BALANCE 2020

Balance 2020: el streaming, el mundo que teatros y recitales descubrieron en pandemia

Sin actividades presenciales, el formato se presentó como posible fuente de trabajo y de a poco conquista al público

El Pilsen Rock virtual. Foto: Marcos Hecht
El Pilsen Rock virtual. Foto: Marcos Hecht

El cultural ha sido uno de los sectores más afectados por la pandemia del coronavirus, con cuatro meses de inactividad total en los formatos presenciales, cuatro meses y medio de trabajo con aforos muy limitados, y ahora una nueva pausa. Entre reclamos, falta de subsidios y estrategias, el streaming apareció como una de las pocas alternativas para continuar adelante con la actividad, aunque su consolidación no ha llegado.

Bien al comienzo de la pandemia, las redes sociales fueron escenario de cantidad de conciertos. Todos los días había al menos un artista sentado frente a la pantalla de un celular y dispuesto a hacer música desde su casa para acompañar al resto.

A medida que la pandemia se prolongó en el tiempo entró en juego un eventual modelo de negocio.

¿Podía el streaming convertirse en una fuente laboral?

“Los recitales virtuales perfectamente pueden ser una salida para muchos artistas”, decía en abril uno de los voceros del colectivo Uruguay es Música, Nicolás Fervenza, a El País. “Hay que organizarse y es una educación. Tanto las empresas como los artistas y las productoras tenemos que tener claro que si queremos que eso sea un negocio tenemos que empezar a decir que no a un montón de cosas, y encauzarlo a la vía del negocio”, opinaba.

En Uruguay surgieron algunas iniciativas para ver música on demand y con entrada paga (el ciclo Autores de Ssendero Estudio, Vivo en Mute; algunos espacios “a la gorra”), pero sobre todo se implementó el streaming como complemento a los espectáculos presenciales cuando se retomó la actividad.

Lugares como Sala del Museo o Teatro El Galpón incorporaron esta herramienta y ofrecieron transmisiones online para ver en directo o en las siguientes 48 horas. El Galpón tiene, de hecho, varios títulos todavía disponibles en Passline.

Héctor Guido, secretario general de El Galpón, dijo a El País que “lo que fuimos viendo fue un incremento muy importante en aceptar el sistema. Empezamos con muy pocos espectadores, luego se fue descubriendo y ahora estamos viendo que funciona el ver la obra on demand. (...) El número es significativo y es una tecnología nueva que requiere acostumbrar al usuario, pero es interesante. Creo que vamos a llegar a que lo presencial y lo digital pueda generar un buen aforo”.

Recitalesapp, plataforma local que alojó los espectáculos de Ssendero, MUTE y Sala del Museo entre otras propuestas, realizó unos 60 recitales hasta ahora, con picos de 3.500 vistas por video (entre la transmisión en directo y el acceso on demand, para entrar luego de ocurrido el evento) y de 1.500 reproducciones solamente en el vivo.

En total, entre todos los usuarios y todos los videos, Recitalesapp acumula 33.000 vistas y cuenta con alrededor de 5.000 usuarios registrados, informaron a El País. Para sus responsables, la clave está en apuntar al artista, a poder comercializar directamente, y entienden que el público recién le está tomando el gusto a la experiencia.

Argentina, aquí cerca, apostó al streaming con mayor énfasis: se gestaron obras de teatro específicas para el formato, artistas como Martín Bossi o Hernán Casciari readaptaron sus propuestas a la virtualidad, y venues como el Movistar Arena desarrollaron conciertos de artistas convocantes (Vicentico, Soledad Pastorutti, Fito Páez), todo con entrada paga.

También el Cosquín Rock hizo una ambiciosa edición. Con la consideración de que tenía la grilla más grande de la historia del festival y un alcance mundial (se podían comprar entradas desde casi todos los países), ¿con qué cristal se mira su resultado? Cifras oficiales hablan de 170 mil espectadores; su última edición física superó los 100.000.

Para todos esos casos, Argentina trabajó su comunicación a nivel regional y buscó instalar la agenda en otros mercados. En Uruguay no se logró desarrollar una actividad así de sostenida aunque el mercado, claro, tiene otras características. Sí hubo shows de proyección internacional de bandas como La Vela Puerca (el 17 de octubre desde su sala, cosechó varios elogios), El Cuarteto de Nos o No Te Va Gustar (específicamente para el exterior).

Las tres bandas fueron parte de uno de los hitos del streaming local, la vuelta del Pilsen Rock, gratuita y nacional.

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Los destacados

Para la música uruguaya, las dos grandes experiencias que dejó el streaming fueron la realización del Pilsen Rock y del Montevideo Rock, todo virtual.

El primero regresó con una intención solidaria (colaborar con el sector de la música mediante donaciones del público, ventas de merchandising y el aporte de Pilsen) y fue un caso de éxito. Se lo emitió por Canal 10 y por YouTube sin costo —también se lo podía ver en el autocine del Aeropuerto de Carrasco—; tuvo shows de Niña Lobo, Eli Almic, NTVG, La Vela y El Cuarteto, y tuvo muy buena audiencia limitada a Uruguay, por acuerdos comerciales. Hoy acumula más de 91.000 reproducciones en YouTube.

El segundo, una adaptación del que iba a ocurrir en marzo en la Rambla, también sirvió para colaborar con la cultura a través de la donación de aquellas entradas cuyo monto no fue requerido por compradores.

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Los autocines

El streaming, en lo audiovisual, ya tenía el control antes de que llegara la pandemia. ¿Qué le quedó por hacer a los cines, entonces, con las salas cerradas y ese panorama? Recuperar la tradición de los autocines. Así fue que volvió este formato, al Aeropuerto de Carrasco y al Faro de Punta Carretas, y tuvo buen funcionamiento durante meses: con programación limitada, las entradas se agotaron con frecuencia. Luego llegó, con un perfil bien distinto de películas, el Autokino al patio del Espacio de Arte Contemporáneo, una iniciativa de Cinemateca con Instituto Goethe. Ninguno de los espacios sigue activo pero la pandemia volvió a traer la experiencia de ver películas bajo las estrellas y llevó la música a cada living, a cada casa.

En el medio de lo romántico del asunto estuvo el intentar descifrar las nuevas formas y ver cómo se pueden convertir en fuentes reales de trabajo y de ingreso de dinero para un sector golpeadísimo.

Y esa línea todavía es la que se transita.

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