CRÍTICA

Balada de rock para un loco

Pity Álvarez está loco, pero dentro de su locura hay mucha lucidez. De esa premisa hay que partir para entender lo que pasó durante su estadía en Montevideo y en el show que dio en el Teatro de Verano.

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Pity Álvarez se lució y su banda de músicos fue un gran respaldo para su actuación. Foto: N. Pereyra.

Viejas Locas, con su frontman como único miembro original, llegó a Uruguay como parte de su gira de despedida que no pareció tan de despedida, y que los ha tenido bastante activos últimamente.

Álvarez vino en auto hasta Montevideo y el viernes recibió a El País para hablar del código penal, la NASA, las teorías conspirativas y tantos otros delirios. Desde la cama del hotel donde se hospedaba dejaba la imagen de un tipo mal de la cabeza, pero de ese tipo no hubo casi rastros en el escenario.

El show se hizo esperar; durante años para los seguidores de Viejas Locas e Intoxicados y durante un buen rato para los miles que esperaban en el Teatro de Verano. El toque se había anunciado para las 20.00 y los que llegaron sobre la hora se encontraron todavía con Polaroids presentando su pop muy de los ochenta.

Los teloneros no fueron bien recibidos por el público, y es entendible. Más allá de su prolija actuación, su estilo era demasiado diferente al de Viejas Locas. Y, además, el frío se hacía sentir cada vez más.

Viejas Locas recién salió al escenario decorado con un elegante telón dorado pasadas las 21.30. El público que había esperado con calma y se había empezado a impacientar estalló con los primeros acordes de "El árbol de la vida", y las banderas comenzaron a flamear.

Pity Álvarez hizo, de principio a fin, una notable actuación. Fue el gran atractivo de la noche con sus frases ocurrentes, desde el inicial "¡Buen día, chicos!" hasta el discurso final sobre fronteras y patrias ("no estoy haciendo campaña", tuvo que avisar). También con sus bailes, desde los que pretendían coquetear con la corista hasta algunos pasos robóticos y otros de puro rocanrol.

Porque a fin de cuentas, más allá de su personaje excéntrico y mediático, el hombre es un animal de rock. Es un autor de grandes letras (el momento de "Homero" fue de los más conmovedores de la noche) y un buen músico; lo demostró cada vez que tomó la guitarra.

Y a este animal de rock lo rodea una manada que sabe cómo llevarlo por el buen camino. Álvarez tiene una gran corista que lo respalda cuando su voz ya no da, y una banda de talentosos músicos (sobre todos sus dos guitarristas) que lo guían. Si Pity les pedía una vuelta más de música se la daban, pero cuidando que las canciones no se desdibujaran.

Entre todos dieron una fiesta de despedida (bueno, terminaron prometiendo volver en abril) a la altura de Viejas Locas; sus temas se llevaron la mayoría del repertorio aunque los de Intoxicados no faltaron. Sin embargo, los éxitos de las dos son demasiados: no entraron "Todo sigue igual", "Volver a casa", "Una vela" o "Las cosas que no se tocan". Una pena.

El mayor problema fue una larga pausa de 15 minutos tras una hora de show, que enfrió al público. Adelante hubo bengalas y descontrol pero con orden, más allá de un par que vencieron la seguridad y se treparon al escenario. Hacia atrás hubo menos baile porque la música pasó por otro lado.

Las canciones fueron ante todo respetadas, y eso agradeció Pity Álvarez. Pidió que lo escucharan y fue escuchado, porque el público lo había esperado demasiado y disfrutó de encontrarse con una de sus mejores versiones, la de un artista contundente y orgulloso de su obra. "Fuego" y aquello de "estamos enfermos, perdónnenos", fue, entonces, un inmejorable final.

VIEJAS LOCAS (***)

Fecha: 17 de octubre. Lugar: Teatro de Verano. Músicos: Cristian "Pity" Álvarez (voz y guitarra), Juan Del Río (guitarra), Hernán González (guitarra y coros), Gabriel Prajsnar (bajo), Matías Mango (teclados y coros), Alejandro Avellaneda (batería). Banda invitada: Polaroids.

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