Tres conciertos multitudinarios para despedir a Grateful Dead, la leyenda

Se va la banda aunque ya nunca pueda decir adiós

La última canción del recital de Grateful Dead en el Soldier Field neoyorquino —la despedida de la banda, 50 años después de haber sido fundada— fue "Attics of My Life".

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La banda saluda a los leales Dead-heads. Foto: Reuters.

Es una canción de armonía cerrada sobre el agradecimiento a un alma, a una musa, quizás a un público. Profesa: "Pasé mi vida/buscando todo lo que no había sido cantado" y concluye "cuando no tenía sueños/soñaste conmigo".

El aplauso le dio paso a los fanáticos haciendo palmas y coreando el estribillo de Buddy Holly que la banda había compartido hacía unos minutos: "Sabés que nuestro amor no desaparecerá". Algunos habían sido fanáticos leales desde la década de 1960; otros eran menores de 20, demasiado jóvenes para haber ido a un concierto de Grateful Dead.

Evanescencia y durabilidad, una al lado de la otra, resumen la paradójica misión de Grateful Dead. Los tres conciertos del fin de semana en Soldier Field, denominados Fare Thee Well: Celebrating 50 Years of the Grateful Dead, también resucitaron a la banda como una empresa quijotesca y comercial, historicista y amante de la leyenda, cuidadosamente planeada y siempre en busca de un feliz accidente. Esta breve encarnación final de Grateful Dead a menudo se las arregló para estar a la altura del nombre de la banda, con canciones que se pueden volver intuitivas, rústicas, extravagantes, encantadas, elegantes o eufóricas.

Grateful Dead fue una banda que celebró el momento fugaz: nunca tocaron una canción dos veces de la misma manera. Pero también es la banda cuya etapa inicial duró 30 años, de la que cada actuación fue obsesivamente documentada por los fanáticos y la banda, y cuyo estilo se volvió la lingua franca de incontables jam bands.

Los cuatro miembros sobrevivientes —Phil Lesh en bajo, Bob Weir en guitarra rítmica y Bill Kreutzmann y Mickey Hart en batería y percusión— dejaron de lado antiguas diferencias por el medio siglo de la banda. En el Soldier Field fue, además, el último concierto de los Grateful Dead originales el 9 de julio de 1995 poco antes de la muerte de Jerry García, el corazón de la banda. Después de la muerte de García, sus compañeros abandonaron el nombre Grateful Dead; a veces trabajaron juntos con otros músicos como los Other Ones o los Dead, y lideraron sus propias bandas. Pero revivir el nombre Grateful Dead y establecer estos conciertos como los últimos de la banda, pone el listón bien alto. La banda es conciente que el electorado de sus Deadheads —que iban a sus conciertos vestidos con camisetas viejas y cualquier variación concebible del logo de la banda— los admira pero es atentamente crítica.

La escala del Fare Thee Well fue enorme: no sólo convocó una audiencia récord de 71.000 personas cada noche, sino que fue repetido en directo en teatros de todo Estados Unidos, transmisiones pay-per-view y en radios satelitales. Hay planeados DVDs y CDs para la primavera.

Y a pesar de lo caro y lucrativo de los eventos —solo en entradas recaudaron 40 millones de dólares— los conciertos no parecieron un robo de dinero. Estos Grateful Dead podrían haberse limitado a un set de favoritas del público y tocarlo cinco veces. Sin embargo, se aprendieron decenas de canciones incluyendo varias rarezas que ni siquiera están en discos. En los cinco shows (hubo dos antes en su California) solo repitieron dos canciones.

Fare Thee Well podrá ser la última experiencia en grandes estadios de Grateful Dead, pero el adiós de la banda no significa que su música desaparecerá. Lesh saldrá a la ruta con su grupo. Bandas tributos como Dark Star Orchestra continúa poniéndole su propia energía al catálogo de los Dead. Los músicos cambian pero el lenguaje musical de Grateful Dead permaence: el saludable debate continúa.

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