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Un breve road trip con los Boomerang

Crónica de viaje junto a la banda, antes, durante y después de su show en Pando.

Foto: Santiago Paiz
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Foto: Santiago Paiz

En los asientos de atrás, el guitarrista Luis Angelero va probando distintos estilos en una guitarra que es bastante elogiada, mientras sus compañeros de banda conversan alrededor. Después, cuando el instrumento cae en manos de Gonzalo Zipitría, una versión fogonera de "Todo sigue igual" de Viejas Locas hace pensar en que la experiencia se parece bastante a un viaje de fin de curso: los más revoltosos atrás, los callados adelante.

Pero nada más lejos que eso. En una noche de jueves (la del jueves pasado) bastante cálida para este invierno polar, la banda Boomerang se está yendo a tocar a Pando, una ciudad con una buena historia de rock a cuestas. Y para hacer de este toque una experiencia diferente, abrieron las puertas del ómnibus a un grupo de fans que acompañó con entusiasmo el antes, durante y después del show. En el antes, eso sí, hubo una timidez evidente (que hubiera una cámara registrando todo no ayudó mucho), que se fue rompiendo con el correr de las horas.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

En Wow —un boliche de los que reciben influencers como Charlotte Caniggia o Barbie Vélez y en el que suena la cumbia pop del momento, pero que los jueves se viste de rock con música en vivo—, un set acústico de Los Músicos Invisibles dio luego paso a los Boomerang, que están trabajando en un nuevo disco que está demorándose, pero en el que tienen mucha ilusión puesta. De hecho, aprovecharon este concierto (ante una audiencia de lo más variada, que incluyó niños fanáticos y parejas bastante mayores, además de adolescentes y jóvenes que es la audiencia más esperable para su propuesta musical) para mostrar una de las canciones de su nuevo disco. "No me parece mal" se despega un poco de lo que venía haciendo la banda y adquiere una dimensión más bailable, con un ritmo contagioso y envolvente, y una delicadeza que disfraza cierta oscuridad.

En vivo, incluso en este formato electroacústico presentado en Pando —que en nada cambió el despliegue de Zipitría como frontman, que es de los más atrevidos y con menos vergüenza de la escena rockera uruguaya—, ya prueba ser contundente e integrarse bien al resto del repertorio, que fue combinando las canciones de Engañamundos con las de los discos anteriores, haciendo así una buena muestra del repertorio de la banda que dejó a todos conformes.

A la vuelta, como en los viajes de liceo, ya no hubo silenciosos ni revoltosos. Hubo versiones fogoneras de Boomerang (muchas de las que un rato antes habían sonado en el escenario) a cargo de la banda pero también a cargo de los fanáticos, que terminaron poniéndole voz a una experiencia distinta, de esas que tienen poco espacio en la música local y que claramente aportan un buen cambio de aire.

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