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Batalla rockera contra el tiempo

El cantante argentino se revela en un documental que se ve por internet hasta hoy

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No es precisamente lo que cualquiera puede imaginarse como documental, tampoco es una película ni es un concierto llevado a la pantalla grande como Indio y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la película, que hace más de un año se vio en salas uruguayas y registra el último concierto de la gira Porco Rex, que fue en 2008.

Esto es otra cosa, que tiene un poco de todo eso —de documental en el contenido, de película en el tratamiento, y de concierto por obvias razones— y un único objetivo: tomar en la mayor dimensión que se pueda a la figura excepcional del Indio Solari, seguramente una de las más grandes de toda la historia del rock argentino.

Para eso, Mario Pergolini se valió de su multimedio Vorterix (radio, teatro y productora de contenidos) y de su buena amistad con el mítico cantante, y tomó como excusa el recital del pasado 12 de marzo en Tandil. Con esas condiciones dadas logró que Solari aceptara, como pocas veces lo ha hecho en su trayectoria, ponerse frente a una cámara para dar una entrevista bastante personal y emotiva, atravesada por la revelación de que sufre párkinson y su carrera artística, de ahora en más, va a estar condicionada por eso de manera inevitable.

Indio Solari. Foto: Vorterix
Indio Solari. Foto: Vorterix

Todos esos factores se pusieron en juego para Tsunami, un océano de gente, que hasta hoy se puede ver en exclusiva a través del sitio web de Vorterix. Fue dirigido por Julio Leiva y Maximilano Díaz, los mismos que hicieron el documental Piedra que late sobre el concierto que dio en ese mismo escenario hace cinco años.

Se estrenó en Vorterix el pasado lunes e iba a estar disponible solo hasta el miércoles, pero por la demanda su exhibición se extendió unos días más: la web colapsó por momentos; el audiovisual ya fue visto por casi un millón y medio de personas. Hoy es, según se anunció, el último día que estará en línea, y no está claro si después se comercializará de alguna manera o se exhibirá en salas.

Y el resultado es, antes que nada, el retrato emotivo de un hombre que ha sido clave para la cultura popular argentina (y que también ha tocado las fibras de los uruguayos) y que, aunque sigue convocando a más de cien mil personas en sus presentaciones, está atravesando ahora una fase bien diferente de su vida.




















Ese es el granmérito de Tsunami. Pero también tiene demasiado protagonismo de Mario Pergolini (muchas tomas suyas, mucha teatralidad en sus preguntas y comentarios, y también mucha complacencia para con el entrevistado) y un diálogo que no fluye entre la charla en sí, y el armado del show con los testimonios de los integrantes de su banda, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

El concierto queda más que nada como una excusa un poco tirada de los pelos para presentar una entrevista exclusiva, que en sí misma tiene el suficiente valor como para prescindir de complementos y rellenos.

Mito

Con las siluetas a contraluz recortadas sobre un paisaje de sierras, con unas manos en permanente movimiento que toman un vaso de whisky y lo mueven levemente, el misterio y el misticismo que ha rondado históricamente en torno al Indio Solari dice presente desde que empieza su parte estelar en Tsunami. Antes ensaya su banda y se muestra un poco de Tandil, ese lugar que lo recibió por última vez —hasta ahora— a él y a su multitudinario público, pero todo eso es material secundario que no hace más que mantener el nexo con Piedra que late, esta precuela donde lo fundamental era lo que vivía el público en esa suerte de ritual que se suele repetir muy poco.

Con sus lentes negros, sus manos huesudas y sus frases filosóficas, Carlos Alberto Solari se pone en cámara y muestra lo que quiere mostrar, resguardando lo que no. Dice, por ejemplo, que él tiene tantas miserias como cualquiera de sus seguidores puede tener, pero no ahonda demasiado. Se reconoce como egoísta y más adelante, cuando diga que Mick Jagger debe hacerse “de abajo” antes de hablar del pogo más grande del mundo porque no es lo mismo juntar 160.000 personas en tres noches seguidas, que en una sola, también mostrará su ego.

Y a la vez, Solari se mostrará aquí como un tipo con miedo: alguien a quien la enfermedad de Parkinson se le fue presentando en detalles tan pequeños como no poder cortarse las uñas o en demorar más de la cuenta abrochándose un botón, a quien no se le manifiesta con temblores sino como rigidez, y a quien la idea de la muerte, pero sobre todo de la decrepitud, lo está persiguiendo de cerca.

Esas confesiones suyas, cuando dice “odio la decrepitud”, “no sirvo para viejo” o “he pensado en pegarme un corchazo”, son lo suficientemente estremecedoras como para poner en perspectiva al Indio que, un día después de dar esa entrevista, iba a estar contándole a más de 200.000 personas que estaba enfermo, y después iba a estar cantándoles “Jijiji” con su habitual sonrisa descarada, su mano en el bolsillo y su baile contenido, mirando el pogo más grande de todos.

Tsunami, en realidad, es un retrato bien temporal del Indio Solari. Es la fotografía de un rockero envejecido que se aferra a la vida pero le huye al paso del tiempo, que toma pastillas para sentirse mejor pero las combina con whisky, o dos por tres se las olvida, que sabe que fuera de su burbuja hay miles y miles de personas que lo tienen en un pedestal tan elevado que lo podrían considerar un dios. Es la instantánea de un autor que no puede evitar emocionarse cuando habla de sí mismo, o de David Bowie y su último disco Blackstar, o muy brevemente de Los Redondos y por qué esa “buena banda” tuvo el final que tuvo y nunca volvió a darse una segunda oportunidad.

Tsunami es todo eso y, por supuesto, atendiendo sólo a los sonidos de la campana que maneja el Indio, contribuye a agrandar un mito vivo que acá parece estar dándose una oportunidad de dejar un registro propio y personal de sí mismo. “Yo no sé por qué soy el Indio Solari”, dice con la voz quebrada. Yo tampoco lo sé, pero escucharlo toca fibras íntimas.

Cuatro destacados

En una extensa entrevista mano a mano con Pergolini, Solari suelta algunas frases que bien vale la pena destacar. Acá van algunas sobre asuntos diferentes de su vida, su profesión y sus emociones.

Una pasión de miles

“El cariño que te da la gente, que proyecten en vos virtudes que no tenés, estrellas de las que carecés, te ayuda a vivir. Porque como te dan permiso para eso, sos un boludo si no aprovechás la posibilidad de ser más honesto, de ser mejor. (...) Las cartas que recibo son dementes porque depositan en uno, que no lo conocen, o en las líricas sobre todo, una especie de bálsamo para la parte doliente de sus vidas. Y yo lo único que tengo que hacer es no ser un fantasma”.

Un disco para pensar

“A mí me parece una obra maestra su último disco (Blackstar). Con el primer tema (“Blackstar”) se me pianta un lagrimón, es de un atrevimiento estético... Y los videos son de terror. Justo Bowie hizo un reportaje donde decía que siempre había querido hacer eso, pero que siempre había tenido que ser David Bowie. Es una oportunidad muy especial la muerte para libertarte de tus compormisos y hacer lo que quieras”.

Un pogo gigante y sus dueños

“Vamos a explicarle a Mick que se haga de abajo, porque empezó a joder con el bla bla bla del pogo. En la misma noche 160.000 personas no es lo mismo que en tres días, ¿viste? Un pogo de 160.000 personas no es sopa. Porque cuando ves esta película que hemos sacado que tiene ocho o nueve años (Indio y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la película), y ves la cámara que se mueve así por el estadio en “Jijiji”, no es sopa, ¿no?”.

Una herida que quedó marcada

"Ya no es tan frecuente que el público pida que nos volvamos a juntar, esta banda tiene los suficientes méritos. Entiendo cuando lo hacen, lo que pasa es que no han sido testigos de la intimidad de la que yo he sido testigo. Es una palabra dura pero es la única que me sale a mí: traición se llama. No hay manera. A mí me podés cagar con guita pero no me podés traicionar. Son dos cosas diferentes. (Se emociona) Fue una buena banda”.

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