Música

Braulio López: "Hoy no podría vivir sin la guitarra"

Mañana el músico popular sube a escena en una única función en la Sala Zitarrosa.

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"Cuando un artista trasciende, la gente se forma de él la imagen que quiere", dijo.

Me puso Braulio mi abuela, que era la que casi siempre ponía los nombres a los nietos. Siempre ponía nombres de santos, y parece que hay un San Braulio, por ahí. Ahora se usa más el nombre Braulio, pero cuando Los Olimareños empezaron a ser populares, el nombre mío era raro para la gente, porque era un nombre muy antiguo. Muchos de mis hermanos tienen los nombres puestos por ella". Así fue que nació el nombre de este artista, que creció en popularidad con los difíciles años 60, alcanzando una notoriedad que lo acompaña hasta hoy. En solitario, es decir, sin la compañía de Pepe Guerra, el músico subirá a escena mañana, a las 21.00 horas, en la Sala Zitarrosa, en una única función en la que promete repasar una parte de su repertorio.

"Este recital tiene una característica especial, porque yo hace unos cuantos años que no hago nada en ningún teatro acá en Montevideo, y es como una vuelta a retomar ese público mío. Le quiero dar la característica de un reencuentro. Por eso no hay artistas invitados. Voy a estar yo, con cuatro músicos más".

"Vamos a desarrollar cosas muy emblemáticas del repertorio que se arrastra de la época de Los Olimareños hasta la época de solista, y cosas más nuevas que estoy preparando para una grabación del año que viene. No van a faltar las canciones que la gente canta, que uno las empezó a cantar hace mucho tiempo, y ahora se han convertido en íconos de la memoria colectiva. Están ahí, prendidas. Es nomás empezarlas a cantar, que la gente se engancha. Quiero que eso sea lo que pase en la sala", explica Braulio López en entrevista con El País.

—Empecemos por la guitarra, ¿qué le brinda en relación a otros instrumentos?

—A esta altura, pienso que no podría vivir sin la guitarra. No sé como describirla... pero tiene una inmensidad en mí, el único barco en el que yo puedo viajar. Por otra parte creo que es el instrumento más universal, y eso no se dice por antojo: tiene una cantidad de condiciones que no tienen los otros instrumentos. Andrés Segovia decía: "en la guitarra yo tengo una sinfónica".

—¿Cantar en solitario le da más libertad que en dúo?

—Sí, permite más cosas. Porque en un conjunto, a veces uno está limitado a hacer una cosa, porque las otras partes, desde el punto de vista armónico, hay otra persona que las hace. Fuera de un dúo, uno puede jugar con la voz como quiere, ir más arriba, más abajo. En ese sentido, la expresividad tiene más libertad.

—¿En dupla integrando Los Olimareños, sentía que cada uno tenía un temperamento distinto?

—Claro. Como todas las personas: cada uno tiene su tiempo, a veces hasta de respirar. Y eso es muy personal, muy particular, muy profundo. Pero a veces la combinación de esos tiempos construyen otro tiempo, que es más interesante. También un poquito viene por ahí la cosa.

—Y en cuanto a los derechos de autor, ¿usted para cantar en solitario tiene total libertad para interpretar el repertorio del dúo?

—Sí, yo lo puedo cantar con absoluta libertad, hay muchos temas de Los Olimareños que yo tengo participación, en música sobre todo. No hay un control que eso no se pueda hacer.

—¿Y les piden muy seguido autorización para cantar el repertorio de ustedes?

—No, yo creo que acá en Uruguay hay mucha libertad en eso, por suerte: no hay cosas que impidan que eso se pueda hacer.

—Cantar a dúo, dos voces masculinas con guitarras, es un formato muy criollo, aunque también se ha hecho en otros lugares. También es un formato muy poderoso...

—Sí, Los Olimareños pienso que fueron los que impusieron esa forma, que no existía en el país. Es decir, antes hubo otros dúos, que no habían marcado tanto la cancha. Tanto la forma de cantar, lo interpretativo, el modo de encarar armónicamente las cosas, y los textos, todo eso le dio una dinámica que no existía en la canción popular, refiriéndome a dúos. Y hoy en día salen dúos por todos lados. Y está bueno eso, porque pienso que lo que uno sembró no cayó en la nada.

—Larbanois & Carrero tuvo el modelo de Los Olimareños, ¿fue el dúo más fuerte que los siguió?

—Sí, puede ser. Hubo otros dúos también, como Los Zucará, que tenían una matriz parecida y que también fueron muy importantes. Muchos han trabajado esa matriz: no me cae ingrato decirle que la crearon Los Olimareños.

—Y antes, lo que fue Magaldi-Noda, o Gardel-Razzano, ¿siente que ahí hay un antecedente?

—Puede ser, pero no desde el punto de vista armónico, tampoco de los textos. Eran otras cosas, más arrimadas a la parte de la música ciudadana. Nosotros nos ubicamos en un área que estaba virgen, que era la suburbana. No éramos ni totalmente del campo, ni totalmente de la ciudad.

—Usted conoció músicos populares de otros tiempos, como El Carao, a quien Rubén Lena le dedicó "Adiós amargo al Carao Peralta"...

—Sí, esas cosas son muy emblemáticas para nosotros: un cantor de pueblo, alguien que agarraba en los inviernos su guitarra, la metía abajo del pilot. Tapaba la guitarra y no le importaba mojarse él. Fue una persona de mucha belleza interior, además de buen músico, buena gente. Son un poco los que me formaron, yo vengo de esa raíz, de ese cerno tan entrañable.

—El gran homenaje que se le hizo a Rubén Lena en el Auditorio, ¿tendría que haber sido en vida?

—Pienso que sí, sin ninguna duda. Pero bueno, no quiero culpar a nadie, son cosas que pasan, y a veces el zarpazo llega muy temprano, y se va gente valiosísima.

—A más de una década de gobiernos de izquierda en Uruguay, ¿qué balance hace?

—De alguna manera son cosas nuevas, porque en la historia de un país, 15, 20 años, no tienen ningún peso. A mí me parece totalmente lógico que pase, mientras se respete la diversidad, la democracia. Mientras nosotros, los uruguayos, nos entendamos entre nosotros, es bárbaro.

—Al ser tan conocido, ¿la gente espera de usted cierta forma de ser?

—Cuando uno trasciende, como le pasa a muchos artistas, la gente se forma de ese artista el personaje que quiere. No lo que el artista es. La gente pública siempre está expuesta a todo eso. Es natural.

—¿Cuando va a Treinta y Tres, encuentra mucho de su infancia?

—Y, cambió, cambió muchísimo. La ternura que tenía caminar, por ejemplo, las noches de verano por las calles, es diferente. La ciudad cambió, se desarrolló de otra forma. Uno a veces quiere que todo, sobre todo lo que pasó en la niñez que tanto nos marca, quede igual. Pero es imposible.

Un país de cultura muy potente.

"Siempre me interesó buscarnos a nosotros mismos, qué pasaba en nuestro país, cómo se expresaba la gente. La forma de tomar mate de nosotros es diferente a la de Río Grande, y a la de los argentinos también. Uruguay es un país que tiene mucha personalidad, a pesar de ser geográficamente pequeño. Un país muy potente: nosotros lo pudimos comprobar a nivel mundial", afirma López al evocar las primeras giras de Los Olimareños por Europa y Asia. Y agrega: "Para mí no es lo mismo cantar en España, aunque todo el mundo me va a entender: me va a entender idiomáticamente, pero no me va a entender culturalmente hasta la raíz".

En la eterna búsqueda del pez que más brilla

"Nosotros fuimos correspondiendo a lo que pasaba en nuestra sociedad. Si pasaban cosas feas, se reflejaban en las canciones, y también las cosas hermosas. Porque la cultura popular es la cocina de donde sale todo eso, porque recibe con fuerza todo lo que pasa en la calle. La cultura popular es una caja de resonancia muy honda, y no escapa nada a ella. Pienso que si uno agarra la obra que hicimos Los Olimareños, está todo reflejado ahí", señala Braulio López.

Así evoca el artista los años 60, y medio siglo después, su pasión por la música sigue en pie. "Cuando estoy preparando cosas nuevas para grabar, tengo que ponerme a practicar más, a tocar todos los días para encontrarme a mí mismo, porque esto es una búsqueda constante. Y, como decía García Lorca, a veces sacás un pez que brilla, y otras no sacás nada", afirma el artista, que además este domingo 6 se presentará desde las 20.00 horas en la Semana de Flores.

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