MÚSICA

Buenos Muchachos: crecer en público y sin miedos

Una recorrida por la banda que presenta su disco en el Teatro de Verano el viernes 22.

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Buenos Muchachos: Foto: Pablo Bielli

Unas guitarras y frascos con pinceles es lo que hay a mano para matar el aburrimiento del domingo a la tarde. En una casa de Malvín, a principios de los noventa, tres adolescentes tratan de sacar algo con sentido de precarios instrumentos. En un momento lo logran: se miran, y parecen haberse dado cuenta que hay algo interesante.

"No sé si fue un ensayo, pero esa vez nos conectamos los tres musicalmente", dice 25 años después el guitarrista Gustavo Antuña. De esa conexión nació Buenos Muchachos, que hace rato es una de las bandas más interesantes de Uruguay y que el viernes 22 de abril (iba a ser este viernes, pero se postergó por mal tiempo) vuelve al Teatro de Verano a presentar Nidal, su séptimo disco.

Antuña era uno de esos adolescentes aburridos de Malvín; los otros eran Pedro Dalton y Rafael Clavere, el primer baterista. A algo que todavía no tenía forma de banda se sumó Álvaro Garrigós, un amigo que los veía ensayar horas y al que le sugirieron sin demasiada sutileza que consiguiera un bajo.

Fueron dos años de ensayos en Elepé hasta el primer toque: en febrero de 1992 en Solymar, en un cumpleaños. Dieron un show de una hora con canciones ajenas y propias, producto de las largas improvisaciones de sus largos ensayos. "Fue fantástico. Eran todos amigos y fue un buen testeo. Era la primera vez de tocar en vivo, había un montón de emoción y era muy divertido. A partir de ahí lo que sucedió fue Juntacadáveres ese mismo año, la primera vez en vivo ante gente desconocida. Tener una banda de rock y pensar que se podía vivir de eso en Uruguay era raro, pero el primer show fue energéticamente interesante", dice Antuña.

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Las vueltas de Buenos Muchachos han sido interesantes: hoy tienen la sala de ensayos en el garaje de aquella casa en la que todo empezó, y en Solymar, el mismo balneario donde debutaron en vivo, grabaron Nidal. Hay cierta mística que envuelve todo, como si en su historia no hubieran casualidades. Como si hubiesen estado destinados a estar en este proyecto que hoy genera buena parte de los ingresos de cada uno.

Esta charla con Antuña, José Nozar y Pedro Dalton fue el año pasado, previo a una prueba de sonido a uno de los tantos recitales que la banda da al año en Montevideo. Mientras se prepara para la entrevista no deja de saludar a quienes pasan alrededor y empiezan a preparar equipos, ajustar detalles.

A Dalton parece hacerle menos gracia que haya intrusos en un momento que no suele ser para público, pero está ahí, amable y listo para entonar "Tonight". La canción, una poesía onírica encantadora, se ha convertido en una de las predilectas de Nidal tanto afuera como adentro. Afuera porque se la escucha sonar en radios y fue bien recibida entre los fanáticos; adentro porque cuando la tocan, los músicos se dejan llevar por lo que pasa y la disfrutan como pocas. Están en pleno enamoramiento, claro.

Lo interesante de verlos a Antuña y Dalton, amigos de toda la vida, juntos fuera del escenario, es como se complementan. Como si fuera la dupla protagonista de una novela épica, son opuestos que se potencian y, a su manera, tienen cosas de antiguos héroes. El guitarrista es pura sonrisa, simpatía, amabilidad y cariño; el cantante es bien distinto, y sin embargo lo que pasa entre ambos ha sido fundamental para que Buenos Muchachos, banda difícil si las hay en Uruguay para el oyente, sea lo que es.

Juntos soportaron las quejas de los vecinos de Malvín, los enojos, las ganas de dejar la banda, el alejamiento de Dalton, la incorporación de Antuña al Cuarteto de Nos. Todo. "Al principio éramos una banda de drogadictos de ahí abajo, mandaban cartas y firmaba: un vecino en desacuerdo", cuenta el guitarrista. Cuando la banda empezó a salir en televisión, en los diarios, a ganar espacio, todo fue cambiando y terminaron entendiendo y aceptando.

Música.

"Puede sonar arrogante, pero a mí y como banda no nos importa qué le gusta a la gente de Buenos Muchachos, porque no nos interesa generar nada que le guste a la gente. Hacemos música que nos gusta a nosotros", explica Nozar, baterista de los Buenos. "De repente hay hits que para nosotros no tenían pasta de hit", confiesa, y tira un par: "Vos más que vos" y "Villete de oro" (sic).

Nozar asegura que la clave de su vínculo con el público, que se rinde ante la banda como si estuviera en un viaje espiritual intenso y a la vez sensorial, es que la audiencia que ha cosechado la banda es muy "abierta". "Está dispuesto a recibir la música que componemos, procesarla y generar algo que potencialmente puede ser un hit o una canción bailable, que ni siquiera tiene un ritmo bailable. Ese es el plus que tenemos, que el público está dispuesto a interiorizar las canciones", señala.

Parte de la magia que ocurre en un show de los Buenos, y de esa conexión entre la audiencia y la música, pasa por el setlist que elabora pensadamente Dalton. Es, reconoce, uno de los trabajos que más le gusta hacer dentro de la banda.

Nidal también es de sus discos preferidos, confiesa. "Es de los más fuertes emocionalmente este disco. Nunca pensé que podía superar otras cosas emocionales que me pasaron con discos anteriores, pero creo que es la muestra de que somos un grupo humano rico y muy amigos. Fue emocionalmente perfecto, fue un goce", suelta.

Influyó en eso que, esta vez, él como letrista abrió la cancha para que sus compañeros aporten, opinen, sugieran. "Es un disco de diálogo y no de discusión, estuvimos todos al servicio de la canción", comenta.

Como al principio, como aquella tarde de aburrimiento en Malvín, Dalton dice que lo más importante es encontrar en placer en la banda y en la música, y ese es "el punto clave". Llevarse bien, estar en la misma línea ideológica, compartir código: es lo que los ha hecho sobrevivir estos 25 años de alegrías, angustias, satisfacciones, peleas, discos, shows, Teatros de Verano. "Hay que tener mucho cariño por el otro" para seguir, completa Nozar.

"Ahora estamos en un lugar que está buenísimo: con el último disco nos fuimos cinco días a Solymar, pasamos de puta madre y es más allá de lo económico. Nos gusta mucho hacer música y si todo sigue así la vamos a seguir haciendo. No creo que lleguemos a un lugar de más estrellato", resume Antuña y agrega: "me encanta hacer esta música con esa gente".

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Canciones nuevas que protagonizan este show.

Recién en 2011, a 20 años de haber empezado a escribir su historia, Buenos Muchachos se arriesgó a tocar en el Teatro de Verano por su cuenta: el show se llamó Puro humo, y anticipó el disco Se pule la colmena.

El 22 de abril volverán a ese escenario: tocarán desde las 21.00 y hay entradas en venta en Red UTS, desde 560 pesos. Esta vez la consigna es distinta, pues la excusa es la presentación de Nidal, el álbum que lanzaron el año pasado y que es Disco de Oro.

Las canciones nuevas, con letras hechas por el frontman Pedro Dalton pero moldeadas de manera colectiva, tendrán bastante protagonismo en el recital.

La banda ya anticipó el programa: primero irán, en su orden original, los 12 temas de Nidal; y después otro montón de temas de sus seis trabajos anteriores.

También habrá versiones de temas de otros autores que les gustan mucho; a lo largo de 2015 incluyeron covers en sus conciertos, lo que puede servir para tener una idea del repertorio.

Abrirá la velada Hotel Paradise, el grupo de rock sucio que lidera su amigo Nico Barcia (ex Chicos Eléctricos).

El show además tendrá una escenografía impactante, dicen. Siempre que han presentado un disco, los Buenos han sorprendido con algún detalle especial para su público. Es más que probable que sorprendan con al-go en el Teatro de Verano, que también tendrá una puesta en escena que pretenderá llevar lo íntimo del álbum nuevo a un escenario grande.

Quienes hayan comprado entradas para el viernes 8 de abril y no puedan asistir el 22, podrán devolverlas solamente en boleterías del Teatro de Verano, entre el lunes 25 y el viernes 29 de abril, y el lunes 2 de mayo entre las 15.00 y las 19.00.

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