Soledad

Bienvenida al pop y la televisión

Soledad todavía se sorprende de que la reconozcan por la calle después de aparecer en un programa de televisión en el prime time, o que colegas como Carlos Santana quieran participar en su último disco, Vivir es hoy.

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"Yo me analizo mucho y me cuesta llegar a entender lo que la gente ve en mi"

"No sé qué imagen tienen de mí, pero tampoco es que descubrí la pólvora", dice con esa extraña frescura y sinceridad, tan difícil de encontrar en el ambiente de la industria musical al que ingresó como un rayo, todavía adolescente, cuando vendió un millón y medio de discos con su álbum debut, Poncho al viento.

Muy atrás quedó esa Soledad joven, que revoleaba el poncho y que se escudaba detrás de la tradición del género folclórico. La Soledad del presente coquetea con la fusión y con las nuevas herramientas tecnológicas, y plantea la necesidad de escribir sus propias canciones. "Me descubro mucho más en esa libertad de experimentar con la música que en lo que supongo me han hecho creer que es lo correcto y que es en donde tengo que estar. Nací en un género, tocándolo de determinada manera y eso fue muy fuerte. Pero la gente ya me reconoce como La Sole y quiero jugar con eso. Quiero divertirme y hacer lo que tengo ganas", desliza.

Atrás quedó el fenómeno y nació la artista, que busca ambientes musicales diferentes. El año pasado junto a Lila Downs y la Niña Pastori lanzó Raíz, con el que obtuvieron el Grammy Latino al Mejor álbum folclórico. "Siempre fui una gran seguidora de Lila Downs y me gusta ese desparpajo que tiene para decidir de repente poner un tema bien clásico de su región, un tema propio o una cumbia. A mí me pasa eso también". Soledad dejó de ser hace tiempo una artista de folclore para transformarse en ese personaje familiar que puede entrar en las casas por su música, a través de un producto o por la pantalla de televisión.


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Ahora en la casa de Soledad, aquella adolescente que revoleaba el poncho en la década de 1990, no sólo suena el folclore sino también las canciones pop de Miranda!. "Mi hija mayor es fanática, se aprendió todas las letras y los escucha todos los días". No sólo los escucha, sino que desde que se conocieron como jurados en el programa La voz, la cantante encontró en Ale Sergi y Juliana Gattas a dos nuevos amigos. "Con Axel y el Puma Rodríguez ya tenía relación, pero a los Miranda no los conocía y son geniales. En ellos descubrí esos amigos con los que te podés poner a charlar sin importar que uno haga pop y el otro folclore. Nos pasamos los discos y son sobre todo gente tranquila. Cero divismo. Ale parece un loco como baila y se mueve, pero tiene muy claro lo que quiere y con Juli tenemos mucha complicidad. Cuando estábamos de jurado éramos las que más nos guiábamos por lo sentimental".

La buena química que hubo durante la temporada de La voz entre Soledad, Los Miranda!, El Puma Rodríguez y Axel, se vuelve a repetir en el programa Elegidos, la música en tus manos, el reality musical conducido por Marley, que en Uruguay emite Canal 4, martes y jueves a las 22:30. "Es relindo el equipo, hay muy buena onda y funciona. El Puma es un genio. Cuando hay dudas él es el más claro. Por algo le decíamos el capitán. Marley me divierte mucho porque me parece un buen tipo, que no está en ese lugar de casualidad, es preparado aunque hace de antihéroe. Es muy vivo y muy correcto. Los lugares de cada uno no son casuales. No subestimaría nunca a ningún artista popular ni al público. Por eso me gusta participar de estos proyectos que tienen que ver con la familia. A mí me parece importante el respeto al televidente".

El programa es un formato israelí, en el que los concursantes cantarán distintos géneros que serán evaluados por los cuatro jurados, y también por el público. "No es como en La voz, que estábamos de espaldas, acá tenemos que evaluar toda la actitud. Es un gran show de música con un escenario increíble. La particularidad de este programa es que el público decidirá como jurado a través de una aplicación que se puede bajar en sus celulares y que les permitirá votar en vivo y en directo a los participantes. Si bien nosotros tenemos nuestro voto, el que decide es el público, como pasa siempre, como debe ser, como es en realidad".

—¿Cómo te llevás con el rol de juzgar a otro?

—Siempre hago la aclaración que no puedo juzgar de una manera retórica. Juzgo por lo que a mí me pasa. Porque siento que si yo hubiese estado en ese lugar hace muchos años atrás no sé si hubiese pasado ciertas instancias. Creo que el verdadero artista va más allá de si afinó todas las notas. En La voz me pasó que alguien que cantaba no tenía una afinación correcta pero subía al escenario y brillaba. Sonreía y la gente se volvía loca. Lo que hizo y lo que ocurre no lo podés negar. Cuando se te paran los pelitos, ahí hay una magia. Aún no gustándote, algo te pasa y eso lo tomo en cuenta. Pero siempre hago la salvedad de que mi decisión no es palabra santa. Si la persona que está ahí eligió cantar, que yo le diga que no me gusta no lo va a hacer abandonar todo, porque entonces no eligió cantar. Ojo, tenés que gustarle al resto si querés vivir de esto. Pero en algún punto uno tiene que sentirse libre de hacer las cosas como le gustan y bancarse lo que viene con eso, como toda decisión que tomás en la vida.

"Yo me analizo mucho y me cuesta llegar a entenderme, o entender lo que la gente ve en mí. Para mucha gente yo soy un personaje. Tienen una imagen estereotipada de lo que soy, la chica simpática que canta folclore. Me gustaría poder salir de ese estereotipo. Siempre he sido bastante transparente o totalmente transparente al punto del sincericidio. De todas formas creo que también hay otras facetas mías que no se conocen.

—¿Cuáles por ejemplo?

—Mi faceta de cantautora. Debo tener un montón de temas míos que nunca grabo, y nunca los elegí porque es una cosa más íntima, que me cuesta compatibilizar con el folclore. Pero ya se dará. Son canciones que nacen como folclóricas. Incluso muchas son zambas, pero por ahí no le hago la estructura clásica de dos estrofas, estribillo, dos estrofas, estribillo. Quiero salir de la estructura. Hay zambas así que son geniales, pero yo no soy Yupanqui, vamos a empezar por ahí.

Difícilmente Soledad pueda vender algo que no es. Su música —discos y conciertos— y los programas en los que participa hablan con transparencia de su globalidad artística.

Su madurez dejó muy atrás al tifón de Arequito, como se la llamó, o el punk agropecuario (como bautizó su estilo un periodista en los noventa), aunque su vida sigue siendo tan dinámica como entonces. Ayer estaba comiendo humita en olla en San Juan antes de un concierto. Hoy está con las grabaciones de Elegidos. Mañana es probable que reciba un llamado para grabar otro tira de capítulos de Ecos de mi tierra en TV Pública, el programa en el que presenta artistas de folclore de todo el país, que ya lleva siete temporadas ininterrumpidas. "Ésta es mi forma de vida. Mis hijas a veces no entienden nada. Anoche llegamos de gira y hoy estaba armando la valija de nuevo. Y este año se me juntó todo. Los programas de televisión y la salida del disco nuevo. Es lo que más feliz me hace y me da plenitud artística. Lo que a mí me pasa en la Argentina es maravilloso, porque trabajo de lo que más me gusta y me siento una persona reconocida y querida. Pero soy una persona muy inquieta. Siempre busco salir de mi zona de confort".

Un disco con intenciones de ser internacional


En su último disco, Vivir es hoy, editado en Uruguay a través del sello Sony y que presentará en Buenos Aires, el 29 y 30 de mayo en el teatro Ópera, se siente libre de incorporar un clásico del chamamé como "Cielo de mantilla", de Teresa Parodi, que le queda de maravilla junto a una versión de "Aleluya", uno de los emblemáticos versos de Leonard Cohen, o un vallenato compuesto y cantado a dúo con el colombiano Carlos Vives. En el disco también aparece, su hermana, Natalia Pastorutti, Gian Marco y Zezé Di Camargo.

"Soy una persona que está a la búsqueda. Tengo un gusto musical muy amplio y creo que artísticamente puedo abarcar muchos estilos. Si volvemos atrás en el camino obviamente para mí eso era más difícil. Pero hoy la gente incluso siento que me da más libertad, porque ya no sólo me siguen los aficionados al folclore. Soy una mezcla de cosas. Soy Un cielo de mantilla y soy El Bahiano, por poner dos extremos. Lo que quiero lograr es que en mis discos conviva todo eso. Puedo equivocarme, me puede salir horrible, o me puede salir genial, pero para mí lo peor es lo que no se intenta", dice con una segura naturalidad Soledad.

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