ANIVERSARIO

50 años de Woodstock: un festival que dejó huella en Uruguay

La película y el disco sobre el festival de Woodstock influyó a toda una generación de músicos uruguayos

Woodstock. Foto: Archivo.
Woodstock. Foto: Archivo.

Hoy se cumplen 50 años de la segunda jornada del festival de Woodstock, el evento de tres días que se ganó un lugar en la historia como el máximo encuentro entre el rock y la cultura hippie. Entre el 15 y el 18 de agosto, una granja en el interior de Nueva York recibió a un público de 400.000 personas que se embarcaron en una peregrinación musical para poder escuchar en vivo a algunos de los músicos más importantes del rock de ese momento: Creedence Clearwater Revival, Crosby, Stills and Nash, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Santana, The Band y The Who.

El mito de Woodstock se terminó de construir con una película que retrataba el ambiente de comunión que se generó durante esos días y con un disco triple que presentaba algunas de las actuaciones más memorables del festival. Además de amplificar la leyenda de músicos como Jimi Hendrix -que moriría al año siguiente- y The Who, las grabaciones del festival le dieron fama mundial a músicos como Santana y Joe Cocker, que en ese momento estaban dando sus primeros pasos en la industria discográfica.

Las grabaciones del festival se editaron en 1970 y recorrieron el mundo en una ola expansiva musical. Uruguay no fue ajeno al fenómeno y el 2 de octubre se estrenó la película en el cine 18 de Julio -ubicado donde hasta hace poco era Cinemateca 18-. “En la marquesina donde ahora está pintado Hitchcock y otros directores habían puesto la foto del vinilo original que mostraba a una gran parte de las 400.000 personas que fueron al festival”, recuerda el periodista y músico Eduardo Rivero. “Llamó muchísimo la atención”.

“En ese momento era un mundo sin internet, donde la imagen de los músicos que veíamos era prácticamente por las tapas de discos”, dice Rivero. “Además de las actuaciones acá se veía por primera vez una película con gente bañándose desnuda en una laguna, cantando abajo de la lluvia y con un notorio consumo de drogas. Fue shockeante”, agrega.

En el libro De las cuevas al Solís, Fernando Peláez detalla cómo bandas de la época como Cold Coffee, Opus Alfa -que luego se transformaría en Días de Blues-, Psiglo y Génesis se maravillaron por las imágenes y las bandas que participaron del festival y fueron moldeando sus propuestas en torno a lo que se presentaba en la película. Rivero cuenta a El País que tras haber visto a Crosby, Stills & Nash interpretando “Suite: Judy Blue Eyes” decidió formar el trío Epílogo de Sueños junto a Jorge Galemire y Gonzalo Larriera. “Nos pareció lo más maravilloso que nos pasó en la vida”, asegura.

Entre la serie de actuaciones que se pueden ver en la película, hay algunas que eran las más celebradas por los músicos uruguayos. Los más rockeros se impactaban con los solos frenéticos de Alvin Lee durante la interpretación de Ten Years After de “I’m Going Home”, la histórica interpretación de Hendrix del himno estadounidense y a The Who presentando “See Me, Feel Me”, de Tommy.

Si el interés estaba puesto en una música folk, las presentaciones de Crosby, Stills & Nash, Joan Baez y Richie Havens -con una mano derecha envidiable para cualquier guitarrista- se volvían referencia. Pero la actuación más recordada del festival es la de Carlos Santana, que había llegado a Woodstock sin ni siquiera haber editado un disco, quien interpretó una versión frenética de “Soul Sacrifice” y popularizó la mezcla de rock con ritmos latinos, y que le dio un impulso y la aprobación popular a la propuesta de la banda Totem.

Los ecos de Woodstock también llegaron a Los Killers, una banda montevideana que en 1971 versionó “Woodstock”, un himno del festival escrito por Joni Mitchell y popularizado por Crosby, Stills, Nash & Young. “Para cuando llegamos a Woodstock / Éramos medio millón, / Y en todas partes había una canción y una celebración”, dice la letra. La versión de Los Killers forma parte de una recopilación del programa Discodromo Show y convive con canciones de Julio Frade, Marga & Betty, y Los Delfines.

Además de la música, también hubo una influencia en la moda de la época. Rivero relata que luego de ver las imágenes de Joe Cocker interpretando “With A Little Help From My Friends”, se pusieron de moda las camisetas con explosiones de tinta que el músico inglés usaba en el escenario. Lo mismo sucedió con campera de cuero con flecos que usaba Roger Daltrey en la actuación de The Who.

Si bien jamás se logró recrear el espíritu Woodstock, las grabaciones documentan un momento en el que el rock era más que música y lograron expandirse por todo el mundo para dejar semillas.

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Música y cine como influencia para una generación

La influencia de la película sobre Woodstock en Uruguay permite reflexionar en las ocasiones en que las películas sobre música influyeron en la generación de los sesenta y principios de los setenta. Además de darle imagen a la música que llegaba de Estados Unidos e Inglaterra también daba la posibilidad de materializar la actitud, la moda, el público de la sociedad del momento.

A principios de los sesenta llegaron los filmes Semilla de maldad, Rock, Rock, Rock y Rock Around the Clock, que le dieron imagen al rock and roll de finales de los cincuenta. En crónicas de la época, varios comentaristas se quejaban del público que iba a bailar a las salas. En 1964 llegó otra revolución dos films: el corto Llegan los Beatles y A Hard Day’s Night, que permitieron ver la influencia de The Beatles en el mundo. Más adelante, llegó a la pantalla grande fue la película de Woodstock, que también marcó a una generación de músicos durante años.

“Se armó una especie de religión en torno a la película”, dice Eduardo Rivero. “Hasta 10 años después de su estreno la seguían pasando en el cine Liberty los sábados en horario de trasnoche y era una costumbre de cuanto rockero había en la vuelta de volver a verla años después”.

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