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Bruce Springsteen reúne a su banda eterna para mantener viva la llama del rock and roll

A los 71 años, el jefe edita junto a la E Street Band, "Letter To You", que, dicen recupera algo de su legendaria potencia

Bruce Springsteen
Bruce Springsteen

En un mundo vuelto al revés y donde el pasado parece más lejano que nunca, Bruce Springsteen y la E Street Band traen los recuerdos del mejor rock and roll en su nuevo disco. Más que un álbum, o un gran álbum, Letter to You, que se edita este viernes, es, como su propio nombre indica, una carta a corazón abierto para todos aquellos que vibraron con esa música tan del siglo XX conocida como rock and roll.

Y Letter to You es, por encima de todo, la gran carta para todos aquellos que una vez gozaron de la leyenda de Springsteen y la E Street Band. Una carta escrita, cierto, por un tipo de 71 años y que, pese a todos los vaivenes artísticos de años pasados, el peso de la fama y el paso del tiempo, todavía tiene fuerzas, talento y visión para hacernos sentir su música como si fuera la primera vez.

Hay que remontarse muy atrás, dicen, para encontrar un disco tan compacto, orgánico y excitante en la carrera de Springsteen. Icono mundial del rock, artista admirado por todas las generaciones y voz autorizada de la mejor música norteamericana de todos los tiempos, el compositor y cantante de Nueva Jersey llevaba todo el siglo XXI intentando ajustarse a su propio molde de leyenda en vida. No es que hiciera discos malos, que los hizo, o, al menos, podía habérselos ahorrado como High Hopes; ni que le sobrasen ejercicios de estilo, que hizo, como el logrado We Shall Overcome: The Seeger Sessions y el menos conseguido Western Stars (pese a tener la demoledora “Moonlight Motel”); ni que no encontrase motivos para componer, que los tuvo, como el 11-S en el aplaudido The Rising, las guerras de Irak y Afganistán en el interesante Devil & Dust, la búsqueda de identidad nacional en el notable Magic, el cambio político en Estados Unidos en el irregular Working on a Dream y la crisis económica en el nada despreciable Wrecking Ball. No era eso. Como no eran sus directos, que siempre estaban a un nivel por encima de la media, con momentos sublimes cuando se olvidaba de interpretar el papel de rockero para toda la familia.

No era ninguna de esas cosas porque Springsteen no dejó nunca de buscar, a su manera y con la autocomplacencia que otorga el estrellato, pero de buscar. Era un sonido determinante, una marca que, más que reconocible, que lo era en alguien de su carisma y calidad, fuera un sello imperecedero. El mismo sello que lo catapultó a la gloria cuando el rock and roll era una cosa salvaje, llena de verdad.

Bruce Springsteen, el mismo tipo que quiso ser el cruce perfecto entre Dylan y Elvis para terminar convirtiéndose en inspiración de cientos de jóvenes, ha llegado a ese sonido. Otra vez. Como la primera vez. Como cuando la E Street Band arropaba en primera línea sus mejores aventuras, haciéndole sentir uno de los Beatles o de los Rolling Stones. Uno dentro de una gran banda. Como le recordábamos, o le queríamos recordar, los que nunca nos conformamos con el eslogan de su apellido ni con los ejercicios de fácil nostalgia. Sí, Springsteen y la E Street Band están de vuelta.

Quizá nunca se fueron, a la vista de tantos y tan grandes conciertos en tantos años, pero están de vuelta porque ya lo ha dicho, queriendo o sin querer, el propio Springsteen a pocos días de la salida de Letter to You. “Regresamos a la sensibilidad de la banda” y este nuevo disco es “un álbum con todos tocando a la vez”, según comentó en Rolling Stone, en la única entrevista concedida por este trabajo. En un día nevado de noviembre del año pasado, reunió al grupo en su establo de Colts Neck, en Nueva Jersey, y lo metió a grabar. Reservaron cinco días para las sesiones, pero les sobró uno. Grabaron Letter to You en cuatro jornadas intensivas, un ritmo que el guitarrista Steve Van Zandt ha comparado con aquellas primeras sesiones instintivamente mágicas de los Beatles. Llegar, juntarse, tocar, probar, dejar que la música fluya, que todos se metan en la canción y registrar el momento. Una de esas cosas del viejo jazz y el viejo rock and roll. Una de las obsesiones de Bob Dylan y Neil Young. Un consejo que le dio el pianista Roy Bittan a Bruce, pidiéndole que se olvidase de las demos y de todas esas pistas que giran siempre en su cabeza. Y un modo de encarar la música propio de Van Zandt, Little Steven, subteniente siempre en la sombra, autor de destacadas y recientes obras con este flujo como Soulfire y capitán de este disco por derecho propio, quien ha señalado, con su habitual sonrisa pirata, que Bruce “ha tardado 37 años en regresar”.

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