Entrevista

Con Auténticos Decadentes, que trae su fiesta al Sodre: "Sin autocrítica no hay realidad"

La banda presentará su espectáculo unplugged el 9 de setiembre en el Auditorio, y por eso charlamos con Nito Montecchia y Cucho Parisi

Auténticos Decadentes. Foto: MTV
Auténticos Decadentes. Foto: MTV

Hace un rato largo que los Auténticos Decadentes no tocan en Uruguay, así que esta vuelta entusiasma por partida doble: por la vuelta en sí, y porque sea con Fiesta nacional, el espectáculo que abrió la nueva era de unplugged de MTV. El lunes 9 de setiembre, la banda tocará en la sala principal del Auditorio Nacional del Sodre; las entradas están en venta en Tickantel, y ya hay sectores agotados.

Dos de los Decadentes, el guitarrista Gustavo “Nito” Montecchia y el cantante Gustavo “Cucho” Parisi, conversaron con El País una tarde fría en La Trastienda de Buenos Aires, horas antes de un recital de Las Pelotas. La charla fue entre café y medialunas que, pasadas las 17.00, sirvieron de almuerzo para Parisi, que se había despertado hacía un rato y que con Montecchia, posó para un par de fotografías con fanáticos en el camino cortito entre el vehículo y la sala.

Los Decadentes son exactamente eso que, ese día en Buenos Aires, reflejaban los dos músicos: la profesionalización de 30 años de música y de éxitos, y el desparpajo medio desprolijo que es como una marca de nacimiento. Después de todo son eso, auténticos decadentes capaces de armar la fiesta para muchas generaciones y países. Uruguay será uno.

—¿Cuál ha sido la sensación de estar rodando con este espectáculo unplugged, tan diferente para los Decadentes?

Nito Montecchia:
Al principio no teníamos muchas expectativas, como era un show acústico y las canciones estaban reversionadas a ese estilo, con muchos cambios -de ritmo, de melodía, mucha cosa a nivel musical-, muchos instrumentos, invitados... Al principio costó replicar en vivo, eso que sonaba bien. Y lo loco fue que tuvimos una invitación para hacer este show, más pensado para teatros, en el Cosquín Rock, entonces armaron una carpa de circo, empezamos a tocar acústico, y la gente saltaba, cantaba, bailaba (se ríe). Igual al eléctrico.

—¿Y cuando hay butacas, la gente se levanta y baila?

N. M.
: La gente se levanta y baila igual, las butacas solo las usan para que se sienten en alguna canción más tranquilo. El resto del show es todo arriba.

Cucho Parisi: En lo que implicó la forma de la presentación en vivo, en lo que me toca a mí, que soy la punta del iceberg, la comunicación con la gente mejoró mucho. (Al show) Había que ponerle muchas cosas más extramusicales, porque no es solo la música: solo la música no conmueve. Entonces se logró algo que es como entrar a la intimidad, más que nada, no sólo por desarmar las canciones y hacerlas de nuevo. Es como que si hubiera un redondel, la gente estaría en el medio, y nosotros estaríamos cantándole alrededor. Entonces agarro a uno de la butaca y le hago un chiste; o me rasguñaron la otra vez... Qué sé yo, pasan cosas.

—Hacer este especial para MTV implicó repasar un montón de éxitos, revitalizarlos, valorar la obra, porque se ven otras cosas de la canción que en las versiones originales no se veían, y eso, que la prensa lo sintió, el público también, y lo retribuyó agotando entradas.

N. M.:
Sí, es verdad. Y fue raro, fue como un fenómeno que se dio. Y para nosotros también fue eso, animarnos a hacer otros estilos, por más que la música nuestra siempre tiene de todo. Pero llegamos a hacer tango, otros ritmos más folclóricos más puros, y eso fue lo que nos gustó: poder jugar a tocar esos estilos que no habíamos abordado por completo.

—¿Pero les sorprendió que el público abrazara con tanto fervor este formato?

N. M.:
Claro. Yo tenía cierto temor a cómo la gente iba a tomar los cambios, si les gustaban o no. Y hay cambios bastante radicales; por ejemplo, “Raquel” lo hacemos instrumental, y en la versión que cantan las hinchadas en la cancha, con una línea melódica más simplificada. Pero nos fue superbién.

C. P.: Empezamos en La Plata, un lugar chiquito que me complicó a mí, porque yo quiero dar lo mejor, por mí y para mí, no solo para la gente. Si no hay autocrítica, no hay realidad; la autocrítica es lo mejor que puede haber. Porque si no te conmueve a vos, no podés conmover a la gente, y si la gente paga para estar dos horas con vos, tenés que sacarla de la realidad y meterla en otra esfera.

Auténticos Decadentes. Foto: Difusión
Auténticos Decadentes. Foto: Difusión

—Sobre todo cuando hay un repertorio como el de los Decadentes, porque bien podrían descansarse en lo que sí logran conmover esas canciones.

N. M.:
Las canciones conmueven porque son conocidas, pero también está la sorpresa de escucharlas así.

C. P.: Y los invitados le dieron un toque... Fue mágico, ¿viste?

—Hablando de lo conmovedor, ¿qué tiene “Un osito de peluche de Taiwán” que permeó tantos públicos distintos?

C. P.:
(Se ríe) Las canciones románticas siempre tienen algo con lo que la gente se va a identificar, pero tiene humor, y aparte la melodía, todo. La complicidad de que les pasa a todos.

N. M.: Tiene ese ida y vuelta que tiene el amor, ¿no? Que estás con una persona y no la soportás más y te querés ir, y cuando te fuiste, querés estar cerca. A todos nos pasa, es una regla bastante general, y creo que tocó esa fibra: habló de algo que le pasa a todos. Y tiene gracia.

C. P.: Y tiene el dulce de leche, el osito de peluche, y la acidez de todas las canciones de los Decadentes.

—Además, el unplugged exige jugar con otros elementos para generar un espectáculo igual de intenso que el eléctrico, que esté a la altura de un título ambicioso como Fiesta nacional.

N. M.:
Sí, somos grandilocuentes (se ríe).

C. P.: Si yo te desenchufo y te pongo en un escenario, tenés que gritar, tenés que zapatear, poner más el cuerpo. Porque al no tener imágenes, sino una puesta escénica inamovible, no podés salir de ahí, y dependen de vos las estrategias de juego. A mí (el ingeniero Gustavo) Borner me hizo como un coach, me hizo hacer lo que yo no iba a hacer. Si yo dependía de los dos productores de los Decadentes, que son buenos y todo, por ahí no estaban capacitados para decirme: “Dale, vamos, vos podés”. Y él me trató de una manera que me sacó la ficha de a dónde podía ir, y me logró estimular. Lo veíamos el otro día en una película: si no está el entrenador... Aunque está bueno no confiar, porque es inseguridad, y la inseguridad te da todo un estado de alerta para que pongas lo mejor de vos. Es adrenalina.

N. M.: Y cuando comenzamos a preparar el show, todo era una hoja en blanco.

—Esto de Fiesta nacional como título, la estética que tiene el audiovisual, el grito de “Cien por ciento argentino” que se escucha al final de “El murguero”, ¿es todo parte de una celebración de lo mejor de la argentinidad, en un momento crítico?

C. P.:
Se me viene mucho a la cabeza la frase de la Bersuit, “la argentinidad al palo”. Siempre se me viene, porque tenemos en común eso, es verdad: defender, o llevar la cultura de acá, y mostrarla. Porque el avispero del mundo es el tango, es lo que llevó a la gente a decir: “Ah, ¿qué hay en el sur?”. No saben de otra.

N. M.:
Igual nosotros queríamos que sea más regional; la fiesta nacional no refiere solo a Argentina, y por eso quisimos tocar un poco de todo en cuanto a estilos. Quisimos que el concepto musical sea más transversal.

C. P.: Más que nacional, es popular.

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