ENTREVISTA

El artista israelí Avi Avital y su mandolina llegan al Teatro Solís

El músico, nominado al Grammy, se presenta hoy en el Solís con un nuevo concierto del Centro Cultural de Música

Avi Avital. Foto: Difusión
Avi Avital, un gran artista israelí que llega por primera vez a Montevideo. Foto: Difusión

La prestigiosa orquesta L’Arte del Mondo con la sensación del momento, el mandolinista israelí Avi Avital, llegan al Teatro Solís en un nuevo concierto que organiza el Centro Cultural de Música.

Se trata de la segunda vez que este mandolinista de 41 años, nacido en Be'er Sheva, llega a Uruguay, aunque es la primera que se presenta en escenarios de Montevideo. Avital, quien fue nominado al Grammy en 2010 a mejor solista instrumental con orquesta, cierra acá una gira por distintos países de la región. Este músico es conocido en el mundo por haber reinterpretado música barroca, originalmente escrita para otros instrumentos, con la mandolina.

En una entrevista con El País, el artista habla de su primer acercamiento a este instrumento, cuenta las circunstancias que lo llevaron a aprender a tocar la mandolina y las razones por las que su forma de interpretar es tan distinta a la del resto del mundo.

—Comenzó a estudiar la mandolina a la edad de ocho años, ¿por qué elige ese instrumento?

—La elección fue un poco al azar, porque uno de mis vecinos tocaba la mandolina, y ese era el instrumento que conocía cuando era niño, y me gustó. Hay algo en el instrumento, el tamaño, el sonido; tiene una voz alta, y es un instrumento muy amigable para un niño.

—¿Cómo llega a estudiar para interpretar la mandolina?

—Hay algo muy mágico con este instrumento. Estudié con una orquesta en mi ciudad natal, donde lo interesante era que el profesor de ese tiempo no era un intérprete de mandolina, sino de violín. Él había llegado de San Petersburgo (Rusia) en los años setenta a Be'er Sheva y había aplicado para ser profesor de violín, le dijeron que ya había uno pero que había muchas mandolinas en el sótano y no sabían qué hacer con ellas. Y le dijeron: “si quieres el trabajo, crea una orquesta de mandolinas; si no, buena suerte”. Y decidió empezar esta orquesta de mandolinas, y eso llevó a una serie de errores que son la razón por la que estoy aquí.

—¿Cuáles son esas razones?

—En primer lugar, él no sabía ningún repertorio de mandolina, el cual, además no es muy grande, y lo que existe no es muy complejo técnicamente. Entonces, él enseñaba mandolina con un repertorio de violín, lo que hizo que nosotros desarrolláramos una técnica más compleja, porque hacíamos el repertorio de violín, en mandolina. Y por eso adaptó las seis sonatas para violín de Bach, los conciertos para violín de Mendelshon, y así. Y lo segundo, es que él no conocía la técnica habitual de tocar la mandolina, entonces fue más intuitivo nuestro acercamiento al instrumento. Por eso nadie agarra la mandolina como quienes estudiamos con él, y eso probó ser un gran adelanto para el instrumento, porque puedes reconocer las personas que vienen de Be'er Sheva, solo con ver cómo agarran la mandolina. Si bien está mal cómo se sostiene la mandolina, para mí es mucho mejor, es más ágil de usar que de la manera tradicional.

Avi Avital. Foto: Difusión
Avi Avital se presenta esta noche en el Teatro Solís. Foto: Difusión

—La música barroca que interpreta con la Orchestra L’Arte del Mondo, no es un repertorio habitual.

—Nada es habitual con la mandolina. No hay mucha tradición, y es bueno para mí porque puedo elegir lo que me parece mejor para los espectadores. Para ellos será una experiencia magnífica, y la música barroca, se llena con los instrumentos. Porque es una música creada hace 300 años, pero que todavía tiene una gran aceptación por parte del público. También hay algo distinto con la música barroca, en relación a la romántica o clásica, qué interpretas y con qué instrumento lo haces. Porque Vivaldi o Bach escribieron música, no pensando en qué instrumento lo interpretaría. Claro que no puedo interpretar el Concierto de Rachmaninoff para piano con la mandolina, pero hay mucha música barroca que no fue pensada para un instrumento. Así que hay libertad para el intérprete.

—Y usted ha adaptado música que no fue escrita para mandolina.

—Sí, si hacemos la comparación con una receta, tienes una lista de instrucciones, esas son las notas que el compositor dejó. Se interpreta esta nota con este tempo, pero eso no es suficiente, y si tomo la receta y le cambio los ingredientes, es otro resultado. Porque un intérprete le aporta su experiencia, y eso es lo que le da vida a la música. Por eso yo tomo las instrucciones que dejó el compositor, y le hago un giro, esperando que así se pueda crear una experiencia que es nueva para los espectadores. Para mucha de la gente que vendrá hoy, será una experiencia distinta, muy extraña para lo que es la tradición de la música clásica. Y espero que hasta en las composiciones menos conocidas, puedan apreciar este distinto ángulo.

—Si bien en el violín son conocidos los Stradivaruis, pocos luthiers de mandolinas son conocidos. ¿Quién creó la que usted utiliza?

—La gente no sabe esto, pero Stradivarius también hizo mandolinas. Desafortunadamente hoy solo quedan dos, una está en una colección privada en Londres y la otra en un museo en Estados Unidos. Y la mandolina ha tenido muchos cambios en todos estos años, ha cambiado su forma, sus cuerdas, y yo la interpreto de una forma más moderna. La mía fue mandada a hacer específicamente, es muy especial porque la hizo un luthier israelí, Arik Kerman, y es el fruto del desarrollo de Arik con las mandolinas que ya lleva dos décadas. Su misión fue hacer encajar este instrumento para los escenarios del siglo XXI que son más grandes y por eso se necesita un sonido más fuerte, porque la mandolina no tiene la calidad del cello o el violín. Afortunadamente se pudo desarrollar este instrumento para estos tiempos.

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