Balance 2020

Balance 2020: de Fiona Apple a Niña Lobo, las mujeres de la música protagonizan el cambio

Las mujeres levantaron su voz en el rock, consolidaron su espacio y la tendencia mundial se sintió en Uruguay. Pero la desigualdad aún existe

Fiona Apple, Billie Eilish, Niña Lobo y Mariana Ingold
Fiona Apple, Billie Eilish, Niña Lobo y Mariana Ingold

Cuando se anunciaron las últimas nominaciones a los Grammy, el periodista Tyler Watamanuk recordó en su cuenta de Twitter el titular de una nota del New York Times de 2017: “El rock no está muerto, está dominado por mujeres”. “Puede parecer que las guitarras importan menos que nunca. Pero justo debajo del mainstream, docenas de bandas femeninas están haciendo parte de la música más urgente y políticamente relevante que existe”, escribió un hombre, Joe Coscarelli, que se sentó a conversar con protagonistas del cambio.

En 2018 se probaba que el cambio de paradigma era mundial y Uruguay sentía sus repercusiones. Alfonsina hacía historia al ser la primera mujer nominada en la categoría “productor del año” y Florencia Nuñez marcaba un hito al ser la primera en ganar el aerosol a “compositor del año” en los Premios Graffiti, por sus segundos discos Pactos y Palabra clásica respectivamente.

La cultura toda ha sentido el impacto de la nueva ola feminista, y ese impacto se ha hecho cada vez más evidente en la música. Tanto que las protagonistas de 2020 en el rubro fueron, sin discusión, las mujeres, que hicieron discos increíbles, que tuvieron conquistas importantes, que sacudieron la estructura al denunciar y visibilizar repetidas situaciones de violencia de género en el rock y alrededores.

Fue el año de romper el silencio.

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Mirar para afuera

Para fines de enero, la industria solo hablaba de Billie Eilish, la artista de 18 años que se convirtió, con su primer disco bad guy, en la segunda persona en ganar en una misma edición los premios a mejor artista nuevo, mejor canción, grabación del año y álbum del año en los Grammy. Su pop alternativo emergió como fenómeno rupturista y popular, al tiempo que la chica detrás de la música le hacía frente a lo que viene con el hecho de ser una mujer famosa.

En mayo, después de mucho escuchar críticas sobre su estilo oversized y el por qué no se viste “como chica”, lanzó el corto “Not My Responsability” en el que se quita la ropa holgada y revela su cuerpo mientras habla de cómo influye la mirada del otro. “Aunque nunca has visto mi cuerpo igual lo juzgás, y me juzgás a mí por él. ¿Por qué?”, se pregunta.

Se trata de romper el silencio.

En abril, la que pateó el tablero fue Fiona Apple, que lanzó su disco Fetch the Bolt Cutters y se llenó de elogios. La fuerza de este art pop está atravesada por la perspectiva feminista y carga con abusos sexuales, depresión, miedo y sororidad, además de que tiene un riesgo musical tremendo. La canción “Shameika” es una de las nominadas a mejor performance de rock en los Grammy junto a temas de Grace Potter, Brittany Howard, HAIM, Phoebe Bridgers y Big Thief.

“Pateame por abajo de la mesa todo lo que quieras, yo no me voy a callar”, avisa Apple en “Under the Table”.

Se trata de romper el silencio.

En una temporada de mujeres fuertes, Taylor Swift habló en un documental de cómo la industria masculinizada se encargó de moldearla a su manera; editó dos discos de sorpresa —folklore y evermore, buenísimos y exitosos— y se puso a regrabar sus antiguas canciones, para volver a tener el control después de que los derechos de sus primeros álbumes fueran vendidos sin su consentimiento.

Porque no es solo romper el silencio, sino recuperar la voz.

Karol G, Dua Lipa, la banda Blackpink, la trapera Cazzu o Megan Thee Stallion son otras a las que habría que mencionar, por distintos motivos, entre las mujeres internacionales de la música de 2020.

Pero el punto de este balance no es enumerar sino armar una foto, la foto de las que alzaron su voz.

Nacional

Mirar para adentro

La transformación se da, lenta pero paulatinamente, a nivel mundial. Y no es que emerjan de la nada artistas mujeres o queer: es que la forma de mirar cambió y los medios de comunicación y difusión, de a poco, corren el foco.

En Uruguay, en un año sin shows en vivo, la banda del 2020 fue Niña Lobo y no porque haya editado disco (sí lo hizo, pero es la compilación en formato físico de sus dos EP del año pasado), sino por lo que demostró en su participación en los festivales virtuales Pilsen Rock y Montevideo Rock. La sorpresa que causa ver a un quinteto de mujeres con una propuesta de rock y pop refleja las falencias de la escena, y también las necesidades: que hayan agotado entradas en cuestión de horas para los dos recitales que dieron en el último tiempo, habla de la avidez.

Además ganaron dos premios Graffiti y, para medir con la vara de los reconocimientos formales, este año los Graffiti galardonaron la trayectoria de Mariana Ingold, una mujer de presencia clave en discos muy importantes de la música popular uruguaya, mientras que Julieta Rada consiguió que Bosque fuera el mejor disco de pop tanto en Uruguay como para los Premios Gardel de Argentina.

Y muchos de los mejores títulos uruguayos del año fueron de artistas mujeres. De los debuts de Mica Mendizabal, Inés Errandonea y la rapera Kira a la reciente salida del Todo lo que no se cuenta en las canciones de amor de Patricia Turnes y del simple “Lanza” de Bárbara Jorcin (por mencionar algunas) son mujeres las que han hecho mucho de lo más refrescante del último tiempo.

En un año de pandemia, de inactividad y silencio, fueron las mujeres las que levantaron la voz para hacer oir sus canciones, sus denuncias y sus reclamos. No es, ni cerca, que la balanza se esté igualando. Los cinco artistas más escuchados en Spotify este año a nivel global fueron hombres; a mediados de año, la Rolling Stone publicaba una lista de las mejores 100 canciones de 2020 hasta el momento y remarcaba que solo el 19 % eran de mujeres; y en Uruguay el 26,5 % de las personas que trabajan en la música son mujeres y disidencias, según una publicación que presentó este año el colectivo MasMúsicas.

No es, ni cerca, que la balanza se esté igualando; pero el mundo está cambiando y la música también lo siente. Se trata, ahora, de levantar la voz, romper el silencio y no volver atrás.

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