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A 50 años de que se abrieran las puertas de la percepción

Se cumplieron 50 años de la aparición del primer disco de The Doors, titulado como la banda.

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Foto: Commons

No podía ser en otro lugar que en Los Angeles, la ciudad que The Doors representó como pocos en el rock. Ahí fue que se declaró la fecha de ayer como el “Día de The Doors”, una medida oficial justo el día en el cual se cumplieron 50 años de la salida del primer disco de The Doors.
Ahí fueron, a recibir los honores, los Doors sobrevivientes: John Densmore y Robby Krieger, junto a familiares de Jim Morrison y Ray Manzarek.

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Fue en Venice, un lugar ligado a los inicios del grupo. John Densmore y Robby Krieger, que se mostraron orgullosos de ser “nativos de Los Ángeles”, recordaron algunas anécdotas de Venice relacionadas con The Doors, como el apartamento que tenía Ray Manzarek que costaba 75 dólares al mes o el café que inspiró la canción “Soul Kitchen”.

También rememoraron la azotea, “sin televisión ni teléfono”, a la que se subía Jim Morrison y que dio pie a versos como los de “Moonlight Drive”, que recitaron: “Nademos hacia la luna, escalemos a través de la marea, entremos en la noche que la ciudad dormida esconde”.
Seguidores de todas las edades se congregaron para reverenciar la obra e influencia de The Doors, fundamental en la contracultura californiana de la década de 1960.

Aunque la obra discográfica relevante de la banda —o sea, aquella en la que participó Jim Morrison— abarcó solo cuatro años, su alcance convirtió tanto a ésta como a Morrison en íconos. En parte, porque a pesar de que la discografía con Morrison solo duró cinco años —de 1967 a 1971— el grupo dejó seis álbumes.

Hoy, cuando un grupo puede tomarse hasta cinco años (o más) entre un disco y otro, puede parecer inverosímil pensar que The Doors llegara a grabar seis LP en su período de máxima popularidad, cuando además de componer, ensayar y grabar también tenían que hacer giras. Y divertirse, claro.Pero era un signo de esos tiempos. Bob Dylan, por ejemplo, grabó siete álbumes entre 1962 y 1966.

El rock, entonces, estaba en pleno desarrollo luego de los primeros pasos dados por Chuck Berry, Little Richard, Jerry Lee Lewis y Elvis Presley. Y Morrison, junto a Jagger-Richards, Jimi Hendrix, The Byrds, Lennon-McCartney y otras figuras, fueron los impulsores y catalizadores de ese salto artístico y profesional.

Esos cinco años fueron los elegidos por el crítico y escritor estadounidense Greil Marcus, quien en 2011 publicó el libro Escuchando a The Doors, que en su versión en castellano perdió el subtítulo original: “Una vida escuchando cinco años feroces”.

Y todo arrancó el el 4 de enero de 1967 con el álbum The Doors, una asombrosa carta de presentación. Ahí se unía el rock, el jazz, el blues y ciertos detalles de psicodelia como sostén para las enigmáticas letras de Morrison.

Con canciones como “Break on Through (To the Other Side)”, “Light My Fire” o “The End”, The Doors salieron de Los Angeles para tomar al mundo del rock —pero también la cultura en general— por asalto.

Entre desórdenes públicos y escándalos de diverso tipo, quedó para la historia la controvertida aparición de en el show televisivo de Ed Sullivan en 1967, en el que Morrison rechazó cambiar y cantó en directo un verso de “Light My Fire”, un hecho retratado con gran efecto dramático por Oliver Stone en la película The Doors (1991).

Más allá de las virtudes de las canciones, The Doors se hizo una de las bandas más importantes de la historia del rock gracias al carisma que emanaba de Morrison. Él fue un frontman cuyo estilo influyó sobre muchos (por ejemplo, Michael Hutchence, de INXS) y su manera de ocupar el escenario y posar para las fotos le daba a la banda un aire de incertidumbre y riesgo, acorde al momento en el cual se encontraba el rock en ese momento, cuando aún no se sabía qué dirección tomaría la música de la contracultura estadounidense.

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