Enrique Tellería

Un bandoneón oriental que suena por el mundo

Hoy, a las 20.30, se presenta en Sala Zitarrosa junto a un quinteto formado para la ocasión. Antes charló con El País.

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Enrique Tellería. Foto: Ariel Colmegna

Se fue del Uruguay hace 25 años y fue en Europa —está radicado en Barcelona— donde volvió a su primer amor musical: el bandoneón. Desde entonces ha desarrollado una carrera internacional que la ha hecho a base de tango, sí, pero también integrándolo con otros sonidos.

— ¿Qué les gusta del tango a los europeos?

—El tango, principalmente, en la propuesta de gran orquesta gusta mucho en todo Europa. El tango rítmico de baile es para la colectividad uruguaya o argentina que organizan milongas. Pero yo acá estoy hablando de música para escuchar. Algo que ya han hecho grandes músicos empezando por Piazzolla. Un tango que abarca otros aspectos de la cultura popular.

—Hay muchos bandoneonistas uruguayos tocando o que han tocado en Europa: Luis Di Matteo, Ulises Pasarella, Hugo Díaz, René Marino Rivero. Existe una escuela uruguaya de guitarra, es sabido, ¿hay una de bandoneón?

—No. Más bien es una escuela individual de cada uno de expresar a su manera lo que entiende por hacer esa clase de música. En la guitarra estuvo en la escuela Carlevaro pero en el bandoneón son cosas personales. Yo, por ejemplo, nunca me pongo a escuchar otro bandoneonista. Prefiero escuchar jazz para después anexarlo a mi instrumento.

—¿Cómo se acercó al bandoneón?

—Tenía cinco años, me lo regaló mi padre y no aprendí con nadie. Lo toqué hasta los 19 años porque cuando escuché a Piazzolla, me di cuenta que no tenía nada que hacer. Y así me dediqué a otros instrumentos y a otros géneros: fui trompetista y arreglador en orquestas como Combo Camagüey, Cienfuegos, Maracaibo. Y el bandoneón se convirtió en mi instrumento íntimo pero no para vivir. Volví al bandoneón cuando pisé Barcelona.

—¿Fue como bandoneonista a España?

—No. Fui como trompetista y toqué en las mejores salas de Barcelona. Y a los años, un director, Jordi Costa, me pidió si podía tocar el concierto de Piazzolla para bandoneón y orquesta. Y allí debuté como solista ante 3.000 personas con un éxito tremendo. Y luego debuté en el Gran Palau, que era como llegar a la Scala de Milán. De ahí no paré.

—Y desarrolló una carrera importante. ¿Usted cree que eso es conocido en Uruguay?

—Pero cuántos uruguayos están haciendo este tipo de carrera o mejor. Y cuántos lo hacen acá. Tengo amigos en Cali y la Sinfónica de Cali, el 60% son conciertos de cumbia sinfónica, lo mismo la Sinfónica paraguaya tiene el 60% de música paraguaya. ¿Por qué eso no pasa en Uruguay?

—Su propio repertorio abarca varios géneros. ¿Qué tiene el bandoneón que puede acomodarse a tantos estilos?

—Eso va en el ejecutante. A mi tocar instrumentos de viento y escuchar jazz me ha abierto la cabeza. Además cualquier instrumento se adapta a cualquier género.

—¿Lo sigue enamorando el bandoneón?

—Y si es mi hijo. A veces nos peleamos, eso sí.

—¿Y cómo son esas peleas?

—En realidad no son peleas, son estados de ánimo: a veces está triste. Tuve un problema grave famililar y no quiero llorar pero muchas veces estoy en el escenario y su sonido es como una espada que se mete cada vez más adentro. Yo no tocó con mi rodilla, el bandoneón está dentro mío. Lo que sale es lo que yo siento.

—Es una cosa que se sufre pero también se disfruta eso...

Muchos años lo toqué mecánicamente porque yo tocaba para vivir por lo tanto tocaba por dinero. Ahora el dinero me es igual y, como decía Paco de Lucía, toco para ser feliz yo y si la gente es feliz, misión cumplida.

—¿Cómo va a ser el show de hoy?

—Está el maestro Nelson Alberdi con su orquesta y Miguel Angel Maidana. Tendremos un repertorio bastante clásico con alguna composición mía. Obras que la gente conoce con una propuesta diferente.

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