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¿En qué anda Barry Gibb, el último sobreviviente de los Bee Gees?

Sus dos hermanos, Maurice y Robin, murieron en 2003 y 2012 y él, aunque semiretirado, vuelve ahora con un disco donde revisita su cancionero en formato country 

Bee Gees
Bee Gees en su apogeo de trajes plateados

Pocos pueden alardear de algo así: en 1978, Barry Gibb escribió siete número uno: “How Deep Is Your Love”, “Stayin ‘Alive”, “Night Fever” y “If I Can’t Have You”, todos de Fiebre de sábado por la noche; “Shadow Dancing” y “(Love Is) Thicker Than Water” para su hermano Andy y “Grease” de Frankie Valli. En el Hot 100 del 3 de marzo de 1978, tres canciones de los hermanos Gibb estaban en el Top 5.

Fue así por un largo tiempo y luego no fue así.

A principios de la década de 1970, los Bee Gees llegaron a Miami para intentar hacer discos en Estados Unidos. Funcionó bastante bien para ellos, y Barry se quedó allí donde ha sido vecino de Matt Damon y Pablo Escobar.

Tiene 74 años y su legendaria melena de león ahora es gris bajo un sombrero de cuero estilo australiano. Sus palabras atraviesan sus aún magníficos dientes con un acento rico que sus orígenes (nacido en la Isla de Man, criado en Manchester y en Australia) no llegan a explicar.

El último álbum de Gibb, Greenfields: The Gibb Brothers Songbook, Vol. 1, grabado en Nashville con el productor Dave Cobb, sale a la venta en enero; antes habrá un documental de HBO del director Frank Marshall, The Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart.

Al principio de la película, vemos a Gibb y sus hermanos Maurice y Robin tal cómo los recordamos: camisas de cuello abierto de plata reluciente, medallones que brillan intensamente contra sus pechos. Luego, un foco va hacia Barry, recortando al resto de la banda. Es como un presagio: desde 1979, Gibb ha perdido a tres hermanos: Andy, el más joven -que se hizo solista con Barry como mentor y luchó con la drogadicción-, murió en 1988, a los 30 años. Maurice murió en 2003 y Robin en 2012.

Esto deja a Barry Gibb como el administrador de un cancionero de estándares contemporáneos. Gracias al karaoke es difícil imaginar un mundo sin canciones de Bee Gees pero Gibb vio lo suficiente ara entender que nada es para siempre.

“La misión es mantener viva la música”, dijo. “Independientemente de nosotros y de mí. Algún día, como mis hermanos, ya no estaré y quiero que la música dure”.

El nuevo disco es un rescate de ese legado musical, con relecturas de sus clásicos en versión country.

Gibb dijo que siempre ha habido country en el sonido de los Bee Gees, aunque a sus hermanos no les gustara. Pero la idea de hacer un álbum country había estado en la lista de deseos durante décadas, hasta el año pasado, cuando los Bee Gees firmaron un nuevo contrato con Capitol Records. Hubo discusiones sobre revisar el catálogo y Gibb se dio cuenta de que había llegado su momento country.

Cobb, de 46 años, ha ganado premios Grammy por su trabajo en el género y resultó ser un gran admirador de Bee Gees. Así se juntaron a grabar con Keith Urban, Alison Krauss, Gillian Welch, David Rawlings y Dolly Parton.

Una larga historia

En Australia, siendo menores de edad, los hermanos tocaron en bares y eran “unos Crocodile Dundee absolutos”. El público australiano fue increíble, “pero toma mucho. Fuimos testigos de muchas peleas mientras cantábamos. Vi a dos tipos golpearse sin ponerse de pie".

Tuvieron un éxito, con “Spicks and Specks”. “Robin solía decir que era nuestro primer número uno, pero en realidad solo lo fue en Perth”. Volvieron a Inglaterra y firmaron con Robert Stigwood, entonces socio del manager de los Beatles, Brian Epstein, y se encontraron con el Londres de los 60 en pleno apogeo.

“Caímos en el flower power”, dijo Gibb. “La idea era averiguar como qué personaje te disfrazarías”. Un día en un ascensor se curzó con Eric Clapton. “Él estaba vestido de vaquero y yo de sacerdote”.

Barry tenía 20 entonces; sus hermanos aún no tenían 18. “Eramos niños”, dijo, “y muy ingenuos. Lo fuimos mucho tiempo”.

Pronto descubrieron alcohol, la marihuana y las pastillas, dijo Gibb. Sus primeros álbumes británicos como Bee Gees ‘1st de 1967, con su portada alucinante de Klaus Voormann, su orquestación excéntrica y títulos como “Every Christian Lion Hearted Man Will Show You”, los hacían parecer activos en el estilo de vida de los 60. No lo eran.

Tan empapados como están en las vibraciones del momento, los álbumes de Bee Gees de finales de los 60 también están llenos de una tristeza trémula que se siente única en los Gibbs. Suenan como niños príncipes tristes que dominan el paisaje pop desde la ventana de su torre.

Pero incluso entonces, sus albumes iban dirigidos a las listas de éxitos. Nunca tuvieron una fase experimental a lo Brian Wilson. Eran verdaderos inmigrantes, adaptables y laboriosos.

En 1969, los tres Bee Gees estaban casados y vivían vidas separadas. “Creo que dejamos de conocernos realmente después de que llegamos a Inglaterra”, dijo Gibb. Comenzaron a discutir de la forma en que solo podía hacerlo una banda de hermanos. Robin Gibb dejó la banda en 1969 y regresó 18 meses despúes a instancias de Stigwood. Muchos problemas, dijo Gibb, siguen sin resolverse. En lugar de hablar, escribieron “¿Cómo puedes reparar un corazón roto?”, Y se cantaron lo que no podían decirse.

Tras mudarse a Miami por sugerencia de su amigo Clapton, comenzaron a hacer algunos de los discos más grandes de la historia.

Canciones como “Jive Talkin” tenían un ritmo más pesado que cualquier cosa que hubieran hecho. Gibb pensó en su nueva dirección como un camino hacia el R&B. Pero su contribución a Fiebre de sábado por la noche los redefiniría. Cuando John Travolta se pavoneaba al ritmo de la suave línea de bajo de “Stayin’ Alive”, el angustiado falsete que Barry Gibb había descubierto recientemente, se volvió música disco.

“Nos absorbió eso”, dijo Gibb. “Simplemente estábamos haciendo albumes que amamos. De hecho, ni siquiera los llamamos ‘disco’. Nunca pensé que un album de Stylistics fuera disco y ‘Too Much Heaven’ no era de discoteca. “How Deep Is Your Love” tampoco. Pero te clasifican".

El álbum de la banda sonora de la película es su mayor éxito: 16 veces platino, aún es la segunda banda sonora más vendida de la historia, después de El guardaespaldas de Whitney Houston.

La discoteca, como fenómeno cultural, era negro, mestizo y gay; que los Bee Gees no fueran ninguna de estas cosas no les impidió quedar en el fuego cruzado los defensores del género y el movimiento “Disco apesta”. Se volvieron parias.

Pero Barry ha vivido lo suficiente para ver cambiar la conversación en torno a su música. Ahora hay docenas de videos en los que usuarios de YouTube, en su mayoría negros y bien jóvenes reaccionan al video de “Too mucho Heaven”.

El video es un documento de su época. Los Bee Gees están cantando en un estudio de grabación rodeados helechos, respaldados por una sección de cuerdas. Llevan camisas de seda con el cuello abierto. Los jeans de Barry son una broma lasciva. Al principio, los YouTubers se muestran escépticos. Luego, casi sin excepción, se quedan sin palabras cuando llegan las voces y Gibb y sus hermanos comienzan a construir una catedral sin nada más que el aliento en sus pulmones.

Barry Gibb no ha visto estos videos. Pero ha visto algunos clips de jóvenes haciendo versiones de canciones de Bee Gees como “How Deep Is Your Love”, y algunos de ellos no son tan malos. “Había un niño de no más de 11, 12 años. Sea quien sea, será uno de los grandes si no pierdela cabeza. Esa es la cuestión. ¿No? Esa es siempre la cuestión”.

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