GUSTAVO CASENAVE

"Estoy buscando un sonido mío"

Tenía seis años cuando el piano llegó a su casa y le ganó el corazón. Se dejó llevar por la música clásica, integró la banda de reggae Kongo Bongo (hoy Congo) y en 1994 se fue a estudiar jazz a Berklee para no volver más.

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Gustavo Casenave. Foto: Javier Agostinelli

Lleva 23 años radicado en Estados Unidos, donde ha dado clases, trabajado en los principales espectáculos de tango y profundizado en el jazz y la clásica contemporánea. Nominado tres veces a los Grammy Latinos (la última el año pasado), casado con la artista plástica Vicky Barranguet y padre de dos hijas, Gustavo Casenave es de las figuras uruguayas de la música clásica contemporánea con mayor proyección internacional. De ese recorrido conversó por teléfono con El País.

—¿En qué proyectos estuviste involucrado recientemente?

—Hice un concierto con mi cuarteto y un invitado, John Patitucci, el número uno de los contrabajistas de jazz. Es el bajista de todos los discos de Chick Corea, una superestrella. Es uno de mis héroes, de los 13 años que lo sigo y me saqué las ganas. Ahora estamos buscando fechas a ver si podemos seguir haciendo esto con él, ir a Uruguay, pero es complicado.

—¿Disfrutás por igual la improvisación y el ajustarte a una partitura?

—Son animales diferentes. Me gustan las dos cosas y trato de hacer una mezcla. Pero cuando estás haciendo improvisación libre es otro estado, es algo totalmente diferente.

—¿Cómo tenés que estar para subir al escenario sin tener idea de lo que vas a tocar?

—Con mucha preparación. Hay mucho mito con eso, no es que tocás cualquier cosa. Me acuerdo en un concierto que di en el Solís, para el que por dos meses antes dejé de tocar cualquier tema y me dediqué a improvisar y a la preparación técnica, para que los dedos te respondan. La preparación era no preparar nada (se ríe). Pero requiere lo mismo que cuando vas a leer todo.

—¿Qué une al tango, al jazz y a la música clásica?

—En mi caso, mi música. En las cosas que hice antes estuve más metido o en el tango o en lo clásico. Tuve la oportunidad de tocar con Yo-Yo Ma, por ejemplo. Nueva York tiene eso, hay muchos músicos. Y estuve en los shows de tango más grandes de Broadway, con la gente que tocó con Piazzolla o Pugliese, y lo mismo con los jazzistas. Ahora trato de hacer esa mezcla; estoy buscando un sonido mío, ser fiel a lo que me sale y no pensar comercialmente. Quiero ser honesto con mi inspiración.

—¿Lleva tiempo ese cambio?

—Sí. No sé si en lo que hago hay algo comercial dentro de lo que es música comercial. Pero escribir lo que me sale es lo que mejor hago, y cuando más reconocimiento tengo es con las cosas más puras mías.

—¿Siempre estuviste en contacto con el tango o te vinculaste cuando te fuiste?

—Yo escuchaba Los Estómagos, mi abuela tocaba tango y nunca le di mucho corte. Pero cuando me fui a estudiar a Berklee en 1994, todo el mundo tenía algo de su país y yo siempre con el jazz y la clásica. Ahí lo descubrí, cosa que no me pasó con el candombe.

—Y eso que la mayoría de los jazzeros uruguayos tienden a fusionar con el candombe.

—En mí no se dio. En Uruguay tampoco hice fusión, estaba buscando mi música como músico clásico contemporáneo y con el jazz, si bien escribí algún candombe y toqué con candomberos. Será una asignatura pendiente, o no.

—¿Qué encontraste en el tango como músico?

—Una manera de canalizar esa energía dramática que tiene la música clásica, que no lo tiene el jazz. Y cuando me mudé a Nueva York había muchísimo trabajo con el tango, y eso para alguien que nunca hizo más nada que música como yo, viene muy bien.

—En tu caso, lo comercial es el tango entonces.

—¡Cien por ciento! Es lo más comercial que hago hasta ahora. Hace 10 años vivía de gira tocando tango con shows grandes, y ahora quiero hacer otra cosa. No me interesa tanto hacer eso, me interesa más mi show de tangos originales en vez de seguir haciendo los mismos con todo el mundo.

—"Mi familia", la composición que estuvo nominada para los últimos Grammy Latinos, tiene presente esa energía dramática, a lo Piazzolla.

—Totalmente, y tiene algo de tango pero no es para nada un tango. No sé qué es eso, hay armonías de jazz por todos lados, el armazón es clásico y el sentimiento es tanguero (se ríe). Y no tiene nada que ver con Piazzolla, pero en realidad la descripción es la misma con la que se lo describía a él.

—A esta altura, es una rareza que hayas empezado siendo parte de Congo, componiendo reggae. ¿Qué quedó de eso?

—Lo que más me quedó es la amistad; me encanta que sigan tocando y metiendo para adelante. Y un lindo recuerdo, ¿quién no se acuerda con cariño de su adolescencia? El Congo fue el primer grupo con el que empecé a tocar profesionalmente, a hacer giras, cobrar algo, y fue un aprendizaje de cómo funcionaba.

—¿Tu historia es una mezcla de suerte, talento y dedicación o cuál es la clave?

—Es una combinación, pero lo más importante siempre es la persistencia. Yo tuve la suerte de saber desde muy chiquito lo que quería, y no me cambió nunca. Una compañera mía de escuela vino a visitarme a Nueva York y me contaba que en una clase de literatura, la profesora me decía: "Casenave, ¿qué está haciendo?", y yo le decía: "¿para qué quiero yo saber esto si sé que voy a tocar el piano, escribir música y a mí esto no me interesa?" (se ríe). Toda la vida fue así y lo sigue siendo: esto es lo que más me gusta hacer, es mi hobbie, mi trabajo, mi todo. Eso no cambió y no cambia, incluso ahora que hay que ocuparse de otros millones de cosas. Ahora necesito dedicarme cada vez más.

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