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Bailar hasta salirse de sí mismos

Si en algún momento se les ocurrió que era un desafío, y uno de esos duros, ahora ya aprendieron a disfrutarlo. Después de haber llenado dos veces la sala principal del Teatro Solís a fines de 2014, Martín Inthamoussu y Tabaré Rivero decidieron volver a hacer el espectáculo Que revienten!.

Con música de La Tabaré y coreografía de Inthamoussu realizada por bailarines de su compañía, esta puesta los pone a convivir a todos sobre el escenario y le plantea exigencias al cuerpo humano. "Quería pasar el límite de la belleza de la danza.

Que la gente diga: se están muriendo. Llegar a ese extremo", apunta Martín Inthamoussu en entrevista con El País, sobre el objetivo que tuvo su diseño coreográfico. Las agendas de ambos están bastante cargadas. Rivero viene de hacer una seguidilla de fechas en Bluzz Live por los 30 años de su banda, festejos que culminarán en noviembre en el Teatro de Verano.

"Esos shows me dejaron más de lo que yo esperaba. Me dejó tan contento que parece mentira que en este momento de mi vida pueda aceptar y decir: las peleítas pasan y queda la esencia, que es el amor que le puso uno a todo esto", admite respecto a su encuentro con varios de los músicos que fueron parte de su banda.

El bailarín y coreógrafo, por su parte, trabaja incansablemente con el músico uruguayo Juan Campodónico para la reedición de Episodios nocturnos coreográficos por los 80 años del Ballet Nacional, espectáculo que comenzará el 13 de agosto y que tiene una complejidad significativa en cuanto a su montaje. Pero hubo manera de hacerse un espacio en el medio de tantas actividades para repetir Que revienten!: con entradas a 380 pesos, el espectáculo se hará entre mañana y el domingo en la Sala Hugo Balzo del Auditorio, con funciones diarias a las 21:00 horas.

—¿Qué entienden por reventar?

Tabaré Rivero: Bueno… (Se ríe). Nos gustó cuando le puse al disco Que revienten los artistas, una frase de Tadeusz Kantor que es un director polaco. Él decía que el artista tiene que reventar por dentro para mostrar la esencia de lo que realmente es. Se refería a los actores más que nada, pero lo puedo llevar a cualquier rama del arte.

Cualquier artista tiene que reventar para llegar a la esencia de lo que es el arte y mostrarlo. Y también hablaba de que el artista a veces revienta porque no puede soportar el mundo exterior.

Creo que las letras de las canciones, conjuntamente con la energía de los bailarines, hablan concretamente del reviente para buscar la esencia artística —en la medida en que uno pueda encontrarla o no— y probablemente nos encontremos entre nosotros y con el público diciendo: qué difícil es el mundo exterior. Qué difícil es para la persona que está viviendo esa sensibilidad ahí dentro y después tener que enfrentarse al ir y venir de todos los días.

—Con tantos años llevando la banda al teatro, ¿esta experiencia qué te ha aportado?

T. R: Es un aprendizaje, evidentemente, para mí y los músicos, pero también el placer de poder seguir hurgando dentro de la comunicación artística. Nunca me quise quedar en que La Tabaré es una banda de rock y nada más, sino que traté de buscar por otros caminos y creo que de la mano de Martín encontré esto, que siempre tuve ganas de mezclar y no encontraba cómo ni por qué.

—Es interesante cómo el disco, Que revienten los artistas, dejó de funcionar como disco en sí y cobró una vida aparte a raíz de este espectáculo.

T. R.: Claro. Evidentemente el espectáculo ha reforzado cada una de esas cosas que en el disco no se ven, que la música insinúa y que él fue capaz de descubrir y transmitir a los bailarines. Y el público va a recibir toda esa cantidad de imágenes auditivas y visuales.

—A vos, Martín, ¿qué te significó trabajar con esta música que no es la típica para la danza? ¿Es un desafío?

Martín Inthamoussu: Más que nada, coreografiar música preexistente. Es algo nuevo porque por lo general trabajo con músicos que componen para la obra, y el proceso se da de otra manera. Acá yo tenía todo el repertorio de La Tabaré y Tabaré me dijo: "elegí los temas". Me dio total libertad, y a mí me encantaron todos los temas del disco y los quise a todos.

Pero del repertorio de La Tabaré hay un montón. Es interesante porque yo era público de La Tabaré desde que tengo 15, entonces tenía mis memorias. Quería traer esas memorias de lo que a mí me pasaba cuando escuchaba "Romancero" y traerlo hoy al escenario y ver qué pasa con ese cruce, dónde estoy parado yo. Fue una experiencia re linda, porque además las letras de Tabaré son muy contundentes.

—¿Te costó mucho lidiar con esas letras?

M. I.: Lo que pasa es: ¿cómo hacés para no quedar literal y subrayar lo que ya está dicho? ¿Cómo trabajar la abstracción de la danza, potenciando lo que él está cantando?

Fue lindo porque teníamos claro que no iba a ser un concierto de La Tabaré con unos bailarines, ni un espectáculo de danza con una banda que va a tocar. Era un trabajo horizontal y eso implicaba que la banda se involucre en el escenario, y ese diálogo no todos los músicos están dispuestos a hacer. Y acá fue genial. En el ensayo estábamos haciendo un tema que se llama "Tuercas", y decíamos: lo que estamos haciendo es no ser más tuercas de una misma maquinaria.

Es lo que estamos proponiendo desde este lugar. Nosotros no somos parte de esa tuerca, que me ponés acá y acá voy a funcionar. Es una tuerca rara. También es abrirte como público a decir: "¿qué es lo que pasa con estas tuercas?".

—Ustedes tienen personalidades y maneras distintas de manejar las emociones. ¿Cómo se equilibraron?

M. I.: Nos equilibramos… El ying y el yang (se ríe).

T. R.: Yo no soy obsesivo pero me parece que está muy bien la gente que sí es obsesiva. Si bien no soy obsesivo con lo que hago, siempre necesito de algún obsesivo cercano que me ponga límites y me haga ir para adelante mejorando las cosas.

M. I.: Y me tocó a mí (se ríe). Pero también fluyó muy bien el trabajo. Supongo que desde el desconocimiento, en mi caso, de cómo funciona una banda de rock y cómo funciona La Tabaré en particular. Esto fue aprender cada día; también aprendí que los músicos tienen un reloj diferente al de los bailarines… Lo compran en otro lugar.

T. R.: No para el tempo sino para la llegada a los ensayos. Se habla de que somos un poquito más… atorrantes.

M. I: La otra es que una vez que arrancan, arrancaron. Y andá a seguirlos después. Pero estuvo genial. Además el grupo humano, porque de mi compañía son ocho bailarines más toda La Tabaré. Todo el mundo fue increíble y fue un placer trabajar así.

Pormenores del regreso de un espectáculo alternativo.

Rivero e Inthamoussu decidieron hacer nuevamente Que revienten! porque habían ensayado demasiado en 2014 y sólo tuvieron dos oportunidades de desarrollarlo. También los motivó la posibilidad de hacerlo en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre, donde la cercanía con el público será un aliciente. Y, claro está, la excusa de festejar los 30 años de La Tabaré.

Además, estas nuevas funciones les permiten mejorar cosas respecto a los espectáculos hechos en el Teatro Solís ("¡Con lo obsesivo que soy, siempre tengo algo para mejorar!", dice Inthamoussu), sobre todo en cuanto a los arreglos musicales. En las cuatro presentaciones que harán entre jueves y domingo, habrá algunos cambios aunque no drásticos: se incorporarán dos bailarines más, se sumará una actriz que intervenirá textos y no estará Alejandra Wolf.

"En la base es lo mismo que el año pasado, pero hay unas cuantas diferencias", indica Rivero, mientras que su compañero en este desafío destaca: "es muy importante para un artista contemporáneo entender que este cruce de lenguajes es por donde van las artes escénicas contemporáneas". Inthamoussu evita calificar a esta puesta usando los términos "música" o "danza". Cuando le preguntan de qué va Que revienten!, prefiere decir que se trata de un espectáculo de artes escénicas, dándole a la expresión un campo bastante amplio por el que moverse y adaptarse.

Foto: Alejandra Pintos.
Foto: Alejandra Pintos.
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