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Andrés Calamaro en el Antel Arena: una fiesta con mate y marihuana incluidos

A un año del lanzamiento de "Cargar la suerte", Andrés Calamaro llegó al Antel Arena para presentar sus nuevas canciones y demostrarle su amor a Uruguay

Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour
Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour

Y un día, tras el show que ofreció en el Auditorio del Sodre en 2017, Andrés Calamaro volvió a Montevideo. Ayer, exactamente a un año del lanzamiento de Cargar la suerte, su último disco, el argentino llegó por primera vez al Antel Arena para reafirmar su amor por Uruguay. "Soy amargo de gurí, puedo cebar con Armiño. Vengo mucho desde niño, nunca cebo Taraguí. No quiero salir de aquí y la camorra uruguaya. No permite que me vaya, sin saludar a los bravos. Barrio de sangre y esclavos, Montevideo y la playa", fueron las décimas que Calamaro cantó desde el piano Rhodes ubicado en el centro del escenario, en una pausa entre canciones.

Su show del Antel Arena fue una carta de amor a Uruguay, un país que celebró en varias ocasiones de la noche. "Queridísimo Uruguay, te tengo que confesar / Hay veces que no te escribo porque no me conestás", cantó el músico durante un fragmento de "Clonazepán y circo", la tercera canción de la noche. Durante ese fragmento de "Mind Projects", de Opa, Ruben Rada lo miraba desde las primeras filas del campo ("Cantar mirando a Rubén Rada es difícil y comprometido", escribiría luego en su página de Facebook). Tras ese guiño, la canción de Honestidad brutal fue mutando hacia "I've Got a Feeling", de The Beatles.

"Recuerdo los viejos tiempos, a Zitarrosa y Rubén. Hugo y Osvaldo también, la sombra de los reflejos. Uruguay no queda lejos y no se puede comprar. Otra es venir a tocar con humildad infinita. Tengo un corazón que grita, aquí me pongo a cantar", cantó en otro momento del show cuando él y su teclado fueron el foco en el escenario.

Acompañado de bajo, teclado, batería y guitarra, Calamaro se dio un espacio para salirse del libreto e improvisar, siempre respaldado por su banda (especialmente del gran pianista Germán Wiedemer). Así, fue moldeando la melodía de sus canciones según requería la emoción del momento, como sucedió en "Los Aviones", "Flaca" y "All U Need Is Pop".

Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour
Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour

Pero lo más importante es que el repertorio y dejó unas cuantas sorpresas. Pasadas las 21.15, y luego de que "So What", el clásico de Miles Davis, sonara por los parlantes del recinto, el argentino caminó hacia el escenario vestido de pantalón y saco negro, y usando una vincha negra con una calavera y un toro estampado.

El músico se sentó frente al teclado y comenzó a tocar "Nuestro Vietnam", esa microcanción de Nadie sale vivo de aquí (1986) que está cargada de signficiados. "Nuestro Vietnam / hecho de saliva y sangre / es verdad / y tal vez no te voy a perdonar / Nuestro Vietnam". Luego de ese minuto de intimidad, el guitarrista Julián Kanevsky dio paso al riff de "Alta suciedad" (trasladado hacia un terreno más blusero) y una gran parte del público del campo se levantó del asiento para corear la letra y filmar con sus celulares.

Tras cantar "Verdades afiladas", la citada "Clonazepán y circo" y "A los ojos", el músico se tomó un segundo para ir al costado del escenario en búsqueda el termo y mate ("Los mates con agua uruguaya son más ricos", había dicho el día anterior al show). Con el termo bajo el brazo y luego de ofrecer los clásicos movimientos de torero que lo caracterizan, la banda se lanzó sobre "Tránsito lento", uno de los temas más interesantes de su último disco, que, a falta de los arreglos de vientos soul, tuvo al órgano de Wiedemer como protagonista.

Para seguir con el tributo a Uruguay, Calamaro logró uno de los mejores momentos del show con una excelente versión de "Biromes y servilletas". Como si se tratara de un regreso al proyecto Licencia para cantar, el piano de Wiedemer marcó el rumbo de la canción para que Calamaro pueda ofecer una versión libre del clásico de Leo Maslíah. De fondo, en la pantalla gigante se mostraban varias imágenes de Montevideo: la rambla, 18 de julio, el Mercado del Puerto, los alfajores Portezuelo y hasta el ómnibus 109 destino Plaza Independencia parando en la Plaza Cagancha.

Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour
Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour

La primera parte del show ("El primer toro", como definió Calamaro) estuvo centrado en canciones de Cargar la suerte: "Falso LV" (con una explicación previa sobre "el valor de la marca" y las imitaciones), "Diego Armando Canciones" (con cambio de letra incluido y que terminó con la imagen de Diego Maradona en la pantalla gigante) y la íntima "My Mafia" (dedicada a tres "barrios marginales" montevideanos: Cerro, Maroñas y Danubio). 

En algunos espacios entre canciones, Calamaro se tomó unos momentos para hacer chistes con el público. Sin embargo, no todos fueron comprendidos: hubo uno sobre el piano Rhodes y el TR-808, y otro sobre los yihadistas y el teatro Bataclán antes de empezar tocar "Crímenes perfectos". Minutos antes, el músico había presentado a la banda y le tiró el micrófono al baterista Martín Bruhn para que contara alguna anécdota, aunque la charla improvisada diluyó un poco el ambiente creado con las canciones. "Cantá los clásicos", gritaba a todo volumen una mujer desde el anillo superior. Cuando llegó el "segundo toro", el deseo le fue otorgado.

"Nos vamos a poner de pie, si me ayudan. Vamos a cantar las canciones preferidas. ATR, a todo ritmo. Arriba las manos", dijo Calamaro mientras el baterista marcaba el ritmo de cumbia de "Tuyo siempre". Desde ese momento, el público se puso de pie para corear los clásicos del argentino.
Antes de cantar "Loco", el músico se tomó un tiempo para hacer un pedido que sorprendió al público. "Vamos a hacer un parate para hacer degustación de marihuana legal", dijo. "Voy a pedir, por favor, a la seguridad que por 25 segundos dejen que tiren la marihuana al escenario, nosotros la probamos y hacemos una crítica".

Mientras hablaba, al escenario se acercaba un hombre con un porro armado. "Ahí viene el primero", dijo cuando le dieron el cigarro armado. También le llegó un paquete de yerba Armiño. En un show de 1994 el músico dijo "Me siento tan bien que me fumaría un porrito" y lo denunciaron por incitar al desorden público. Ahora, en un recital de 2019, le llevaron marihuana al escenario y no tuvo el mínimo problema.

Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour
Andrés Calamaro en el Antel Arena. Foto: Marcelo Bonjour

Tras esa canción, el ambiente del show pasó a ser una celebración total. A cargo de los éxitos inoxidables "Cuando no estás", "Los aviones", "El salmón", "Estadio Azteca" y "Los chicos", Calamaro se enfrentó a ese segundo toro con todo para triunfar. Este último, que abría el disco La lengua popular, llevó al recital a la cúspide. Mientras en las pantallas aparecía el Santo Pugliese, el Guachito Gil y la Vírgen María. Este clásico de 2006 dedicado "a los amigos que se fueron primero" tomó más emotividad cuando en la pantalla gigante aparecieron las imágenes de figuras como Federico Moura, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, Gustavo Cerati, Juan Gabriel y Beto Satragni (el mentor de Calamaro). Sobre el final, la banda enganchó con un fragmento de "Smells Like Teen Spirit" (de Nirvana), "Mind Projects" (de Opa) y "De música ligera" (de Soda Stereo). Fue memorable.

Luego de la ovación, Calamaro volvió con el mate bajo el brazo para seguir dejando éxitos. Empezó con una versión despojada de "Esa estrella era mi lujo", de Los Redondos, para darle paso a "Milonga del marinero y el capitán", "Sin documentos" y "Paloma". Para cerrar sonó "Flaca" y el público terminó de pie coreando a todo volumen la letra de uno de sus mayores clásicos.

Pasó el segundo toro y Andrés Calamaro, que fue el torero de la noche, salió victorioso en el Antel Arena. Mientras en la pantalla gigante se leía: "Gracias Uruguay", de fondo sonaba el pasodoble torero de Nerva. Apenas apareció la imagen de un toro en la pantalla gigante, el músico utilizó su saco para cargar la suerte de su público. "Olé", gritaron desde los anillos, mientras el argentino sonreía. Antes de retirarse, se tomó un mate y se prendió el porro que le dieron antes de tocar "Loco". Todo indica que salió victorioso en esta corrida.

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