En vivo

A casi 10 años del final, Gabriel Méndez habla de esta vuelta de Bufón

La banda se reúne hoy para tocar, con entradas agotadas, en La Trastienda

Bufón
De izquierda a derecha: Diego Méndez, Gabriel Méndez (arriba), Marcos Dos Santos (centro), Totey Motor (arriba), Aníbal Pereda. Foto: Fernando Ponzetto

Entre todas las acepciones de la Real Academia Española —27 en total, que incluyen dar vueltas a algo, retribuir, devolver, mudar, mezclar y más—, la que más cerca está de este volver de Bufón es “poner o constituir nuevamente a alguien o algo en el estado que antes tenía”. Entonces sí, tiene razón Gabriel Méndez cuando insiste en que Bufón no vuelve: sin Osvaldo Garbuyo, el Ossie para la escena rockera y sus amigos, voz y cerebro de esta banda que arrancó hace 20 años y se terminó hace casi 10, Bufón no puede volver, por más esfuerzo que hagan sus compañeros.

Pero claro, eso ya lo saben. “Bufón no vuelve, no es que vuelve Bufón y se va a reformar. El Bufón original no puede volver. ¿Qué haremos de acá en adelante? No lo sé, porque tampoco lo hemos hablado. Logramos hacer esto”, dice Méndez. En charla con El País entre lo que parecen nervios, ansiedad y entusiasmo, ese resumen del presente es nítido.

Pero al mismo tiempo, Bufón vuelve. Más bien regresa: vuelve al lugar de donde partió, el escenario. Hoy con entradas agotadas, la banda toca en La Trastienda con Aníbal Pereda en bajo, Gabriel Méndez en guitarra, y su hermano Diego en batería, alternando con Totey Motor. Al frente, donde se paraba Garbuyo, estará el cantante de la banda tributo Nérpola, Marcos Dos Santos.

El motor de este regreso fue, de hecho, un reencuentro personal que se dio en un concierto de Nérpola, en Bluzz Live. Viendo a esa banda que era como una rockola haciendo las canciones a las que ellos les dieron vida, perdidos entre un público que demostraba pasión por esa música al mismo tiempo que desconocía a quienes la habían inmortalizado, Pereda y Méndez escucharon sus propias ganas: las de tocar otra vez aquel repertorio.

“Es superloco”, dice Méndez sobre la experiencia de ir a ver a una banda tributo, de la que fue la banda de tu vida. “Es lo mismo que te pasa cuando vas a cargar nafta y te atiende un tipo con un bufón en el brazo. Que es algo que a las bandas más masivas les pasará todo el tiempo, pero no hay que perder de vista que Bufón ni en su mejor momento tuvo el alcance de La Vela o Trotsky; nunca fuimos eso. Entonces para nosotros es mucho más llamativo”, insiste.

Así que motivados por ese entusiasmo, se juntaron a tocar, y Pereda propuso convocar a Dos Santos para que cantara. “Y fue una decisión que nos simplificó un montón de cosas. Porque si teníamos que preocuparnos por cantar también, iba a ser un viaje; yo ya pasé por eso e iba a ser un poco duro de más”, explica Méndez, y aclara que en ningún momento consideraron hacer “un desfile” de invitados. “Y si bien esto no es Bufón en el sentido pleno”, dice, “tampoco sentimos que tenemos que pedirle permiso a nadie. Porque somos nosotros”.

"Bufón era una banda completamente caótica, y para mí era genial en su honestidad"

Gabriel MéndezGuitarrista

—El último toque de Bufón después de la muerte de Ossie fue en La Trastienda, ¿no?

—Sí, hicimos eso, que fue una experiencia absolutamente tremenda, y después nada.

—¿Tremenda para bien, mal, por las dos cosas?

—Las dos cosas. Y estuvo lleno de invitados, un formato que no teníamos ningún tipo de interés en reproducir.

—¿Ese toque por qué lo hicieron, por necesidad propia?

—Sí, fue por nosotros. Porque cuando pasó lo que pasó, los que estábamos en ese momento sentimos una necesidad de sacarnos todo el karma de encima. Tocamos, nos fuimos, nos agarramos un pedo mitológico, y yo no toqué la guitarra en cinco meses. Fue sacarse la mierda de encima y poder cerrar definitivamente.

—Y si hoy mirás lo que pasó con Bufón, desde adentro, ¿qué imagen tenés? No ha de ser la misma que la del entorno o la gente que los seguía.

—Y yo que sé. Para todos nosotros fue una parte muy importante, 11 años de los cuales ocho fueron muy intensos. Es parte de nuestras vidas, y se notó al segundo que nos juntamos a tocar. Es la base de lo que hicimos musicalmente, y en lo personal me influyó de todos los lados posibles e imaginables. Es una presencia que está ahí, y va a estar ahí siempre.

—Si trataras de mirarla desde un lugar más objetivo, ¿qué eslabón fue en la cadena del rock nacional?

—Para mí era una banda absolutamente irreproducible, primero porque el Ossie era un tipo irreproducible. A nivel de lírica rockera, nadie escribía como él. Era una banda completamente caótica, y para mí era genial en su honestidad. Cada uno hacía lo que se le cantaba, y así terminamos: haciendo metal o boleros. Lo que estuvo pasando todo este tiempo a mí me emociona mucho. Ver que las cosas que hicimos juntos perduraron más allá de nosotros, es superemocionante, más que la reacción de la gente que veías cuando estabas tocando. Que tantos años después veas pendejos que llegaron a esa música, aún cuando Nérpola suena horrible, es supergratificante.

Registro

Los discos que quedaron

Bufón arrancó en 1998 y en 11 años, que fueron hasta la muerte del cantante Osvaldo “Ossie” Garbuyo, editó tres discos: el fundamental Nérpola, que le dio al grupo visibilidad y proyección, Amor liviano y Buenísimo. Si bien los tres están en YouTube, sólo el segundo está en Spotify. Los otros dos están dentro del proceso de reediciones digitales que está haciendo Bizarro, que tiene el catálogo de Koala, sello que en su momento editó a Bufón.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)