MANOLO & LOS VESPASS

Tras 20 años de escenario con La Vela Puerca, Manolo Ferreiro lanza su primer disco

Manuel Ferreiro, Manolo, histórico stage de La Vela Puerca y parte de Wild Gurí, habla sobre su primer disco propio y su vínculo con Sebastián Teysera

Manolo y Los Vespass. Foto: Martín De Rossa
Manolo y Los Vespass. Foto: Martín De Rossa

Manuel Ferreiro dice que los mejores shows de su vida los dio en el cuartito de arriba de una casa vieja en Rivera y Simón Bolivar. Ahí, de adolescente, hacía reggae y algo medio rolinga e incluso una mala versión del tango “Adiós muchachos”, él en batería, Sebastián Teysera en guitarra o teclados y Guillermo Perazzo en bajo. Se ríe cuando recuerda el día en que Cuico les dijo que se iba a tocar con una banda “en serio”, Trotsky Vengarán. Las vueltas de la vida.

Años después, muchos, Manuel Ferreiro, conocido como Manolo, lanzó un primer disco propio que fue hecho con ese mismo espíritu: con amigos, en pocas sesiones, sin presión y con ganas de pasarla bien. Manolo y Los Vespass vio la luz hace algunos días y es media hora de un rock and roll que bebe tanto de lo clásico como del sonido de La Vela Puerca que inevitablemente lo ha moldeado durante décadas.

Porque entre medio de aquel cuartito y este estreno, Manolo se hizo popular como el carismático stage de La Vela, ese descarado que se sube al escenario para cantar algún tema (“Madre Resistencia, por ejemplo), ese eterno suplente que ha jugado en las canchas grandes.

La génesis de Manolo y los Vespass está antes de Wild Gurí, esa suerte de supergrupo que incluye a Teysera, Garo Arakelian, Ernesto Tabárez, Pedro Dalton y más, y que el año pasado lanzó un disco inspirado en un personaje singular. Detrás de Wild Gurí y del impulso a aquellos divagues que Manolo guardaba en una computadora está Esteban Demelas, ingeniero de sonido y productor, sonidista de La Vela.

“A partir de Wild Gurí, Esteban ya estaba con la cabeza de: ‘ahora vamos a grabar el disco de Manolo’, y de verdad que me costaba ver que había algo artístico en todo eso”, dice Manolo en charla con El País. “Lo veía como que querían ayudar a Manolo, el amigo, nada más”.

Después se dio cuenta que se le daban bien las melodías, que las canciones estaban y que temas como “Ready to Go” (con un aire a “Candy” de Iggy Pop) o “Sunday” ya no le parecían suyas, sino que son “como un cover que me gusta. Es lo más loco”. Hasta ahora, toda la experiencia ha sido “muy gratificante”, dice, y resalta el aporte de Teysera y el guitarrista Sebo Delgado, o sea los otros Vespass (además de Demelas).

“El disco salió jugando, se tornó serio pero no dejamos de jugar, de divertirnos. Yo tengo una relación que nunca maduró porque con el Enano, cuando éramos niños, también hacíamos música. La confianza que él agarró por un lado, yo la agarré por otro; no hice discos, pero la música me afecta mucho y aprendés. Porque si estás todo el día viviendo música, por algún lado tiene que salir”, reflexiona.

-Eso de que tu vínculo no maduró, en el sentido de que no forjaste una carrera de músico, ¿a qué responde?

-(Piensa) Yo tengo un tema con los oficios, considero que el oficio se hace como al viento. En mi caso, estuvieron las crisis. Crisis universitaria: no quería estudiar nada, no me gustaba nada. Crisis monetaria: me puse a repartir chivitos, después me fui a Maldonado que mi cuñado puso una librería, y tocaba percusiones con algún amigo. Después dejé de tocar casi, y en 2001 ponele me vuelvo a encontrar con el Enano y ahí es que me invita a laburar (con La Vela). Me sentía tipo esos suplentes permanentes del fútbol: “yo podría meter un gol”, me fisuraba un poco eso.

-¿Qué es lo que más aprendiste de trabajar con La Vela que podés aplicar ahora?

-Es como que bajás un poco el nivel de análisis de lo que puede llegar a ser una canción. Con amigos que no son amigos de La Vela, te ponés a hablar de música y te dicen: “¿Y ‘El viejo divino’ salió así de repente?” ¡No, era una cosa espantosa, con una guitarra que hacía literalmente ‘lalalala’! Cosa que yo hasta hoy no puedo hacer, porque no tengo esa capacidad de ver, en una piedra bruta, a qué se puede llegar. Fue lo que más aprendí, lo importante de una buena melodía, con buen gusto. Porque los adornos siempre van a quedar bien.

-En esa relación rara con los oficios, terminaste siendo el stage más conocido de la música uruguaya, porque a pocos técnicos el público los identifica así.

-Famoso tenía que ser (se ríe). Yo no hablo de destino, pero creo sí que aunque yo no hubiese querido llegar hasta esto, igual me iba a pasar.

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