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Los 75 años de Bob Dylan

Un repaso por la obra de un artista fundamental de la música popular.

A lo largo de las cinco décadas que abarca su producción artística, Dylan ha conseguido no solo representar parte de la tradición musical de su país. También la innovó, y dejó su sello personal de manera indeleble en esa tradición. 

Arrancó en la década de 1960 cuando editó, en 1962, su primer y autotitulado álbum, que tenía un repertorio que prometía un estilo y una identidad artística que por un lado estaba firmemente anclado en las músicas de su tierra: casi todas las canciones eran versiones de clásicos del folk de Estados Unidos. Por otro lado, ya había ahí un acercamiento sumamente personal a esos clásicos. Una de las dos canciones de su autoría en ese disco es "Song to Woody", una composición dedicada a uno de sus referentes, el trovador Woody Guthrie: 

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Lo que vendría después de ese primer destello de talento y promesa superaría cualquier predicción, porque ya el segundo álbum, The Freewheelin' Bob Dylan, editado en 1963, arrancaba con una canción que adquirió estatura de clásica en muy poco tiempo:

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A lo largo de esa década, la de 1960, Dylan llevaría su voz y sus letras —profundas, inspiradas, removedoras— no solo al éxito comercial, sino también a un lugar desde el cual ejercería una profunda influencia sobre sus pares y sobre su tiempo. Esa influencia se extendió y se escuchó en la música de artistas como Bruce Springsteen, Tom Waits, Tom Petty, León Gieco, Wilco, Eduardo Darnauchans, Adele, Jackson Browne, José González, The Tallest Man On Earth, Cat Power y muchos, muchos más.

"Bob liberó nuestras mentes en el mismo modo en que Elvis liberó nuestro cuerpo", dijo una vez Springsteen y muy probablemente estuviese pensando en buena parte de la producción de Dylan durante la fecunda década de 1960, en la que sacó una hilera de álbumes que están entre lo más importante no solo de esa época, sino también de la música popular del siglo XX. Luego de esos dos primeros discos, Dylan sacó The Times They Are a-Changin' (1964). Another Side of Bob Dylan (1964), Bringing It All Back Home (1965), Highway 61 Revisited (1965),
Blonde on Blonde (1966), John Wesley Harding (1967) y cerró con Nashville Skyline (1969).

Sus canciones no solo sonaban engañosamente sencillas. Las letras, además, expresaban y reflejaban el espíritu de ese tiempo con un grado de belleza, sofisticación y provocación inigualable. 

Elegir canciones para destacar de ese período es imposible, porque hay demasiadas, pero "Like A Rolling Stone" es ineludible. La canción rompió muchos moldes, entre ellos el que había impuesto la radio en aquel momento en cuanto a la duración. Con más de seis minutos, el tema duraba el doble que los aproximadamente tres minutos habituales que la radio había determinado era lo ideal para poder promocionar canciones.

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La década siguiente no fue tan pródiga. La era que le siguió al fin de la utopía hippie (que él mismo contribuyó a enterrar con una actitud hostil y desafiante hacia quienes lo habían entronizado) no arrojó una seguidilla de títulos como los de la década anterior.

Pero fue en los 70 que Dylan logró uno de sus más importantes álbumes, el desgarrador pero también bello Blood On The Tracks, un disco envuelto en leyendas y con un repertorio que probablemente sea el mejor que haya logrado en un solo trabajo. Además de que Dylan —impulsado por la amargura y la tristeza del divorcio— logró varias de sus mejores trabajos autorales, Blood On The Tracks también es uno de los discos en los cuales el músico alcanza picos como intérprete.

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Tres años después de ese disco, en 1978, él y otros grandes de los 60 aparecían en El último vals, la película concierto dirigida por Martin Scorsese (quien volvería a trabajar con Dylan en el documental No Direction Home)

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En los 80, en tanto, empezó un declive que lo afectó hasta bien entrados los 90. Con todo, Dylan siguió siendo relevante gracias a discos como Infidels (tal vez el único álbum realmente bueno que hizo en la década de 1980) y gracias a que siguió siendo, en el escenario, un artista tan inspirado y fértil como lo había sido en el estudio durante los 60 y 70.

Ahora, a los 75 años, sigue siendo un trotamundos que con una voz llena de pedregullo continúa demostrando que nació para el oficio de trovador y narrador de historias atemporales y consustanciadas con la condición humana, en todas sus glorias y bajezas.

Foto: Difusión. 
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