CRÍTICA | JULIO CÉSAR HUERTAS

Bartók intrincado y excelente

Con el "Concierto para piano y orquesta N° 1" de Bartók se inició esta audición. Esta obra fue finalizada por el compositor en noviembre de 1926 y su estreno tuvo fueel 1° de julio de 1927 en Frankfurt con la dirección de Wilhelm Furtwängler y el autor como solista.

Este concierto para piano fue la primera obra que Bartók escribió para sus recitales con orquesta. Si bien se proponía demostrar el gran dominio que tenía Bartók de la técnica no tuvo la aceptación esperada. El compositor con el tiempo reconoció que era "muy difícil para la orquesta y el público" pero aún más lo era para el pianista. La parte solista contiene incómodos y largos saltos, densas agrupaciones de notas desperdigadas en amplias aperturas de la mano y severas demandas en los dedos más débiles que además deben ser ejecutadas a una velocidad extrema.

Desde el primer compás, el piano es utilizado como un instrumento de percusión. A lo largo de la obra, el solista nunca introduce un tema lírico, sino que siempre está buscando nuevos sonidos y sonoridades familiares usadas en distintas formas. El primer movimiento tiene un ritmo que deja sin aliento y a pesar de los frecuentes cambios de tiempo en la partitura, lo que uno escucha, en vez de ser ritmos cambiantes, es un impulso dominante hasta el final. Mientras que el segundo es una conversación entre el piano y la percusión en la cual el piano gradualmente afirma su lugar como parte del equipo percusionista. El final, que empieza sin descanso, es desafiante y agresivo.

Es a veces difícil reconciliar esta dura y poderosa música con el hombre que la escribió e interpretó, pues Bartók fue un hombre apocado y enfermo toda su vida. Pero la música en la partitura refleja claramente la fuerza interior que brillaba en sus penetrantes ojos. El pianista Ciro Foderé en 2013 ejecutó con la Filarmónica el "Concierto para piano y orquesta nº 3 de Rachmaninoff en 2014 presentó con la Banda Sinfónica la "Rhapsody in Blue" de Gershwin y esta vez eligió el intrincado concierto de Bartók. De las tres, ésta fue indudablemente la más concordante con el carácter del autor y de la obra. La técnica de acero que posee Foderé es innegable así como su memoria; esto se pudo apreciar más en Bartók ya que este concierto es uno de los más difíciles de memorizar.

Foderé hizo la mejor elección al haber escogido este autor con quien se identifica plenamente. Del Pino fue el colaborador ideal en el acompañamiento orquestal que brindó logrando una homologación perfecta entre ambos. Finalizó el programa con la bellísima "Quinta Sinfonía" de Tchaikovsky. La versión de Del Pino fue de notable maestría, obteniendo especialmente en las cuerdas un fraseo de hermosa potencia sonora .

Orquesta Filarmónica de Montevideo

Director: David del Pino. Solista: Ciro Foderé (pianista). Programa: Concierto nº 1 para

piano y orquesta de Bartók y Sinfonía nº 5 op.64 de Tchaikovsky.

Dónde y cuándo: Teatro Solís, 30 de junio.

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