recibidos por el público.

El cambio de los repertorios tiende a enfocarse más en la conductas que en los hechos puntuales y la crítica pasa a un lugar de mayor profundidad, porque no se enfoca en un hecho en sí mismo y pretende atender a la forma en la que la sociedad aborda esa situación. Es así que se ven cuplés en los que ya no se habla de lo que el diputado tal votó en una sesión parlamentaria o de lo que el senador equis argumentó en un voto, sino que se cuestionan conductas genéricas como la disciplina partidaria.

Lo micro sigue siendo un recurso para no criticar lo que es notoriamente visible. Es así que temas como la relación Uruguay- Argentina se enfoca prioritariamente desde lo micro y se centra principalmente en los vínculos entre los presidentes, potenciando los rasgos característicos de ambos, y dejan de lado temas conceptuales como el de la integración latinoamericana, que siempre estuvieron sosteniendo las posiciones.

Estas búsquedas pueden hacer de este año un punto de inflexión para los letristas, que cada vez encuentran mayores dificultades a la hora de encarar los repertorios. La apertura del Carnaval y el crecimiento del público objetivo ha traído consigo un incremento en el nivel de exigencia, que debe ser atendido por los escritores, tratando de preservar la esencia del género teniendo muy presente las exigencias de un concurso cada vez más profesionalizado que al mismo tiempo debe complacer al espectador.

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