ENTREVISTA

Andrés Torrón: "Los ochenta fue una de las épocas más luminosas de la música uruguaya"

El músico y periodista publico una reedición revisada y extendida de "111 discos uruguayos", un libro fundamental para entender la historia discográfica local; sobre el lanzamiento, habló con El País

Andrés Torrón. Foto: Francisco Flores.
Andrés Torrón. Foto: Francisco Flores.

En 2014, el músico y periodista Andrés Torrón publicó 111 discos uruguayos (Editorial Aguaclara), un libro esencial para entender la historia discográfica de la música uruguaya. Al poco tiempo de haberse publicado, el libro se agotó, hasta que en febrero, el trabajo de Torrón volvió a las librerías uruguayas en una edición revisada y extendida que suma 11 discos.

111+11 Discos Uruguayos conserva la misma presentación del original (una portada que emula un vinilo), incluye las tapas originales de cada uno de los discos seleccionados, interesantes textos en español e inglés y la posibilidad de escuchar dos canciones online de cada disco mediante un código QR. Pero además incluye información de las reediciones que se han hecho y los discos disponibles hasta la fecha en las plataformas de streaming.

Para la versión revisada y extendida, Torrón incluyó un disco más en cada una de las décadas tratadas (de los cincuenta hasta finales de los dosmil) y cinco álbumes de los primeros cinco años de la década del 2010. Para celebrar el lanzamiento de este libro —ideal para los amantes de la música uruguaya que quieran bucear en nuestra rica historia discográfica—, Torrón habló con El País. 

—¿En qué momento surgió la idea de reeditar 111 discos uruguayos en una versión revisada y extendida?

—El libro se agotó bastante rápido, pero costó mucho volver a sacarlo. Cada año con la editorial hablábamos de sacar una reedición y en 2018 vimos la idea de publicarlo con más discos. En las entrevistas siempre me preguntaban si me arrepentía de haber puesto algún disco o de haber dejado otros afuera, y yo siempre decía que me arrepentía de haber dejado discos afuera. Vi la oportunidad de resarcirme un poco y agregué un disco por década. También quise venir un poco más al presente, aunque tomándome cinco años de distancia del último disco.

—Además de los álbumes clásicos de Jaime Roos, Alfredo Zitarrosa y Ruben Rada, el libro incluye a otros trabajos no tan conocidos, como Cualquier uno, de Ernesto Díaz, o Las estrellas de Macondo. ¿Trataste de visibilizar varias corrientes de la música uruguaya?

—Sí, totalmente. Mi idea con el libro era no aleccionar, sino compartir cosas y darle herramientas al otro para que descubra cosas. A veces son descubrimientos compartidos. Las estrellas de Macondo fue un descubrimiento mío luego de la primera edición de 111 discos uruguayos. Mucha gente me ha echado en cara haber dejado a la música tropical afuera, porque es una de las corrientes más importantes de la música uruguaya a nivel popular. Pero una de las cosas que había visto era que había canciones fundamentales pero ningún álbum para incluir en el libro. Luego descubrí Las estrellas de Macondo por una recopilación de Nandy Cabrera. Ahí se reúnen a algunos de las figuras más importantes del género.

—Los ochenta es la década que está más representada en el libro. Comienza con el movimiento del canto popular que luego es reemplazado por el rock posdictadura. ¿Sentís que fue una de las décadas más importantes de la música uruguaya?

—Totalmente. Los ochenta fue una de las épocas más luminosas de la música uruguaya. Fue un momento de ebullición donde pasan muchas cosas: el inicio de una nueva corriente de música en Uruguay y el comienzo del fin de la dictadura, que permite la llegada de más propuestas. Se juntan los músicos, y los que estaban afuera volvieron para hacer cosas nuevas. Empieza una nueva generación a hacer rock, que está influenciada por adolescentes que estaban volviendo del exilio con mucha información. También están los discos de Jaime Roos, Jorge Galemire, Mariana Ingold y Fernando Cabrera, que empiezan a mezclar el movimiento del pop con las raíces uruguayas. El new wave se mezcla con el candombe.

Un ejemplo es el disco Varios nombres, de Hugo Fattoruso...

—Sí, claro. Se empiezan a mezclar sintetizadores, cajas de ritmos y baterías digitales con candombe y murga...

Ahí es donde 7 y 3, de Jaime Roos, juega un papel fundamental. "El tambor" es el ejemplo perfecto.

—¡Claro! Hasta en el nombre de las mezclas de cosas: siete de vino y tres de coca. Eso pasó en los ochenta y quedó un poco diluido, aunque siguió en la música uruguaya: hay cosas que a primera vista uno no ve como evidentes. Bueno, el Peyote asesino es hijo de esa movida: está la influencia de Cabrera y la de Jaime que está ahí; esas cosas se mezclan cosas en ese presente.

—Estamos hablando de los ochenta y recién nombraste la unión entre músicos. En discos como Mediocampo, de Jaime, participaron músicos como Eduardo Mateo, Jorge Galemire, Estela Magnone, Mariana Ingold, Laura Canoura y Hugo Fattoruso. Al mirar la lista discos de esa década que forman parte de 111 discos uruguayos se puede ver que ese intercambio se repite en numerosos álbumes. Segundos afuera, de Galemire, y  Esa tristeza, de Laura Canoura, son dos grandes ejemplos. ¿Sentís que ese momento de unión entre músicos es algo que no se repitió?

—Sí, era un momento de comunidad enorme que se perdió, y que tal vez ahora esté un poco de vuelta en la música uruguaya. Ahora veo que hay un poco de eso. Pero si te fijás en los ochenta, los músicos se repiten todo el tiempo: Andrés Recagno y Gustavo Etchenique están en varios discos. Jaime produjo a Travesía, Las Tres, Laura Canoura, y alCanario Luna. Fernando Cabrera y Eduardo Darnauchans colaboraron en pila de cosas. Mariana Ingold cantó en casi todos los discos de Jorge Lazaroff, Jaime, Mateo y Leo Maslíah. Pero, además, en esa época Mateo empieza a ser reivindicado por ese público. Hay que tener en cuenta que en la época del canto popular, Mateo fue dejado de lado por esa generación. 

—La nueva edición de 111 discos uruguayos incluye un nuevo disco por cada década y suma otros cinco de la década del 2010. Yendo hacia las primeras páginas en la década del cincuenta agregaste El lazo, de Amalia de la Vega, y en los sesenta incluiste a Poemas y canciones orientales, de Osiris Rodríguez Castillos. ¿Qué te interesó de ambos trabajos?

—Esos son los dos de los discos de los que más me arrepentí de no haberlos incluido; el lector del libro se va a dar cuenta de que yo ya los nombraba cuando hablaba de otros artistas fundamentales, como Zitarrosa y Viglietti. Amalia de la Vega fue una pionera de la música uruguaya porque empezó a usar ritmos y géneros uruguayos, muy basada en las investigaciones de Lauro Ayestarán. En El lazo hay muchas cosas que parten de recopilaciones de él. Es, además, una cantante increíble que tiene un estilo que está entre la vieja y la nueva escuela. Es fundamental el uso de las guitarras en formato de cuarteto, trío y dúo. Zitarrosa luego lo toma como influencia. Y Osiris también es una figura fundamental. A diferencia de otros artistas que empezaron haciendo folclore con mucha influencia argentina, él empezó basándose en ritmos uruguayos. Poemas y canciones orientales es una mezcla de canciones y texto con acompañamiento de guitarra.

Al principio de la entrevista hablamos de Las estrellas de Macondo, que el disco de los setenta que agregaste en esta reedición. Pasando a los ochenta, nos vamos a Todo a Momo, de Washington "Canario" Luna, el primer disco solista de un cantante carnaval, que incluye "Brindis por Pierrot" y "Que el letrista no se olvide".

—"Brindis por Pierrot", que se editó en 1985, fue un parteaguas. No sé si decir que Jaime es el inventor de la murga canción, pero prácticamente sí. Ya con canciones anteriores como "Retirada" y "Los Olímpicos" se podía ver. "Brindis por Pierrot" y este disco de El Canario Luna terminaron de presentar una sensibilidad uruguaya que teníamos, pero que a la vez no sabíamos que teníamos,. Jaime la descubrió y la hizo consciente porque, hasta ese momento, la murga era algo popular, pero para la gente allegada al carnaval. No era algo que funcionara fuera del circuito. El Canario Luna era una figura conocida con 50 años, que dentro del carnaval era una leyenda, pero que fuera no lo conocía nadie. Era una voz única en el sentido de que era la voz de la calle, y ahí el mérito es de Jaime, que pensó en él como cantante solista. Cuando se hizo este disco, el sello no estaba muy convencido de dedicar todo un disco a un cantante solista carnavalero...

Y terminó siendo uno de los discos más vendidos de la música uruguaya...

—Sí, desde que se empezaron a contar, es el disco uruguayo más vendido de la historia. De Zitarrosa no hay cifras oficiales, pero sus discos fueron muy exitosos.

Lo interesante de Todo a Momo es que, además de "Brindis por Pierrot" y "Que el letrista no se olvide", el álbum presenta por primera vez a un murguista interpretando una repertorio que va más allá de la actuación completa de una murga en determinado año o de una selección de presentaciones y retiradas. Las interpretaciones de "No la quiero más" y "Reír Llorando" son excelentes. 

—Es que se lleva la murga al ambiente de la música pop. Para mí es como los American Recordings de Johhny Cash: es un cantante icónico de un género llevado al mainstream. 

—Pasamos a los noventa y el cambio de sonido es importante. Para esa década agregaste Psychosound, de Chicos Eléctricos. ¿En qué sentido ese álbum define el sonido de la época?

—Ese fue otro de los que había preseleccionado y quedó afuera. Volviendo a armar esto, me pareció interesante ponerlo porque era una parte de los noventa que no estaba reflejada en el libro: el surgimiento de la moda rockera que aparece en contraposición a los ochenta. Lo digo porque es un rock mucho más basado en lo que está pasando en el momento y casi no tiene influencias uruguayas. En Psychosound, la mayor parte de las canciones son en español, pero hay algunas en inglés. Antes, cantar en inglés era muy mal visto antes. Era una especie de reacción y me parece que es representa una especie de liberación que se vivió en los noventa. Ya no había necesidad de protestar y no se vivía esa cosa de sofocación. Hay mucho de liberación en los Chicos Eléctricos y musicalmente me parece interesante. Tiene muy buenas canciones.

En la década de los dosmil agregaste a Omar, el disco del dúo de Pablo Bonilla y Nacho Benedetti donde el house se combina con la música popular uruguaya. La unión entre una canción como "Para abrir la noche", de Rumbo, y el house puede parecer algo casi irónico. Sin embargo, el resultado es muy bueno. ¿Lo ves de esa manera?

—Sí, es como si fuera irónico escuchar estas versiones de Rumbo y de Laura Canoura. Hay humor en Omar, ya desde el nombre, que es homenaje a Omar Gutiérrez. Es muy interesante esa relectura, un poco humorística de los candombailes de los ochenta, que presentan ese intento de mezclar house con música uruguaya. Son cosas que los integrantes de Omar habían escuchado de chicos y presentan una lectura muy fresca y muy bien hecha. No es meter cosas por gusto, como chiste. El disco funciona porque es un mixset, está todo enganchado. Quedó poco olvidado porque el dúo tuvo una vida corta como dúo. Pero quería considerado para esta reedición.

Ese disco está producido por Juan Campodónico, un nombre que se empieza a ver cada vez más seguido en las últimas páginas del libro. Toca con Bajofondo y Peyote Asesino; produjo Raro, de El Cuarteto de Nos, y Eco, de Jorge Drexler; y estaba al frente de Campo, que también está incluido en 111 discos uruguayos. ¿Sentís que él ayudó a delinear el sonido de la música uruguaya de los últimos años?

—Sí, desde finales de los noventa es una figura ineludible en la música uruguaya. También produjo los discos Solo de noche (2000), de No Te Va Gustar; Bajofondo presenta Supervielle (2005) y Bajofondo presenta Santullo (2009).

—¿Qué esperás que el lector se encuentre al momento de leer el libro?

—Aunque no soy musicólogo y el libro no intenta ser un tratado histórico, sí cuenta con una historia de la música uruguaya por décadas. El libro se puede leer en desorden, pero si lo leés en orden vas a ver que cuenta una historia. Espero que el lector pueda redescubrir o descubrir discos y compartir este amor por la música uruguaya.

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