MÚSICA

Artes urbanas que se mezclan a un mismo ritmo

La electrónica tiene su propia fiesta, The Warehouse.

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Alejo Fernández y Laura Brum son los gestores de este evento. Foto: Darwin Borrelli

Laura Brum fue a dejar unos muebles en un viejo galpón familiar en desuso, y se le ocurrió que era un buen espacio para montar una fiesta de música electrónica. Con esa idea en mente llegó a hablar con Alejo Fernández, un DJ con mucha experiencia en la escena electrónica nacional que se entusiasmó rápido.

Era 2014 y organizaron el primer evento, que fue en una locación secreta y bajo la convocatoria "Una fábrica abandonada, una fiesta": fueron 1.500 personas, y esta dupla de emprendedores entendió que ahí había algo que explotar.

Así nació The Warehouse, esta fiesta que ya ha pasado por varios lugares alternativos de la ciudad y que incluso llevó su propuesta a un polo logístico en Pando (fue su récord de convocatoria, con más de 3.000 asistentes) y de la que ya hubo 17 ediciones. Mañana se realiza The Warehouse Dead desde las 23:00 en el Hipódromo de Maroñas, con disfraz obligatorio y con entradas en Abitab a $ 750.

"Todo nació por la música. Por la música hacemos lo que hacemos, pero nos permitimos invitar a otras disciplinas, expandirlas e integrarlas", explica Fernández, haciendo hincapié en que este proyecto ya trascendió los límites estrictos de una fiesta de electrónica.

"Lo estamos llevando a una expresión cultural de gente joven, que reúne gente de todos lados porque en cuanto a la realidad socioeconómica tenés de todo", afirma Brum. Por eso, en The Warehouse ya es normal ver involucrados a VJs, performers, bailarines o grafiteros mezclando su arte con el público y con los musicalizadores. "Son artes urbanas lo que presentamos", apunta Brum.

En cuanto a lo musical, además, aseguran que el concepto de la fiesta y el de la radio (que lleva el mismo nombre y se puede escuchar en frecuencias de toda la costa) también es bastante amplio. "Sin irnos a cosas muy comerciales hay de todo: como una parte más Ibiza y otra más Detroit", explican.

Movida.

"Lo que está pasando hoy acá con la música electrónica es enorme", asegura Fernández, que lleva años siendo parte activa de la movida y que asegura que de martes a domingos hay varios boliches o fiestas dedicadas a la electrónica en suelo montevideano.

"Y estaría bueno que las autoridades y las personas se dieran cuenta que lo que está pasando es importante. Nosotros queremos que crezca de la mejor manera posible", agrega.

En ese sentido, uno de los puntos en los que más hace hincapié The Warehouse no es sólo en la convocatoria que ha logrado, sino en la necesidad de descentralizar las actividades de los escenarios ya establecidos o incluso del circuito montevideano. Pero en esa misión, aseguran Brum y Fernández, es donde más problemas se encuentran. "Pero estamos luchando", dicen, y defienden la bandera de un género musical y de una propuesta.

Un género que carga con estigmas propios.

"La electrónica tiene como un lema que es please love, unity and respect", explica Laura Brum y asegura que el ambiente electrónico se rige bajo esa máxima, al punto de que puede reunir sin prejuicios a gente de distintos niveles socioeconómicos.

Y sin embargo, esa gran tribu ha cargado con el fantasma de las drogas, algo que se ha potenciado desde que este año falleció un grupo de jóvenes en una fiesta en Buenos Aires.

"¿Pero cuál ambiente no tiene, a final de cuentas?", se preguntan. "Es lamentablemente un estigma que lo tiene la música", lamenta Fernández, "como diciendo que la fiesta es el problema. Pero el problema evidentemente viene desde otro lado y hay que estudiarlo".

"Nosotros fomentamos que la gente vaya a vivir una buena experiencia de vida y no que vaya a drogarse, porque no nos interesa", enfatiza el DJ. Por eso, The Warehouse trabaja en conjunto con la Junta Nacional de Drogas para "informar sobre el uso responsable de sustancias".

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