ROLLING STONES

La banda dedicada a su más viejo amor

Con "Blue & Lonesome", los legendarios ingleses se mandan un disco a puro blues tradicional, el género que forjó su historia

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The Rolling Stones. Foto. Reuters

A esta altura, los Rolling Stones se pueden dar el gusto de hacer lo que quieran. Qué obviedad venir a decir esto de una banda que, con 54 años en la carretera, se mantiene vigente, activa y como una maravilla musical que seguramente no vaya a repetirse.

Este año, el cuarteto de septuagenarios y su mastodóntico equipo volvieron a girar por América Latina y llegaron, por primera vez, a Montevideo, donde más de 50.000 personas comprobaron que los Stones son reales y están más allá de todo en el escenario. Después se fueron a La Habana, aprovechando la mejoría del vínculo cubano con Estados Unidos, para dar un concierto al que nadie sabe bien cuántas personas fueron: 500.000 o dos millones, lo mismo da, fueron partícipes de la experiencia.

De todo eso salieron dos películas, Havana Moon sobre esa noche en la isla y ¡Olé, Olé, Olé! A Trip Across Latin America, documental con participación uruguaya.

También inauguraron en Londres una exposición retrospectiva de su trayectoria y su obra, Exhibitionism; editaron Tottally Stripped, una versión ampliada del disco en vivo Stripped lanzado hace más de 20 años y —aquí lo relevante para esta nota— anunciaron la salida de un nuevo disco de estudio.

Finalmente sin ninguna canción propia (habían manejado la posibilidad de incluir alguna), el viernes salió al mundo Blue & Lonesome, la pieza 23 de su discografía que es una recopilación de viejos y populares blues estadounidenses, reversionados y grabados en cuestión de pocos días en los estudios British Grove (los de Mark Knopfler, donde hay un par de equipos que son unas rarezas).

¿Los Rolling Stones lanzando un disco de blues en el siglo XXI? Sí, porque dentro de los parámetros que han manejado por medio siglo, los Stones pueden hacer lo que quieran. Y si esto es una cuenta pendiente, una prueba en estudio que salió tan bien que para qué desperdiciarla, u otra manera de generar ingresos, no importa: el blues les queda bien.

Los Stones no están ni tan tristes ni solitarios como el título del disco lo anuncia, y con Blue & Lonesome viajan directamente a sus comienzos (si fue por un disco de blues que Mick Jagger y Keith Richards arrancaron su historia) para volcar sobre aquel mismo viejo blues de Chicago todo lo aprendido durante estos años.

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Blue & Lonesome es un juego que Jagger, Richards, Ron Wood y Charlie Watts hace rato juegan de memoria: siguen siendo blancos atrevidos haciendo música de negros, sí, pero se olvidaron de aquellas miradas de reojo construyendo una manera propia de hacer rocanrol, y ahora son los Stones haciendo blues. ¿En el siglo XXI? Bueno, puede que haya cierta valentía atrás de eso, o también cierta intención de despedida si se tiene en cuenta que 11 años después de su último disco de estudio (A bigger bang), su vuelta a las bateas con material inédito se da de la mano de un álbum de los covers que le dieron inicio a todo esto. ¿Hay despedida imaginable para los Stones?

Blues, blues y más blues

Está claro que no le dieron demasiada vuelta a estas canciones. Entraron a estudio, eligieron temas ya incorporados e hicieron lo que saben: ponerle ese sello tan propio a todo, pero con un talento que parece intacto y que acá se hace notar sobre todo en la voz de Jagger, que el tiempo va curtiendo pero mejorando.

Es bien interesante que hayan ido a revolver los viejos baúles de la memoria para desempolvar canciones que hoy están prácticamente perdidas (basta ver sus pocas reproducciones en YouTube, por ejemplo), quitándole el cuerpo a otros tantos blues que podrían haber servido al menos de gancho fácil para el escucha. Lo más conocido es "I cant quit you baby", pero porque Led Zeppelin ya lo había grabado a lo grande.

Hay una espontaneidad presente desde el inicio, desde que se coloca a "Just your fool", una canción que cuando arranca ya parece empezada, como apertura del disco. La participación de Eric Clapton en otro par de temas, porque justo estaba grabando en esos mismos estudios cuando la banda llegó, contribuye a esa atmósfera de pura naturalidad, de puro divertimento.

Todo se traduce en un sonido crudo y visceral, donde la desgarradora interpretación de Jagger se respalda con comodidad sobre el entramado de guitarras que proponen Richards y Wood, que puede ser cansino y conmovedor como en "All of your love", o salvaje y divertido como en "Just like I treat you". Lo de Watts es siempre eficiente, particularmente en esa última canción.

"Este álbum es lo que siempre quise que hiciéramos. Es lo mejor que hacemos", dijo Watts. Expresó desde adentro lo que se siente desde afuera: qué buenos que son los Stones haciendo blues.

Ese viejo amigo de los músicos

"I'm A King Bee" /Rolling Stones

En su primer disco, los Stones incluyeron varios covers de canciones de sus bluesmen favoritos (Willie Dixon, por ejemplo) además de otras músicas negras. Y consiguen una notable versión de esta canción que Slim Harpo había escrito en 1957 y que luego tendría otras versiones famosas.

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"Baby, please don't go" / YouTube

En 1981, los Stones estaban de gira por Estados Unidos y en Chicago fueron a ver actuar a su ídolo Muddy Waters. Terminaron todos en el escenario tocando con su leyenda más admirada y pasándola de maravilla. También tocaron "Mannish Boy" en otra versión arrolladora.

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"Champagne and reefer" / Shine a light

Es un clásico que Muddy Waters escribió en 1961 y que los Stones incluyeron en el disco/película Shine a Light. "Denme champagne cuando esté sediento y porro para ponerme de la cabeza", canta Jagger acompañado por el legendario Buddy Guy, a quien Richards le regala al final su guitarra.

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